Caribou, el vehículo del canadiense Dan Snaith después de pleitear sin éxito con los Dictators para recuperar su alias anterior (Manitoba), pertenece a una casta en serio peligro: la de las bandas en la encrucijada del pop, la psicodelia y la electrónica en el mundo pos-
“Merriweather Post Pavilion”, en que cada nuevo repertorio tiene que medirse con proezas como “Summertime Clothes” o “My Girls”.
La vía de escape a esa amarga auditoría por la que opta Snaith en su nuevo trabajo,
“Swim”, es perder vocación vanguardista y vaciar algunas piedritas de su caleidoscopio para entregar un disco de música de baile que podrían firmar unos Röyksopp sin atisbo comercial. Destaca la dupla inicial formada por
“Odessa” –un certero adelanto montado en un
loop de destrucción masiva– y
“Sun”, y sobran seguramente los dos experimentos con los que Snaith parece reivindicar su trocito del pastel que hoy solo les pertenece por méritos propios a Avey Tare, Panda Bear y Geologist: las soporíferas
“Bowls” y
“Lalibela”. ∎