Karina Gill continúa componiendo paisajes de exploración brumosa y ambigua para que sus compañeros en Cindy los coloreen y les den ambiente sin terminar nunca de aclarar del todo las cosas. En el comienzo, con la canción que da título a este quinto álbum del grupo de San Francisco, se podría pensar en otra solvente banda sacando más virutas de oro al tercer LP de The Velvet Underground, el reposado y etéreo.
Pero Cindy nunca saca las cosas a la superficie para que brillen y den lecciones rotundas. Todo queda en un intrigante marasmo de intenciones. De hecho, la voz está a menudo un par de puntos del potenciómetro por debajo de lo normal, difuminada tras la guitarra rítmica y el bajo predominantes, como ocurre en “Daytime” o “Killer Kid In The Camaro”. Y, sin embargo, surge del estribillo esa luminosidad que las canciones de Karina parecen buscar tras nacer en un nido oscuro.
La banda de dos chicas y dos chicos que completan Staizsh Rodrigues, Will Smith y Oli Lipton, y que tanto gusta a Stephen Pastel como para recomendarla a menudo desde su tienda de Glasgow, se concentra en lo esencial, abriendo un prólogo instrumental para dar la importancia debida a los únicos cuatro versos de “Soft Inheritance”: “Si me preguntas, querido / de dónde saqué esa mirada en mis ojos / Es la suave herencia de lo que me has dicho / mil veces”.
Tan atmosférico sin sucumbir al shoegaze como indie pop con los ánimos al ralentí, este conjunto breve de nueve canciones en menos de media hora tiene estribillos con potencial tarareable y melodías encantadoras como la de “Talking To Mary”, pero siempre al fondo, evitando sobresalir, apreciando más el brote que el desarrollo: esa pieza se resuelve en menos de un minuto y medio. Así es el mundo de Cindy, al abrigo del susurro, también cuando adopta ritmo de vals en “Procession”, prescindiendo de la batería o dejándola como mera demarcación del compás. Incluso ese sonido de trompeta aparece tan tímido que apenas esboza unas notas. Las disonancias de “The Viollins” también van en dosis homeopáticas.
Esa tensión entre el atractivo emocional y cierta frialdad distante es mayor que en su anterior álbum, “Why Not Now” (2023), y así aumenta el misterio: al terminar el disco con “Another Country II” y ese órgano minimalista dan ganas de volver a empezar para seguir desentrañando la extraña belleza, la perezosa revelación que apunta Cindy. Dicen que se han inspirado en la novela de James Baldwin del mismo título, “Otro país” (1962), en la complejidad emocional que evita dejar las cosas muy claras, en la desazón indefinible como estado de ánimo, no exento de esperanza. Ahí encajan bien los contornos de Cindy. ∎