Antes que nada, una pregunta: ¿necesitan BTS publicar un disco en pleno 2026 para volver a la primera línea del pop mundial? La banda de k-pop masculina más popular del planeta, abanderados junto a BLACKPINK de la gran explosión mundial del género en la última década, tuvo que detener su actividad en 2022 porque sus integrantes debían completar el servicio militar obligatorio de su Corea del Sur natal. Terminado este parón –aprovechado, dicho sea de paso, para alimentar las carreras en solitario de sus siete miembros–, y con la expansión del pop coreano sin signos de ralentizarse, los Bangtan Boys reaparecen con un reguero de acontecimientos tan coreografiado como sus actuaciones: un multitudinario concierto retransmitido en directo por Netflix desde Seúl; un documental, evidentemente llamado “The Return”, en la misma plataforma; una mastodóntica gira mundial, con dos fechas en Madrid el 26 y 27 de junio –sold out fulgurante–, y un disco, sí, “ARIRANG”, el décimo álbum de BTS (sexto en coreano si dejamos a un lado los cuatro discos en japonés; hasta en esto es difícil seguirle el ritmo al k-pop).
Así que no, BTS no necesitan publicar un disco para nada en pleno 2026, pero sí que forma parte de todo un engranaje destinado a contarnos, por tierra, mar y aire, que están de vuelta. Es, de algún modo, una especie de justificación para desplegar todo lo demás.
Por eso es hasta cierto punto secundario que en este su disco de “return” hayan incorporado elementos del folklore coreano: sin ir más lejos, el título del álbum es el de una popular canción tradicional, algo así como un himno no oficial del país. Del mismo modo, en la canción de apertura del disco, “Body To Body”, se incluyen coros tradicionales de la propia “Arirang”, y la extrañísima “No. 29” es sencillamente una grabación del sonido de la campana de bronce del Rey Seongdeok, patrimonio histórico de Corea del Sur, seguida de 98 segundos de silencio. Referencias curiosas y reseñables en un grupo de su trascendencia, pero al mismo tiempo perfectamente situadas para favorecer el relato.
Más allá de la supuesta reconexión con sus raíces culturales, en “ARIRANG” también se percibe un intento de recuperar las musicales. Un reguero de colaboraciones en la producción (de Diplo a Flume pasando por Kevin Parker o los más inesperados JPEGMAFIA, El Guincho y Fakeguido) acaban desembocando en un disco más de autor, introspectivo, dominado por los medios tiempos, con estribillos milimetrados como los de la balada synthpop “SWIM” o “NORMAL”, pero también marcianadas como (nunca mejor dicho) “Aliens”, esa “Merry Go Round” en la que Kevin Parker se presta para ayudarlos a sonar como unos Tame Impala de marca blanca, o “Into The Sun”, que cierra el disco con una balada que remite al Bon Iver más autotunero.
Y, con todo, quizá este álbum es más importante para la banda de lo que lo es para el público. De alguna forma, parece como si BTS quisieran decir que ya le han demostrado al mundo de lo que son capaces –ahí están sus incursiones en el mainstream occidental de la mano de “Butter” (2022) o “Dynamite” (2020), dignas del Bruno Mars más rompepistas– y que ahora ya pueden permitirse intentar ser ellos mismos. ¿O es solo parte del relato también? ∎