Álbum

Bernal

Vida y milagrosDiscos 17 Dolores, 2026

El segundo álbum de los valencianos Bernal aparece como una apisonadora de hardcore, slowcore y post-rock con letras que suponen vasos comunicantes entre el hallazgo, la hostia, el crecimiento y el golpe de realidad. “¿Qué tal todo allí fuera?” (2022) fue un impulso, una toma de contacto y de conciencia: un álbum que los puso en el mapa. Con este segundo asalto la propuesta gana en sustancia y en sustrato. Se nota el trabajo concienzudo de las doce canciones y la producción meticulosa (quince días intensos en agosto de 2024) en los estudios The Mistery, en Mota del Cuervo (Cuenca), bajo la producción de Raúl Abellán y Eduardo Nogués, bajista del grupo.

“Enero en València” trae el testigo de los Viva Belgrado. La aparente calma de “Música para Eduardo” dibuja un spoken word, a modo de tránsito, de viaje, de postal o instantánea de un momento o de una época. Luego aparece implacable y arrolladora “Dolores Marqués”, seguida a la perfección con las bases y los bajos de “Una amistad perdida”. Existe un solícito escapismo de la realidad, quizá por el agobio, por saturación personal o por el sino de los tiempos (turismo, vivienda). “Dientes” juega con una fórmula clásica pero incluye ciertas florituras de entrada-ascenso-pausa-apogeo-interludio, bajo las confesiones que caen con arrojo: “A veces / pienso en cómo sería / poder sacar la tristeza / con el mimo de una astilla, con la misma delicadeza y soplar”.

“Los días largos”, con la presencia vocal de Firmado, Carlota, desarrolla un paisaje que va creciendo hasta las palmas y el estallido. “Nunca quise” configura en su inicio hermosos paisajes cristalinos para luego transitar hacia al nervio, confesiones mediante (“Estoy algo nervioso, por volverte a ver / He faltado al trabajo, por volverte a ver”). En “Rutina” siguen tejiendo capas sonoras envolventes, plasmando la solidez de la banda, acompañados de las argentinas Fin del Mundo; la intensidad va y viene y se instala, remarcada con ese “nunca es suficiente”. En “Sóleo” la presencia de Pumuky también aporta enjundia y crea lazos. “A la palma de la teua mà” es su canción en valenciano, que imprime su vertiente vernácula y personal. “Caminos, canales” es otro destello, impetuoso, impepinable. Y “Puertos” quiere ser el lugar al que llegas, entre la calma y la tensión, para convertirse en un arrebato sónico más. Un final total. Con cada escucha parece que arrastras agua, piedra, arena y granito, como impregnándote de elementos, sonoridades y experiencias. Un álbum brutal, inagotable. ∎

Etiquetas
Compartir

Contenidos relacionados