La confusión de los sentimientos encontrados y los deseos conflictivos es terreno abonado para el melodrama. Dos adultos, que han labrado una amistad desde los tiempos de la universidad, se hallan en medio de una encrucijada vital que cae como una losa sobre sus respectivas parejas, arrastrando también a dos adolescentes, hijas respectivas de los dos matrimonios. Más de 25 años de amistad entre dos machos alfa quedan en entredicho. Las cuatro mujeres descubren con estupor y unos kilos de cobardía y de inacción la irrupción en sus vidas de un acto infame. Sin embargo, Anna, todavía menor, opta por gobernar su vida.
El espasmo del miedo se hace presente. “¿Por qué?”, se preguntan todos. Al parecer, el neoyorquino Hal Ebbott no tiene todas las respuestas o al menos ha decidido no mostrarlas en su primera novela –“Entre amigos” (“Among Friends”, 2025; Tusquets, 2026; traducción de Julián Trejo Álvarez)– para concluir si un sólido vínculo da como resultado una ruptura debido a una conducta abyecta.
La historia comienza cuando Amos, Claire y su hija, Anna, viajan en coche a la casa de campo de Emerson, casado con Retsy, los padres de Sophie. El motivo es la celebración de los 52 años del anfitrión. El ambiente de aquel fin de semana se espera relajado y despreocupado, como suele ser habitual entre ellos. “Una agradable brisa entraba por la ventana, una brisa como la charla de unos amigos. En todo había certeza. Los días eran tranquilos, lisos como guijarros”.
De detalles nimios, no obstante, surgen amenazas. Una botella de vino se rompe, la torcedura de un tobillo, entre otros hechos, que proyectados desde el dolor y la ambigüedad que insufla el escritor al relato alcanzarán su cenit en un acto deleznable. Una falsa fachada está a punto de caer sobre los protagonistas. Emerson, que es rico, necesita en su edad madura una dosis de reconocimiento. Ser un buen abogado no le basta. Amos, que tiene una vida desahogada, es el inteligente con cierta tendencia a verlo todo desde el prisma de la diagnosis y la sintomatología. Por algo es psiquiatra.
En las distintas escenas que se plantean, el exceso de barroquismo de las descripciones, la sequedad en los diálogos entre los maridos y la repentina desconfianza que se crea entre todos, la narrativa de Ebbott pareciera evocar un mundo en que los juegos mentales se imponen al credo de las convenciones sociales, material esencial del mejor melodrama del cine de los años cincuenta. La amistad, en concreto entre hombres, queda en entredicho. ¿Ese vínculo debe priorizarse por encima de la propia familia?
En ese contexto surge una vileza que aturde tanto a las esposas como a las hijas. En ese punto, el autor juguetea con la crueldad de modo intermitente y no gasta ningún ten con ten con los protagonistas. La caligrafía de los acontecimientos se percibe más visual; las palabras se tornan imágenes cinematográficas. En la voluntariedad de no precisar el arco temporal existe una suerte de regreso al pasado que juega a favor del relato.
El encubrimiento de la bajeza falla y su resolución no acaba de funcionar porque el autor antepone el “yo” al “nosotros”. En situaciones parecidas, ese dilema, el notable y perspicaz novelista Dominick Dunne (1925-2009), celebrado cronista de sociedad, sabía desnudar la moralidad de sus personajes introduciendo en sus tramas un hecho aleatorio como es un cadáver. Un elemento que suele explicar el porqué de las cosas.
El escritor prefiere desabrochar el hilo argumental desde dentro, a partir de la manipulación psicológica que prende entre los seis personajes. Si esa elección merece distinguirse como una estrategia literaria sagaz, dependerá en última instancia del lector. En el debut literario de Hal Ebbott cabe ensalzar la agudeza al examinar los deseos y las motivaciones que transitan en el resbaladizo terreno del aforismo de vicios privados y públicas virtudes, tan caro a las clases dominantes. ∎