“Ambiguous Desire” es el resultado de una artista que ha decidido cambiar las sábanas de su habitación por el asfalto y el humo de las salas de baile, de madrugada, donde la euforia del club se dobla sobre sí misma y se convierte en algo puramente confesional. Es ese instante, antes del amanecer, el que
Arlo Parks ha decidido embotellar en su tercer álbum.
La trayectoria de Parks ha funcionado como un registro sensible de la vulnerabilidad generacional, desde que aquel
debut adolescente en 2021 la catapultara como la voz de una generación encerrada en sus dormitorios. Tras la densa introspección de
“My Soft Machine” (2023), su segundo trabajo, la artista británica parecía haber agotado las posibilidades del diario íntimo. Por eso, “Ambiguous Desire” se presenta como un desplazamiento necesario hacia el exterior, un cambio de ecosistema que sustituye la seguridad del hogar por la incertidumbre de la noche. Sin embargo, aunque la premisa del disco nazca de su inmersión en clubes de Brooklyn y el descubrimiento de la cultura de baile, el resultado evita el lenguaje del hedonismo o la explosión festiva. Parks no ha hecho un disco para bailar en el centro de la pista, sino un tratado sobre el aislamiento y la observación que ocurre en sus márgenes. No es un álbum para el club, sino sobre el club. No hay un bombo a negras ni nada similar, y eso hace que la premisa pueda llegar a ser algo engañosa.
En este nuevo capítulo, la producción remplaza los arreglos orgánicos de antaño por ritmos que remiten al UK garage y al house más atmosférico. A pesar de estas nuevas texturas, el álbum mantiene una temperatura emocional contenida, casi gélida: la música no busca el clímax ni el sudor de la
rave, sino que se queda suspendida en la extrañeza de la madrugada, cuando no sabes si volver a casa y las conversaciones se vuelven demasiado sinceras.
Así, en piezas como
“Jetta”, el motor del house no funciona como una invitación al baile, sino como una inercia necesaria para quien encadena noches con tal de no enfrentarse al peso del silencio: una urgencia que se vuelve cruda y sucia en
“Beams”, al situar confesiones sobre salud mental en la fatiga de unas escaleras de madrugada (
“We were soberin’ up on a stranger’s stairs, looking over shots of Harley Weir, oh, I felt so dumb when I told you square, I was suicidal in Brazil”, canta en la primera estrofa).
“Senses” introduce otro momento de recogimiento dentro del álbum: junto a Sampha, Parks construye un diálogo en el que ambas voces abordan cómo han gestionado el malestar y la autopercepción negativa, buscando alguna forma de orientación en medio de ese ruido interno.
El corazón rítmico se encuentra en
“2SIDED” o
“Get Go”, donde utiliza sintetizadores de texturas inestables y pulsaciones graves que, a través de sus frecuencias vibrantes, replican la tensión física de la ansiedad. Finalmente, la atmósfera líquida de
“Nightswimming” y el cierre aireado de
“Floette” terminan de redondear este viaje nocturno, permitiendo que la voz de Parks flote en un espacio de aceptación donde los graves se disuelven en el aire fresco de la mañana.
“Ambiguous Desire” es, en última instancia, un álbum sobre la necesidad de pertenecer a algo más grande que uno mismo, grabado por alguien que todavía no se atreve a soltar el abrigo en mitad de la fiesta. Es en esa reticencia, en ese no terminar de entregarse al abandono del baile, donde Arlo Parks se descubre habitando siempre una soledad periférica. De ahí que sea uno de los álbumes de club menos cluberos en tiempo. ∎