Álbum

Erykah Badu - The Alchemist

Before The World BlowsControl Freaq-Young-Popstock, 2026
Erykah Badu y The Alchemist se conocieron hace tres años a través de Cold Chris, amigo y colaborador de la cantante desde sus tiempos de rapera en Dallas a mediados de los ochenta, porque ella quería versionar “The Realest”, un tema que el productor angelino había producido en 1999 para Mobb Deep basándose esencialmente en la línea (acelerada) de bajo del clásico Philly soul de Ecstasy, Passion & Pain “Born To Lose You”. El resultado de este primer contacto fue “Next To You” en verano de 2025, primer lanzamiento totalmente independiente de Badu bajo el paraguas de su propio sello, Control Freaq, y, honestamente, canción algo decepcionante por lo plano teniendo en cuenta la trayectoria y el pedigrí que se le presupone a sus dos autores, una visionaria imprescindible para la fundación del neosoul y un genio de la psicodelia y la sampledelia a los platos del hip hop contemporáneo con créditos para Prodigy, Armand Hammer, Domo Genesis, Boldy James, Earl Sweatshirt, MIKE o Roc Marciano y en pleno roll-out, entonces, de “Alfredo 2”, magnífica secuela de su colaboración con Freddie Gibbs.

Durante aquel verano, Badu y Al se embarcaron en una gira conjunta con varias fechas en Japón, y anunciaron de forma oficial la existencia de un proyecto a medias con el nombre de Abi & Alan. En los conciertos subsiguientes, distintas canciones fueron saliendo a la luz (en versiones acústicas, con diferentes mezclas...), con la vista puesta en un supuesto lanzamiento largo en agosto que, finalmente, se pospuso indefinidamente a un día de su salida. Ha tenido que pasar un año entero para que finalmente tengamos el prometido producto de la unión creativa entre Erica Abi Wright y Alan Daniel Maman (así se llaman realmente los dos implicados), que aterriza desde algún espacio exterior firmado con sus alias más reconocidos y con el nombre de “Before The World Blows”: se han tomado su tiempo para armar y rearmar un trabajo que, en su trasfondo, avisa de un mundo a punto del colapso que nos urge a saldar las cuentas pendientes. Contradictorio y, cuando menos, curioso.

Esta paradoja temporal (tenemos prisa por hacer algo sin prisa) es uno de los temas centrales del disco, como el tiempo en sí mismo: ante un hiperacelacionismo muy relacionado con la tecnología, la única respuesta es parar las maquinarias, ralentizar los beats, extenderlos innecesariamente buscando desafiar la capacidad de atención de un oyente cada vez más distraído. Y para esto pocos productores en la actualidad mejores que The Alchemist, maestro de la distorsión espacio-temporal. El tiempo no va a empañar el legado de Badu. El tiempo sanará las heridas causadas por el desamor o por la decepción que constantemente nos genera el devenir de la sociedad. El tiempo se plegará y se desplegará a placer ante nuestra propia percepción. Si el tiempo no se fuera a acabar no tendríamos muy claro lo que significa la vida. “Si Dios me hubiera dado el camino fácil, quizá no hubiera entendido nunca lo mucho que le necesito”, como dice Earl Sweatshirt en la que es de largo la mejor barra del disco.

“Before The World Blows”, así, se extiende a lo largo de dieciséis canciones durante más de una hora en la que Badu reflexiona acerca de su propia cotidianidad, la herencia de la negritud y los valores de resistencia y resiliencia, el amor, las redes sociales o la espiritualidad como salvación final ante los envites de la vida sobre unos beats de The Alchemist que oscilan, como es habitual en él, entre el soul y el jazz, entre la psicodelia y el lo-fi, entre el boom bap y un hip hop alternativo, mórbido y espacial. La inicial y casi comatosa “Echoes”, uno de los primeros temas presentados, marca el camino con sus siete minutos de bleeps, de loops fantasmagóricos, de detalles prog, de atmósferas siniestras y de ritmos narcotizados, antes de incendiarse más por dentro que fuera en una anticatarsis soul. “Cuando el beat vuelve a entrar al final, es como si el avión aterrizara de un viaje psicodélico”, le ha dicho el productor a ‘Crack Magazine’. Y en general el disco se ve muy reflejado en eso: la vida sentimental de Badu, su propia experiencia como mujer negra, los valores que quiere dejarles en herencia a sus hijas… Todo pasa como alucinaciones desafiando las leyes del tiempo y entre constantes cambios de ritmo y de beat, como el que envía “I Just Play A Part” de un rap soul pantanoso e hipnótico a esa galaxia de Andrómeda que tan bien saben navegar Gorillaz.

No quiere decir que esto sea exclusivamente un disco de loops, aunque algunos de sus mejores momentos –como la hiphopera “No I.D.” o la más funky “Breezy”– provengan del endemoniado trabajo de patchwork que acomete The Alchemist. La gran mayoría de las instrumentales las han grabado en el estudio con músicos e instrumentos reales, viejos y nuevos colaboradores habituales de Badu como Thundercat –fundamental al bajo en la intimísima “Crossfade” o en la más jazzy “They Ain’t You”–, Josef Leimberg, el percusionista DJ Quik, RC Williams, Young Guru o Kamasi Washington. Earl Sweatshirt, Westside Gunn, DRAM o Steve Lacy aparecen con textos propios o ad-libs demostrando la conexión tanto de Badu como de Al con las nuevas generaciones del hip hop. Y en “Abracadabra” queda claro que Badu no reniega de su pasado: es una versión de una canción de Jay Electronica de la época en la que ambos mantuvieron una relación sentimental de la que salió una hija en común.

Hay momentos en los que la sensación de que todo se eterniza dificulta muchísimo una escucha unificada: en “With Doctor”, mientras Badu se reconoce más a sí misma como curandera chamánica que como “bruja”, The Alchemist se enreda de más en un break instrumental triposo más esperable de unos Led Zeppelin; el final de una ya latente “Love Me Not” se convierte en un interludio sobre una sesión de depilación que sale mal; y hay un momento entre “To The Moon (Plan C)” y “Hot BiBi (Apostle 2)” en que uno no sabe si ha caído ya completamente en la fiebre psicodélica o es que ha perdido totalmente el interés. Pero en general este que es el primer disco largo de Erykah Badu en dieciséis años (si contáramos la mixtape “But You Caint Use My Phone”, de 2015, seguirían siendo once) consigue abrir una vía más hipnótica, reflexiva y de baja fidelidad para la leyenda del hip hop-soul sin sacarla completamente de su zona de confort e influencia habitual, y sin imponer en absoluto el sonido de The Alchemist, que por cierto era la primera vez que trabajaba con una cantante. No era fácil, y que los dos salgan bien parados, desde luego, tampoco es poco. ∎

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