Cómic

Mia Oberländer

AnnaSalamandra Graphic, 2025

La ilustradora e historietista alemana Mia Oberländer (Ulm, 1995) se adentra en su primer cómic largo en las aristas de lo extraordinario. Se puede ser excepcional de muchas maneras. “Ser grande está guay, piensa la gente”, y la gente piensa en Naomi Campbell, Taylor Swift o, por lo bajito, en Maradona. Pero qué incómoda la singularidad cuando ni encaja ni destaca en nada de lo establecido como deseable.

Eso le pasa a Anna 2 y Anna 3, dos grandes mujeres que no encuentran cobijo a su altura, pues sus piernas son monstruosamente largas. Ambas son hija y nieta, respectivamente, de Anna 1, otra gran mujer que a diferencia de las dos primeras encaja a la perfección. Las tres habitan en una comunidad idílica ubicada en un entorno bucólico de bosques frondosos, inmensas montañas y verdes prados que evidencian la insignificancia humana.

Una fábula sobre la aceptación en principio puede parecer no demasiado original, pero en este arte de narrar con palabras e imágenes cualquier historia puede nutrirse de múltiples matices e irresistible atractivo. Es lo que le pasa a “Anna” (2021; Salamandra Graphic, 2025, traducción de Esther Cruz Santaella). Líneas limpias y gruesas, rasgos rotundos, rotulación singular, colores intensos y planos, diseños de páginas dinámicos que crean un ritmo ágil y ricos juegos visuales convierten la obra en una gran muestra de la excepcionalidad narrativa híbrida del cómic. En este sentido, es inevitable plantearse si fue antes la historia o las piernas kilométricas de las Annas entrecruzándose con todo lo que las rodea.

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Ese entorno idílico pronto se descubre que solo puede existir en la ficción. Un grupo humano tiende a caer en la tentación de señalar y expulsar, de crear sus monstruos. Con todas sus consecuencias emocionales –el miedo al rechazo, el anhelo de aceptación, el encaje entre lo que eres y deberías ser, heridas infantiles ocultas con esmero y dedicación modélica– se alimenta un amplio abanico de aberraciones. A veces ser perfecto acarrea irremediablemente ciertos desvaríos heredables.

La fuerza visual de la obra se complementa con el protagonismo de la narración. En “Anna” los cuentos aparecen como un protagonista más, pues los cuentos y sus lecciones también se heredan. Lo cierto es que pocas cosas hay tan humanas como una narración, y tan potentes; una sencilla historia puede alcanzar lo más profundo del inconsciente, y así lo demuestra esta.

Un buen día, Anna 2 se adentra en el bosque, traspasa un umbral, abre una puerta de la que ya no volverá. Simultáneamente, Anna 3 subirá una cima, a veces hay que salir de uno mismo para ver quiénes somos en realidad. ¿Conseguirán ambas algún tipo de catarsis? ¿Superarán su espantosa falta de proporción? ¿Conquistarán un lugar con una perspectiva habitable? ∎

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