Libro

Toni Castarnado

Cantar sin permiso. Una escena en transformaciónSílex, 2026

Durante la última década, la música hecha en Cataluña ha vivido una mutación profunda. No se trata solo de un relevo generacional ni de una simple cuestión de estilos, sino de algo más hondo: un desplazamiento del foco, una ampliación del marco y una reformulación del lugar desde el que se escribe, se canta y se ocupa el escenario. De eso trata “Cantar sin permiso. Una escena en transformación”, más de 400 páginas en las que Toni Castarnado (Santa Coloma de Gramenet, 1974) traza un mapa de artistas que han empujado esa transformación y la han convertido en una realidad ya imposible de discutir.

Castarnado, que lleva años orbitando alrededor de las intersecciones entre música, género y cultura popular, vuelve aquí a uno de sus territorios naturales. Y lo hace con una idea de partida bastante fértil: entender que lo verdaderamente interesante de esta escena no está solo en el talento individual de sus protagonistas, sino en las conexiones, tensiones y resonancias que se establecen entre ellas. El libro no pretende fijar un canon definitivo, algo que además sería prematuro y seguramente empobrecedor, sino ofrecer claves para entender por qué estas voces han pasado a ocupar el centro de la conversación. Y ese es seguramente uno de sus mayores aciertos. La obra parece entender que una escena no se explica sumando nombres como quien rellena una base de datos, sino que precisa de contexto, linaje e intuición crítica. Por aquí desfilan desde figuras ya consolidadas, como Rosalía o Sílvia Pérez Cruz, hasta artistas emergentes como Anaïs Vila o Anna Andreu, en un paisaje donde conviven raíz y experimentación, memoria y riesgo. Y ahí es donde el libro promete resultar más valioso: no tanto como escaparate de nombres propios, sino como relato de una sensibilidad compartida, de una manera distinta de habitar la música sin pedir legitimidad previa.

Hay, además, algo estimulante en el propio título. “Cantar sin permiso” suena a gesto estético, pero también político. Suena a ocupar un espacio que durante demasiado tiempo estuvo regulado por inercias viejas, jerarquías muy resistentes y una idea bastante estrecha de la autoridad cultural. Castarnado parece detectar que muchas de estas artistas no solo han ampliado el repertorio sonoro, sino también el imaginario desde el que se puede construir una carrera, una voz y una identidad pública. Y eso vuelve el libro pertinente: porque habla de músicas y canciones, sí, pero también de marcos de visibilidad, de tradición revisada y de presente en disputa.

En tiempos de análisis acelerados, algoritmos voraces y crítica cada vez más reducida a impacto inmediato, se agradece un libro que aspira a ordenar un fenómeno sin domesticarlo del todo. “Cantar sin permiso” no es solo un ensayo sobre músicas, sino un documento sobre cómo cambia una cultura cuando cambian las voces que la cuentan desde dentro. Y eso, ahora mismo, no es poca cosa. Bastante al contrario: es una de las conversaciones más vivas y necesarias de nuestro presente musical. ∎

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