Fred again.. añade un nuevo capítulo a la playlist que forma su disco infinito. “USB002” es la segunda tanda de su álbum no-álbum cuyo propósito, en primera instancia, es ir añadiendo canciones nuevas a la cola. El ejercicio se presentó el pasado año bajo la premisa de hacer 10 fechas en 10 ciudades, anunciadas con tan solo unos pocos días de margen. En cada una de ellas, estrenaba una nueva canción: Madrid estuvo dentro del tour, pero también Ciudad de México, Londres o Nueva York. Así, más que un lanzamiento convencional, es la segunda entrega de un archivo sonoro en desarrollo continuo, compuesto por ideas capturadas en movimiento: giras, habitaciones de hotel y sesiones espontáneas, reforzando la idea de la música como un organismo vivo que se valida frente al público.
Así, aunque “USB002” se plantea como imprevisible, es extremadamente deliberado. En 2025, la música de baile vive una paradoja que roza la esquizofrenia cultural: Fred again.. ocupa un estadio como el LA Memorial Coliseum y el DJ, tradicionalmente en el sótano, pasa a convertirse en una popstar. Algo esencial de la cultura de club es que la rave no puede suceder del todo cuando se traslada a entornos que privilegian lo filmable y lo monumental, y de ahí que el productor, aun ganando público global, lo pierde en su propio nicho. En ese marco, la serie “USB” de Fred Gibson puede leerse como un mecanismo de autenticación (una operación de atribución de verdad, más que una esencia natural) destinado a mantener la credibilidad cuando su proyecto se vuelve, inevitablemente, mainstream. En términos de legitimidad, la jugada es sutil: en lugar de presentarse como autor totémico que entrega obra acabada, Fred se presenta como trabajador de la escena. No es casual que, incluso cuando el plantel de invitados es enorme (CA7RIEL & Paco Amoroso, Ezra Collective, Floating Points, Caribou, JPEGMAFIA, Anderson .Paak, Danny Brown, o Amyl And The Sniffers), se señale que el resultado se parece más a una curaduría, del mismo modo que los DJs van añadiendo canciones a un prendrive interminable con el fin de generar un viaje en sus sets. De este modo, el enfoque conecta “USB” con una tradición previa de proyectos que entendían el álbum no como obra cerrada, sino como archivo en expansión (como los DJ-Kicks), pero articulado desde el pop más descarado.
En el plano estrictamente sonoro, “USB002” confirma un desplazamiento claro respecto a la serie “Actual Life” (2020-2022). Allí donde aquellos discos articulaban una electrónica emocional, casi diarística, apoyada en samples vocales íntimos y progresiones melódicas deudoras del deep house, aquí Fred again.. opta por una lógica abiertamente funcional, apostando por algo más cercano a la época más luminosa del EDM (que a la vez fue la más oscura de la electrónica experimental). UK garage, breakbeats, techno y drum’n’bass estructuran un conjunto de pistas pensadas para operar en la pista antes que en la escucha privada, con una producción musculosa y nada contenida. Temas como “..FEISTY” o “ICEY..” se construyen a partir de bajos abrasivos y percusiones secas que remiten tanto al garage londinense de principios de los dos mil como a cierta tradición del techno industrial más reciente. Sin embargo, incluso en sus momentos más agresivos, Fred evita el colapso del mix: cada elemento encuentra su lugar, una herencia clara de su formación en el pop, donde la legibilidad sigue siendo central incluso en contextos de alta intensidad. En ese sentido, su sonido se sitúa más cerca de la claridad expansiva de productores como Overmono o Four Tet que del caos deliberado de escenas más radicales.
Ahí reside también su límite. Aunque el formato promete apertura infinita, el horizonte estético de “USB002” resulta sorprendentemente acotado: prima el maximalismo por encima de todo, pues como productor plenamente instalado en el centro de la cultura electrónica global opera desde un privilegio que acota enormemente sus referencias iniciales. “USB002” no dice tanto hacia dónde va la música de baile como desde dónde está operando ahora: la electrónica de club se vuelve, sin remedio, música de masas, y necesita reinventar constantemente sus mecanismos de autenticación para no perderse en el proceso. ∎