Película

EPiC: Elvis Presley In Concert

Baz Luhrmann

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Poco después del estreno de “Elvis” (2022), su director Baz Luhrmann anunció el hallazgo de setenta latas de celuloide con filmaciones inéditas de conciertos y ensayos: básicamente, material descartado de “Elvis: That’s The Way It Is” (Denis Sanders, 1970) y “Elvis On Tour” (Robert Abel y Pierre Adidge, 1972), las dos películas que documentaron el renacimiento del cantante tras su ensimismamiento hollywoodense. Absorto por el personaje, Luhrmann decidió restaurar el material con intención de concluir un documental que parecía ya anunciarse en el mismo final de su biopic, cuando durante la interpretación de “Unchained Melody” Austin Butler mutaba en el Elvis Presley real abriendo así simbólicamente el umbral a este “EPiC” (2026) que se estrena hoy en salas.

Pero no remontemos el tiempo en busca de referentes, porque si Luhrmann admite alguna deuda esa es, en lo visual, el apabullante muestrario con el que “Moonage Daydream” (Brett Morgen, 2022) exhibía el imaginario creativo de David Bowie, y en lo musical la reconversión en formato folletín de “Let It Be” (Michael Lindsay-Hogg, 1970): el nombre de Peter Jackson se desliza entre los créditos de este “EPiC” como responsable de una remasterización realizada con la tecnología que desarrolló para “Get Back” (2021). Implica esto que “EPiC” respira esa misma reinterpretación sonora que suele calificarse de actualización a estándares contemporáneos y que se resume en subrayado de graves, una opción que quizá incomode a los elvistólogos más rigurosos pero que es apuesta consciente en una película que solo se asume a sí misma como espectáculo de máximos.

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“EPiC” arranca con un prólogo que resume el recorrido de Elvis desde su Tupelo natal hasta aquel verano de 1969 que vio su regreso a los escenarios en el International Hotel de Las Vegas. Como manifiesto de intenciones, arrollador: 15 minutos apabullantes donde Luhrmann lleva al límite su bullicioso barroquismo haciendo por momentos imposible asumir tamaña sobredosis de estímulos visuales y resultando en conclusión alucinógena, un viaje lisérgico por escenas de Elvis en Hollywood que parece conformar una pieza exenta de la película y que bien vale por sí solo el precio de la entrada.

Es con la llegada a Las Vegas cuando Luhrmann frena unas revoluciones que se antojan innecesarias ante un artista cuyo derroche de energía disminuye cualquier artificio. “Se han dicho muchas cosas sobre mí, pero me gustaría tener oportunidad de contar mi propia historia”, anuncia Elvis en off y, sobre esta narración en primera persona, “EPiC” articula un montaje milimétrico donde sus confesiones van desplegando temas y escenas alternando la opulencia de aquellos shows colosales con momentos de una intimidad desarmante por mucho que esta se viviera bajo el ojo de la cámara. Deslumbrante ese plano, único, en el que un Elvis devorado por los nervios e incapaz de controlar el movimiento compulsivo de una de sus piernas muta en ser mitológico en el mismo momento en que se alza el telón del International.

Esta combinación irá apropiándose del metraje según este sea canibalizado por el material descartado de “Elvis On Tour”. Estamos en 1972, han pasado solo dos años que para el cantante parecen haber sido muchos más y, lejos de esconder su fragilidad, Elvis ha decidido sumarla al continuo espectáculo público que fue su vida. Para entonces ni la extemporánea aparición de la voz de Bono recitando un poema de ánimo desmitificador, incongruente con la coherencia de un relato gozosamente celebrativo, será capaz de penetrar la aleación indestructible que ha forjado Luhrmann en una película que funciona como avalancha a golpe de montajes épicos (“Polk Salad Annie”) y apuestas fuertes que rehúyen la tentación de la obviedad (“Never Been To Spain”, “Edge Of Reality”) hasta erigir un espectáculo monumental como raras veces tenemos oportunidad de disfrutar en una sala de cine y firmemente apoyado en esa misma empatía y esa misma comprensión del personaje que más allá de cualquier pirotecnia daba su sentido último a “Elvis”. ∎

Más grande que la vida de un mito.
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