Libro

Nell Dunn

En la encrucijadaContra, 2025

Cuando era un director tendente más a la radicalidad –en todos los sentidos– que a la complacencia, Ken Loach adaptó el libro de Nell Dunn “Up The Junction” (1963) para el espacio de la BBC “The Wednesday Play”, emitido en noviembre de 1965 y con guion de la propia autora (nacida en Londres en 1936). Poco después volvieron a colaborar en el largometraje “Poor Cow” (1967), adaptación a cargo de Loach de la novela homónima de Dunn. En 1968 sería Peter Collinson quien llevaría “Up The Junction” al formato cinematográfico y, dos décadas después, el recorrido de Dunn por el cine concluiría con “Steaming” (1988), filme en el que Joseph Losey versionó la obra teatral de Dunn centrada en las conversaciones entre tres mujeres en unos baños turcos. Es una estructura muy similar a la de “Up The Junction”, editada por primera vez al castellano con el título de “En la encrucijada” (Contra, 2025; traducción de Javier Calvo). En este caso no es un único escenario, sino relatos o impresiones fragmentadas de tres jóvenes de Battersea (ciudad a la que se mudó Dunn en 1959) que se ubican en diversos lugares (calles, casas, pubs, fábricas de bombones, parques, lavanderías, clubes de alterne, cárceles) y están conectados entre sí. Se adscribe a la modalidad literaria conocida como kitchen sink realism (realismo de fregadero) que cultivaron los angry young men John Osborne y Allan Sillitoe, tan vinculados al Free Cinema como Dunn lo estaría a Loach cuando este era la prolongación en el tiempo, en cuanto a cine social, de Karel Reisz, Tony Richardson, Lindsay Anderson y otros cineastas airados.

Leyendo “En la encrucijada”, más de sesenta años después de su publicación, es imposible no evocar el tono y el acento documental de “Sábado noche, domingo mañana” (Karel Reisz, 1960), “Un sabor a miel” (Tony Richardson, 1961) o “El ingenuo salvaje” (Lindsay Anderson, 1963). Porque la prosa dura, directísima y concisa de Dunn tiene mucho de relato cinematográfico, de cortos enlazados entre sí que, una vez vistos/leídos todos, ofrecen una panorámica precisa y contundente de un determinado Reino Unido en los años sesenta. Dunn construyó su novela, o libro de relatos, a partir de las vivencias de tres chicas de clase baja. Es una prosa observacional aquilatada a partir de diversas experiencias y figuras secundarias a través de las cuales conocemos como son las tres jóvenes y respiramos el aire contradictorio e inestable de aquellos tiempos británicos.

En el prólogo, escrito en 2013, Dunn asegura que en 1959 en Battersea –zona de Londres en la orilla sur del Támesis, musicalmente conocida porque una de sus centrales eléctricas sirvió de portada para el álbum de Pink Floyd “Animals” (1977)– las mujeres eran las reinas del gallinero y los hombres, a veces, tenían que cambiar el apellido por el de la mujer para tener un sitio en la familia. Las situaciones de cada relato son cosas oídas o inventadas, una mezcla de documento y ficción, y el estilo escueto y simple surgió de una larga labor de corrección: esa sencillez era lo que necesitaban los relatos para ofrecer la verdad que transpiran, su esencialidad.

Aparecen en las dieciséis historias jóvenes casadas en la edad adolescente que se aburrieron de su marido y quieren probar de todo; individuos que se alegran de que su hijo sea un niño porque le enseñará a robar; traficantes de tabletas de quinina; mujeres que practican abortos clandestinos; chicas embarazadas que tienen miedo de abortar porque podría entrar una burbuja de aire en su vientre y morirse; bebés que ya nacen muertos a los cinco meses y son envueltos en papel de periódico y arrojados por el retrete; hombres que desertaron del ejército y llevan quince años sin apenas salir de casa por miedo a que los pillen; muchachas que los viernes por la noche no llevan bragas; ladrones de motos que ahora solo roban coches porque uno de sus colegas en motocicleta chocó con un camión que llevaba andamios y “su cabeza cayó rodando a la cuneta mientras el cuerpo seguía montado en la moto a toda pastilla”; niños que aprovechan la huelga de los maestros para patearse las calles entre barro y cascotes.

Las descripciones de los lugares, de los paisajes industriales, nos remite a la fotografía en blanco, negro y gris de las películas del Free Cinema: “Fuera, el alba asoma por encima de la fábrica de gas y trepa sobre los escombros hasta alcanzar la ventana”; o El viento trae por la calle el olor dulzón de pienso para vacas de la fábrica de Garton’s junto con el humo violáceo de la central eléctrica”. El capítulo titulado “El club de alterne” es de los más precisos, crudo sin ser cruel. Una de las mujeres más veteranas que trabaja en el local asegura que lo genial de esta vida es decidir si te acuestas o no con los clientes. La frase “¡por lo menos somos libres!” es su filosofía de superviviente.

Hija de un tiempo, un lugar y una cultura musical, Dunn desperdiga a lo largo del libro una amplia serie de canciones, escuchadas en discos en casa, pubs o jukeboxes, o bien cantadas en la calle, cuyas letras resultan oportunas para cada situación. Son temas de rhythm’n’blues, soul, rock’n’roll, country, blues, swing, skiffle y pop a cargo de los músicos estadounidenses y británicos Ben E. King, Sam Cooke, Neil Sedaka, Gene Autry, The Exciters, John Tillotson, Frankie Valli & The Four Seasons, Joe Brown, Little Peggy March, Gene McDaniels, Frank Ifield y Nat King Cole. Dunn incrusta pasajes de las canciones en aquellos momentos en que los personajes pueden sentirse identificados con lo que están escuchando. “No hay vuelta atrás”, canta McDaniels en “Point Of No Return” cuando las conversaciones giran en torno al abandono y el tiempo pasado. “Oh colega, no hay nada como… bailar toda la noche”, esgrime Sam Cooke en “Twistin’ The Night Away” mientras una de las muchachas demuestra sus dotes para el baile. “Tiene poder sobre mi / Me hace hacer cosas que no quiero hacer”, canta una de las jóvenes, Rube, mientras come fish and chips y parlotea sobre una relación sentimental, la ruptura y la frustración que esta supone cuando ibas en serio. ∎

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