Álbum

Delivery

Force MajeureHeavenly-[PIAS] Ibero América, 2025

Australia resiste. Desde sus confines se organiza una resistencia que iza en alto el mástil de la guitarra, lanza abruptos con celeridad, rasga las cuerdas con energía impúdica, y se envalentona con esa insolencia y descaro de los que saben que circulan por la recta más veloz de su existencia. Barricadas donde llevan tiempo asentados los hiperactivos King Gizzard & The Lizard Wizard, la forajida Amyl And The Sniffers y los calóricos The Vines, y ahora también ingresan en esas filas Delivery, combo garage-punk de Melbourne que presenta su segundo trabajo, “Force Majeure”, tras un debut publicado en 2022, “Forever Giving Handshakes”.

Su segundo álbum llega tras algunos ajustes en la formación, aunque el disco lo grabó el quinteto inicial, y se desenvuelve como un alegato rock de combustión salvaje. Delivery cargan sus obuses con una sección rítmica inapelable, voces atropelladas que aportan distintos matices, tridimensionalidad guitarrera y lírica slacker con devolución sarcástica.

Lo expresan meridianamente en “Digging The Hole”, caballería directa a la conquista. En “Like A Million Bucks” la voz de Rebbeca Allan aporta variaciones en el tono. Baterías con marca de agua Meg White irrumpen con fiereza en “Operating At A Loss”: una tríada inicial acelerada y cortante de un rock aussie vigoroso. En “What For” viran 60 grados su estilo para alinearse con sus homólogos ingleses Yard Act. “Stuck In The Game” es rock de suplemento anabólico, sin mediaciones ni sutilezas. Las que sí que encuentran en su siguiente adopción, la más comedida “The New Alphabet”. Untan los mástiles en ponche lisérgico (con distorsiones y wah-wah) para facturar un “Focus, Right” que los desplaza hacia atrás en el tiempo. Se instalan en el devenir alucinado de Syd Barrett y la cuadrilla psicodélica en otro medio tiempo estimable, “What Else”, con el que se distancian del recorrido más intenso del disco. Recuperan esa pegada en el trío de salida: “Only A Fool”, la intensidad punzante de “Put Your Back Into It” (idónea para cerrar conciertos) y ese “Exacto” de encomiable progreso rítmico. Transcurridos los 39 minutos, puede que no haya habido alud como en la película sueca al que alude el título del disco, pero la entrega resulta vigorosa y satisfactoria. La propuesta de los australianos añade artillería de combate a ese garage beligerante que llega desde las antípodas. ∎

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