Libro

Sophie Elmhirst

Un matrimonio en alta marSalamandra, 2026

Un relato con elevados picos de taquicardia, cuya centralidad son las aventuras y desventuras de Maurice y Maralyn Bailey en medio del océano Pacífico, que centrifuga la esencia de la vida matrimonial en medio de la hostilidad de un naufragio y el vampirismo de los medios de comunicación. Aunque no lo parezca, la adversidad puede tener una cara amable. La periodista Sophie Elmhirst (Londres, 1981) debuta como escritora con “Un matrimonio en alta mar” (“Maurice And Maralyn”, 2024; Salamandra, 2026; traducción de Irene Oliva Luque), una novela de compromiso, estima y resiliencia basada en hechos reales.

Elmhirst ha expuesto que mientras realizaba una investigación sobre personas que simplemente intentaban vivir en alta mar, topó con el matrimonio Bailey, casados en 1963. Maurice, de 40 años, impresor de profesión, y Maralyn, de 32 años: sus nombres se fusionaron con el de su barco, Auralyn. Decidieron abandonar un hogar tranquilo y anodino en el noroeste de Inglaterra para atravesar los mares en un velero. Semejante propósito coincide con su manera poco convencional de ver las cosas. El día de su boda es un claro ejemplo. Ella se presentó vestida de calle y él no invitó a ningún miembro de su familia. En su día se marchó de casa para no volver.

Maurice reconoce sus carencias sociales. Se fueron conociendo hasta que un día le propuso hacer un viaje en barco hasta Nueva Zelanda. Ella, sin el menor conocimiento náutico –por no saber, no sabía ni nadar– le dijo que sí. Sus empleos no daban para mucho. Tardaron cuatro años en construir el velero. “Irse de Inglaterra para no volver jamás. Para Maurice, fue una revelación”. Zarparon en el verano de 1972.

El antiguo solitario había trazado meticulosamente su ruta a través del Golfo de Vizcaya, luego Canarias, para cruzar el Atlántico, el Caribe, entrar en el canal de Panamá y salir al Pacífico. Cuando alcanzaron Barbados, fue una fiesta. Uno de los grandes errores que cometieron mientras realizaban los preparativos fue rechazar un transmisor de radio, ya que Maurice quería “preservar su libertad de interferencias externas”. De haberlo tenido, su destino pudo ser otro.

De camino a las islas Galápagos, a primera hora de la mañana, la cola dorsal de un cachalote herido de 12 metros chocó con la embarcación. En 45 minutos, la que era la casa flotante de los Bailey se inundó. El Auralyn se hundió en el silencio de la inmensa llanura azul del océano Pacífico. Después de 118 días metidos en una balsa fueron rescatados, a las puertas de la inanición, por un atunero de Corea del Sur.

Para entender a los personajes, la novelista londinense, que desarrolla un ejercicio de empatía, mira hacia atrás para saber cómo eran antes de semejante aventura. “Necesitaba a alguien como Maralyn en mi vida para compensar la falta de confianza que tenía”, explicó el pesimista Maurice. Por su parte, Maralyn todavía vivía con sus padres. Trabajaba en la oficina de impuestos de Derby. Aburrida y temerosa de la vida doméstica, anhelaba una vida diferente al aire libre. Hicieron match. “Ella daba color a sus vacíos”.

Elmhirst, sumergida en el diario de Maralyn y los libros que Maurice publicó tras su rescate, explora las simas de una relación de pareja atrapada en una situación extrema. Contrarrestando su desesperación con determinación, Maralyn asegura que “descubrí que, si bien los hombres pueden ser físicamente más fuertes, mentalmente las mujeres son superiores”. A su manera, los Bailey son un ejemplo de estoicismo. Hicieron un segundo viaje. Esta vez a la Patagonia. Para la ocasión, diseñaron el Auralyn 2.

“Un matrimonio en alta mar” supone una apreciación fecunda de la complejidad humana que mediante el talento de Sophie Elmhirst explica una historia significativa de trabajo en equipo, supervivencia, amor, culpa y soledad. También la hiel de la exposición pública. ∎

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