Informa la nota del editor que “Ciudad del hampa” (2022; Fulgencio Pimentel, 2024) es la primera obra que se edita en España de Teddy Goldenberg, dibujante nacido en Israel en 1985 que reside actualmente en Berlín. Su primer cómic largo fue, atentos al asunto, el autoeditado “Cobra II” (2018-2020), una segunda parte (no autorizada) en viñetas del filme protagonizado por Sylvester Stallone “Cobra” (George P. Cosmatos, 1986). La editorial Fulgencio Pimentel ya ha anunciado su próxima aparición en nuestro mercado. Es por tanto una noticia feliz, porque en la veintena de microrrelatos espolvoreados en las 80 páginas de su debut en España, este autor se revela como una voz tan personal y renovadora como anclada en un cierto clasicismo de raigambre posmoderna.
Traviesos, enigmáticos y ligeramente inaprensibles, los capítulos que retratan esta “Ciudad del hampa” forman un caleidoscopio de tonos, un retrato poliédrico pero perfectamente organizado alrededor de episodios breves. Cómicos, sí, pero oscuros. El libro no supone tanto una revisión del género de crimen como el escrutinio de sus entrañas, o el sentido de sus reflejos, podemos decir: diálogos secos (en traducción de Joana Carro y César Sánchez), paseos por un parque nocturno donde una vez hubo un añorado centro comercial, desapariciones repentinas, vecinos fantasmagóricos, excursionistas solitarios o los recuerdos bélicos (es un decir) de un soldado en retorno. En esta ciudad hay de todo, y todo es extraño. Desde un humor oblicuo que recuerda ocasionalmente al de Herr Seele y Kamagurka en “Cowboy Henk” (1981-), Goldenberg zambulle su retrato coral en un amnios surrealista que busca transmitirnos la sensación de misterio de todo relato noir, con rincones ominosos, desesperanza y relato social. La fortuna es que no lo explicita, sino que logra crear una sensación adherente con ese material de partida y un anclaje en el humor absurdo.
En definitiva, la lectura describe un todo de sensaciones más que de argumentos (las historias pueden arrancar in medias res y no concluir en ningún lugar determinante, desconcertando al lector en, a veces, tan solo dos páginas). Lo hace además con un espíritu de apropiación intelectualizada. Gráficamente abreva de los primigenios comic books de crimen y romance de los años cuarenta y cincuenta, en los que autores “menores” se batían el cobre (mientras que la prensa era aún el lugar en que los consagrados publicaban, con éxito, sus series). Esos cómics a ojos del presente adquieren un especial encanto, y su estética es recogida por Goldenberg en una suerte de détournement cargado de significados. El autor no está solo en la estrategia “retromoderna”: nos recuerda por ejemplo a Benjamin Marra (si bien su mirada se centra en otro contexto, el comic book comercial de los últimos años setenta y primeros ochenta) o incluso a los delirios apropiacionistas de Samplerman –su obra “Fearless Colors” (Ediciones Valientes, 2017) es sampladelia hauntológica aplicada al noveno arte–.
Parafraseando a la propia “Ciudad del hampa”, como se dice en la página 14 del libro en una de sus muchas ocurrencias, este es un tebeo esplendífero. ∎