Libro

Valentina Tanni

Estéticas liminales. Vaporwave, Backrooms, weirdcore o cómo la cultura de internet está enrareciendo la realidadCaja Negra, 2026

El 14 de mayo de 2019, un usuario anónimo de 4chan publicó una fotografía torcida y granulada de una sala vacía, con moqueta amarillenta y fluorescentes encendidos, junto a un aviso: si uno no anda con cuidado, puede “salirse” de la realidad y quedar atrapado en lugares como ese. De esa imagen brotó el mito de las Backrooms, un laberinto teóricamente infinito de estancias idénticas al que internet lleva años añadiendo niveles, criaturas y reglamentos, como una catedral gótica levantada por miles de manos que no se conocen entre sí. La procedencia de la foto fue un enigma durante cinco años, hasta que en mayo de 2024 un grupo de rastreadores aficionados organizados en un Discord la localizó: era la primera planta de una tienda de maquetas de Oshkosh, Wisconsin, retratada en 2003 durante unas obras. De fenómenos así, de su lógica y de cómo afectan a nuestra percepción del mundo real, se ocupa “Estéticas liminales. Vaporwave, Backrooms, weirdcore o cómo la cultura de internet está enrareciendo la realidad” (“Exit Reality. Vaporwave, backrooms, weirdcore e altri paesaggi oltre la soglia”, 2023; Caja Negra, 2026; traducción de Alejo Ponce de León).

Valentina Tanni (Roma, 1976) es historiadora del arte, comisaria y docente de arte digital en el Politécnico de Milán, y lleva dos décadas estudiando internet como una manifestación cultural a la altura de cualquier otra (le pique a quien le pique). Así, su libro avanza como una guía o un glosario por palabras clave (aesthethics, vibes, lore, core, etc.), escribiendo un capítulo por cada provincia de las llamadas estéticas de internet: del vaporwave al ASMR, del creepypasta al reality shifting. Para su autora, la pantalla funciona como un umbral, un portal hacia un mundo en el que estos fenómenos encuentran nuevas formas de relacionarnos con nuestra propia realidad. Y en el que, aunque internet sea una “forma de vida extraterrestre” –tal y como dijo Bowie en 1999– hecha a nuestra imagen y semejanza, la falsa autonomía con la que a veces se percibe también nos moldea a nosotros a su antojo una vez hemos cruzado ese portal de vuelta.

Realmente, puede leerse como un libro de terror sobre el propio terror digital. Tanni no juzga lo que recopila; lo colecciona y lo etiqueta con la paciencia de una entomóloga y lo que cataloga es un bestiario: estéticas siniestras que los humanos hemos conformado y que a la vez nos conforman. Las Backrooms son la pieza mayor, pero la vitrina es larga, de Slender Man a las criaturas que infestan los niveles del laberinto amarillo (una de las entidades, se lamenta un usuario citado en el libro, “es literalmente un pato”). Lo decisivo es que ese lore, por usar la palabra que Tanni eleva a categoría, no tiene firma. Lo escribe un ente colectivo, miles de usuarios anónimos puliendo el mito en wikis, vídeos y comentarios, igual que el folclore de antes se pulía de boca en boca. Es ciencia ficción sin autoría, y desmiente el lugar común de que internet extingue la creatividad. El libro también examina el reverso conspirativo de ese lugar común, la Dead Internet Theory, según la cual la web humana habría muerto hacia 2016 y hoy estaría habitada solo por bots. Entre una cosa y otra se levantan universos de fantasía sin nada que envidiarle a Tolkien.

Su gran mérito, sin embargo, es el de proveer a dichas subculturas de una terminología enciclopédica. Hay conceptos que cualquiera que haya crecido conectado reconoce al vuelo pero que casi nadie sabe explicar, pues por su carácter intangible resbalan cuando intentas agarrarlos. Tanni fija un glosario para todos ellos; por ejemplo, establece una frontera entre weirdcore y dreamcore, invisible para cualquier diccionario, a través de un comentario de YouTube que rescata: “El weirdcore es como soñar despierto; el dreamcore, como estar despierto dentro de un sueño”. Trata esos comentarios anónimos como fuente primaria, una de las decisiones metodológicas más valiosa del ensayo.

En casi todo lo que cataloga vibra la misma ambivalencia, cosas que arrullan e inquietan a la vez. Así, en el capítulo sobre magia memética aparece Tibúrcio, el gnomo brasileño de TikTok, una marioneta de cara regordeta y gorro verde que entre 2020 y 2022 acumuló millones de visualizaciones flotando al son de Gigi D’Agostino, y que unos usuarios perciben como presencia benévola y curativa mientras a otros les eriza el vello. Vivimos en una época donde las estéticas digitales producen ternura y grima en el mismo objeto, el temple emocional exacto de la contemporaneidad. Por ello, este libro es además una mina. Cada página abre una trampilla hacia ese umbral misterioso: trends antiguos, historias creepypasta que han caído en el olvido de la sobrepoblación digital, subforos, artistas anónimos... La guía avanza por acumulación y deja un sinfín de referencias para explorar durante un mes tras haberlo leído. Siendo internet un portal hacia otro mundo, este es el primer mapa serio de lo que hay al otro lado. ∎

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