Complejo artefacto este “Vida y obra de un titiritero”, híbrido extraño entre el cómic fantástico de época de dibujo ortodoxo y un álbum de Standstill. Tranquilidad, no me he vuelto majareta: su guionista es Enric Montefusco (Barcelona, 1977), frontman del combo barcelonés, responsable del proyecto y de que el cómic se “escuche” pese a estar dibujado. A ver cómo lo explico.
Montefusco se encuentra inmerso en la vorágine de la próxima publicación del nuevo disco de Standstill, tras nada menos que trece años de silencio en estudio, que se dice pronto. Tras su vuelta a los escenarios en 2024, el retorno grabado de la banda (que ha alcanzado, por derecho propio, el estatus de legendaria) llegará este próximo otoño, pero Montefusco ha visto en el cómic el medio ideal para ofrecer una especie de adelanto que funciona como compendio de sus obsesiones creativas. Para ello, se puso en contacto con un dibujante de dilatada experiencia en el campo del cómic histórico, Oriol Garcia Quera (Barcelona, 1967), autor de álbumes como “Barcelona, 1714” (Casals, 2002) o “Pompeu Fabra” (Rafael Dalmau Editor, 2017), muy vinculados a la exploración de la historia de Cataluña. No sabemos cuál sería la primera reacción de García Quera al recibir el mensaje de Montefusco (imaginamos que de estupor), pero el caso es que aceptó su ofrecimiento y juntos desarrollaron esta obra que nos ocupa. Y ahora sí, vamos al turrón.
“Vida y obra de un titiritero” es un cómic críptico que se desarrolla como una suerte de videoclip de larga duración. Por un lado, la tradicional lírica de rima consonante de Montefusco, dotada de una musicalidad intrínseca que consigue que el lector fan de Standstill lea sus textos, de manera inevitable, con su voz. Por otro, García Quera desarrolla la trama (onírica) de un grupo de artistas ambulantes en un mundo de corte medieval, una suerte de reflejo de la propia banda, que se encuentra con las letras (utilizo el término con toda la intención, claro) de Montefusco en momentos catárticos, algunos de gran belleza compositiva (gráfica y escrita). El resultado es un cómic poético y experiencial en el que García Quera se despoja de su exactitud habitual para ofrecer páginas metafóricas con un lápiz que domina la función, acompañado de colores primarios (amarillo, azul) y un verde exhuberante ligado a la paternidad.
Grandilocuente y, a la vez, íntimo, excesivo, desparejo –y puede que en algunos momentos fallido– para lo bueno y para lo malo, “Vida y obra de un titiritero” es otra pieza más en el ensamblaje de la carrera de Montefusco y de Standstill, y eso es mucho más de lo que puede decirse de otros cómics que han tenido presupuestos semejantes en su gestación. Diría algunos nombres, pero se me acaba el espacio, qué lástima. ∎