Álbum

091

Espejismo nº 9Universal, 2026

La mítica banda granadina regresó al panorama musical con el directo “Maniobra de resurrección” (2016), que incluía 27 de sus grandes éxitos. Y lo hizo 21 años después de su último álbum de estudio, “Todo lo que vendrá después” (1995), y a 20 años vista de su directo “Último concierto” (1996). El retorno discográfico vino con “La otra vida” (2019), una vuelta de la que sentirse orgullosos porque lo hacían con garra y entregando una colección de diez grandísimas canciones.

Pues bien, con este nuevo álbum los 091 vuelven a superarse, actualizando su sonido sin perder un ápice de sus señas de identidad. En este “Espejismo nº 9” la banda brilla más aún. Los 091 realizan un ejercicio fino de rock’n’roll de primera línea. “Algo parecido a un sueño” sirve de lanzadera de un álbum que poco a poco se instala en tu memoria musical, como si en lugar de evocar la nostalgia, estuvieras apelando a la ilusión del presente. Y es que no escatiman en la consistencia que aportan sus canciones, buenas melodías en acústicas o en eléctricas, las chispas del riff o la pegada sincronizada y melódica de bajo y batería.

“Piezas de desguace” suena a desierto, a tiempos pasados, y contiene destellos del rock americano, como si Granada se acercase a Almería con Joe Strummer de vigía pero con la atenta mirada de The Jayhawks o de Tom Petty. Podemos colocar en un pedestal una balada arrebatadora y emocionante como “Ven vestida de nube”. O la magia del blues que desprende “Dormir con un ojo abierto”. O medios tiempos como “Antes de que salga el sol”, que contiene buenas dosis de hechizo. La efervescencia magnética del rock surge en “Nadie quiere oír tu llanto”, una canción de lucha. Mientras que la resistencia personal, y un canto a la soledad y al silencio, preside “Los cantes de la sinrazón”. Un acierto tras otro la sucesión de canciones.

Cautiva la mirada crítica de “No tiene sentido escapar”, con altas dosis de épica, y unas guitarras que sobresalen como una torre melódica. Otro hallazgo son los teclados, apuntalando melodías, y los coros tan presentes en tantas canciones regalando matices.

Exhiben grandes riffs y melodías, como ocurre en “Una revelación”. José Antonio García (voz) demuestra sus mejores registros, dejando su rastro verso a verso. Cierra el lote “Puede que el tiempo”, que nos transmite una actualización del rock tirando hacia el pulso yeyé. Un álbum redondo y muy pero que muy disfrutable. ∎

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