Efecto rebote: ¿la pandemia te obliga a estar en casa, impone distancia social? Pues reaccionas reventando los altavoces del ordenador o montando una fiesta ilegal. Brutalismus 3000, dúo eslovaco-alemán formado en Berlín en 2020 por Victoria Vassiliki y Theo Zeitner, en pleno contexto pandémico, surge de esa dicotomía y de esa escena que convirtió la ansiedad en nueva gasolina ravera. Esta revitalización de las músicas electrónicas hardcore, que ya no fricciona en sus diferencias nacionales (pocas escenas han tenido acepciones propias tan autóctonas según el hardcore se iba realizando país por país, especialmente en Europa) y que más bien las acepta todas y las entronca en la cultura EDM en la que la mayoría de sus representantes se han criado, ha capitalizado gran parte de la explosión clubber de los últimos años. Incluso se ha infiltrado en el pop mainstream y, más allá, en la cultura popular de todos los ámbitos. En muchos sentidos, “Harmony” viene a representar esta conquista: en su segundo álbum, Brutalismus 3000 debuta en el big three de la mano de Columbia, y cuenta con la coproducción de Boys Noize y de Dylan Brady (100gecs) y con colaboraciones de Underworld, Erol Alkan, Mike Hawkins y la actriz Anya Taylor-Joy.
Esto que se puede resumir en el hecho de que el hardcore techno afianza su posición en el imaginario pop colectivo realmente se explica más por la capacidad que Vassiliki y Zeitner tienen de revestir su proyecto de una evidente ambición pop. Las melodías son cantables, directas y sencillas, en muchos casos herededas del delivery del electroclash y de DJ Hell, lo que además le aporta ese punto de mamarracheo contestatario que tan bien encaja en los efervescentes nuevos modos festivos. Las letras apenas bordean ya el eslovaco o el alemán y están cantadas casi por completo en inglés. La característica distorsión megafónica de la voz de Victoria Vassiliki aparece aquí menos enterrada por la avalancha sonora, más presente en primer plano. Y las bases son maximalistas y agresivas, pero en ningún caso impenetrables como sí sucede en compañeros de movimiento y generación como Bassvictim. El gran acierto de Brutalismus 3000 ha sido saber acercarse al eclecticismo del revival indie sleaze desde las formas de la new rave, convirtiéndose en un portal nostálgico para raveros tanto contrastados como aspiracionales, pero también en una banda con funcionalidad comercial. Cuando las luces de la disco se encienden, Vassiliki y Zeitner viven el sueño con la obscenidad de los privilegios del primer mundo: “Miss Americana, vendiendo Fenty como Rihanna”.
La neorave funciona como hilo conductor de “Harmony”, y son el hard dance, el hard trance, el hard house y el hardstyle los subgéneros que sustentan todos los temas. Pero hay ganchos de la EDM o del electroclash aquí y allá, fórmulas que entroncan con la cultura big beat y big room, y la forma final realmente se asemeja más al electropunk alemán; el disco arranca, en “No Friends In The Company”, con beats distorsionados de trap y un sonido excesivo e industrial que conecta a Death Grips con Skrillex o Boys Noize, guitarras metaleras mediante. La característica signatura zumbona y de propulsión technopunk del productor alemán se impone sobre todo en el primer tercio del disco, brillando especialmente en una “Garland” asediada por bombos gabber o en la destacada “A Milli”, conducida por una melodía pegadiza que es puro eurodance y con disonancias en la presión; “I Bring My Gun To The Function” (que no sabemos por qué es el único tema que aparece explícitamente con featuring de Boys Noize) simplemente se limita a enlazarlas a las dos.
Más interesantes son las coproducciones de Dylan Brady. “Kairo”, con sus sintes púrpura, sus rebotes de videojuego y sus efectos atmosféricos, abre nuevos caminos para el sonido ya demasiado formulado de Brutalismus 3000; y en “Friends At The Pigshed” entran en simbiosis perfecta con Underworld homenajeando su versión más primitiva con un techno implacable que parece sacado de “Dubnobasswithmyheadman” (1994). El final, tras una “Gore Louvre” canónicamente acid que sirve bien para sintetizar el sonido del dúo, es una sucesión ecléctica de formas entre el rage, el hard trance, el hyperpop y el future bass que demuestra que todavía hay una cierta ambición exploradora en ellos, pero que cada vez menos deciden perseguirla porque supondría salir peligrosamente de una zona de confort en la que a día de hoy están bastante cómodos: cuando no les llama un festival de tendencias, lo hace Skrillex para que se sumen a una de sus ciudades de la diversión. La rave: cada vez más cerca; cada vez más lejos. ∎