Álbum

Olivia Cábez - Clara Cábez

Cols - La cara BAutsaider Cómics, 2026

Olivia y Clara Cábez, las Cábez Sisters, como las llaman los de su sello, Autsaider Cómics, se han estrenado en el tebeo largo después de llamar muchísimo la atención en el Salón del Cómic de Barcelona con una serie de fanzines protagonizados por Cols, garagera rockabilly que monta una banda, Gookie, con sus amigas Nico y Margo. La rubia, la pelirroja y la morena, en plena preadultez juvenil, buscan su lugar en el mundo y en la escena rockera underground en una época atestada de grupos, tendente a la desintegración de las comunidades que antaño albergaban escenas, movimientos y subculturas más cohesionadas. Ese es un tema, el de la desintegración de las ciudades y comunidades, que aparece en este cómic de línea clara donde las madrileñas –Olivia escribe el guion y Clara se encarga del dibujo– se fijan en referencias ochenteras como Chaland, Jano y Serge Clerc al otro lado de la frontera; o en revistas como ‘Cairo’ o ‘El Víbora’ (Max) a este lado. Rock comix que expresa la cara A y B de las chicas (y chicos) de hoy en día: han gozado de una atención increíble, sí, pero luego se han estrellado en una realidad de bajón permanente.

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Ese bajón contamina el ánimo de la lectura: cuesta hacerse cargo de los “sueños” del trío que protagoniza “Cols - La cara B”. Diría que hasta la mitad del libro caen bien, pero poco más. No se le ve color a la historia, y eso que color tiene, mucho. Por suerte la cosa cambia en la segunda “cara” del álbum, y de qué manera. Cuando el rock’n’roll entra a saco –y lo hace a la manera clásica, con el desfase de la batería, Margo, y su “jo, qué noche” particular–, el cómic da un vuelco que pedía a gritos. La comicidad de Margo y las situaciones sucesivas siguientes van cogiendo tono para convertir la historieta en lo que se espera de una historieta como esta, joder: gamberrismo non stop, frases memorables (“¿Los Javis? ¿Son una banda?”; “Margo, ese tío no era mánager, solo quería meterte la chorra”) y referencias a Elvis como tótem onírico y tóxico con las que partirte el culo. Resuelven genial las páginas con pocas viñetas, como la doble en blanco y negro, retrato coral del desánimo general; o la página en la que apenas en cuatro viñetas sugieren la obsesión de este país con el ladrillo. También satirizan la cultura del talent show para grupos, que devora identidades y etiquetas musicales (atención a cómo cargan contra el k-pop), cuando no se suben al oleaje feminista por oportunismo. Aunque sobre todo estas hermanas hacen que pasemos un rato genial. Que es a lo que habíamos venido. ∎

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