Definitivamente, esto no es Suecia.
Capítulo tres. Minuto 15. Midpoint de manual, ese momento en el que, según los estándares canónicos del guion, se produce un acontecimiento justo a la mitad del relato que da un vuelco a la trama. Laura se ha marchado de casa de sus padres en Santa Coloma de Gramenet y se ha ido a vivir con sus amigas. Con ella su bebé de pocos meses, Mario. Hay una fiesta. Hay cierto desfase. El crío duerme en la habitación del lado. Laura empieza a bailar. Se detiene cuando se ve reflejada en un espejo. No lo dice. Lo intuyes. Se pregunta quién es. Se cuestiona qué quiere. En la siguiente escena, con el chunda-chunda de fondo, se la ve recostada junto al crío. Se intuye, ¿no?
Tener un hijo es maravilloso la gran mayoría del tiempo. Pero también es jodido, más cuando justo estás entrando en la treintena y, en una sociedad en la que la juventud se está alargando hasta la jubilación, crees que aún te quedan muchas noches de fiesta por delante; el padre es un tipo guadianesco que aparece y desaparece y vives en una ciudad tan cruel con los suyos como la Barcelona actual. “Yo siempre a veces” (2026-) va de eso y es una maravilla. Porque, como reitera Laura dos capítulos más adelante, mientras se somete a un ritual chamánico practicado por una curandera new age interpretada por Maria de Medeiros (secuencia esta que recuerda a la de la ceremonia de la ayahuasca de Roger Casamajor en “La Mesías”: ambas series surgen de la factoría de Los Javis): “Es muy difícil cuidar a un niño, no puedo hacerlo sola. Yo también soy una niña, y necesito que cuiden de mí”.
Laura, nos explica la sinopsis, vive en Berlín, donde tiene un buen curro en un festival de música. Vuelve a Barcelona para visitar a las amigas e ir al Sónar. Ahí conoce a Rubén. El colega Fran Chico, en su crítica para ‘Fotogramas’, compara lo que pasan en las siguientes horas con “Antes del amanecer” (Richard Linklater, 1995). Símil muy acertado al que yo sumaría unas dosis, metiendo el dedo en la bolsita de eme, de “24 Hour Party People” (Michael Winterbottom, 2002). Cinco meses después de que nazca su hijo, Mario, tras decenas de noches sin dormir y otras tantas mañanas de trifulcas en las que aflora lo peor de cada uno de ellos, la pareja se separa. El padre, Rubén, se descubre como un capullo (con las suficientes capas y aristas para resultar un personaje odioso, pero al que quieres morrear de vez en cuando): no desaparece, pero elude toda responsabilidad. Laura se hace cargo (casi) sola del niño. En la Barcelona de los expats que desayunan avocado toast en cafés de especialidad y redoblan los precios de alquiler de la vivienda, no tiene piso: va deambulando de habitación en habitación por su red de confianza, ni curro estable. “Es muy difícil cuidar a un niño, no puedo hacerlo sola. Yo también soy una niña, y necesito que cuiden de mí”.
Una historia que nos resuena por cotidiana, explicada a través de una serie, la creada por Marta Bassols y Marta Loza y dirigida por Claudia Costafreda y Ginesta Guindal, de factura exquisita: sobresaliente la dirección, magnífica la fotografía y la edición y mesmerizante la interpretación de la debutante Ana Boga (increíble lo que hace en su primer papel como actriz) dando vida al personaje protagonista. Con ella unos muy notables David Menéndez, Paco Tous, Belén Ponce de León e incluso la misma Marta Bassols, a quien ya pudimos ver en algunos capítulos de “Esto no es Suecia” (Aina Clotet, Valentina Viso y Daniel González, 2023), serie con la que “Yo siempre a veces” comparte trazas en común, la de la crianza en tiempos modernos, pero a la que adelanta por la derecha en su realismo. La producción de Aina Clotet en la de Suecia es una delicia, pero no deja de ser una comedia upper Diagonal de dos profesionales liberales que abandonan el corazón de la ciudad para intentar hacer realidad su sueño neorrural: instalarse en un casoplón de Collserola y cruzarse con jabalíes mientras llevan a sus hijos a la escuela Montessori. “Yo siempre a veces” es un drama con destellos y un final abierto. Y no tengo muy claro si quiero que haya segunda temporada. He disfrutado demasiado esta primera. Por cierto, acaba de ganar el premio a mejor guion en el festival internacional CANNESERIES. ∎