Cuando Derwin Dicker saltó a una discreta y paradójica fama con “Lucky Shiner” (2010), apenas se sabía nada de quién se escondía detrás de su seudónimo, Gold Panda. El productor británico se convirtió en una de las puntas de lanza de la indietrónica junto a otros cabezas de turco como Bonobo o poco después TEED, pero en su caso con un estilo particularmente basado en el sampleo que remitía a una de sus pasiones originarias, el hip hop. Dicker realizó en aquella década un extraordinario goteo de EPs para sellos como Ghostly, Notown y City Slang y también lanzó dos LPs que terminaron de pulir e institucionalizar ese estilo entre el downtempo, la psicodelia y la electrónica más melódica. Todo ello le conduciría a salir definitivamente del anonimato… Y a publicar en 2022 la que hasta ahora era su última referencia larga: “The Work”.
Durante estos últimos años, Gold Panda ha ido adquiriendo una actitud cada vez más desenfadada o menos enfant terrible. El extraordinario humor, la ironía y el sarcasmo que le atribuían entrevistadores y colaboradores fueron poco a poco añadiendo lore al personaje público de Dicker, que contaba con apariciones extrañas y divertidas en entrevistas, sets cada vez menos cerebrales y en general un ethos menos pesado. Pero esto no comenzó a reflejarse en su música hasta “The Work”, que abrió un nuevo capítulo vital y musical para el británico, uno más ligero con el que ya había tonteado en sus escaramuzas como DJ Jenifa.
Fue de la mano de Fort Romeau y precisamente de Studio Barnhus –el sello que publica “TON UP”– como Gold Panda comenzó a subir los BPMs de sus temas, sin preocuparse tanto por generar tracks tan mentales y sugestivos. En “TON UP”, Derwin suelta lastre con un LP breve de diez cortes –dos de ellos son interludios– que corren a 140 BPMs sin demasiada compasión. Samples soul, house, bombos salvajes y una forma de percutir que en cierto sentido puede sonar anómala para su autor. Pero lo cierto es que sobre el papel el quinto álbum del otrora elusivo productor va a la raíz de su sonido: sampleo milimétrico, pasión por el groove e incluso alguna referencia explícita a beats de hip hop, como “BONUS BEAT”.
Es esa latencia de breaks, ya sean más propios de un tema de rap o de un house enfervorecido, la que conecta a Dicker con un amigo suyo, Caribou, artista que con el lanzamiento de “Suddenly” (2020) cerró un círculo para muchos músicos británicos de electrónica de las dos primeras décadas del siglo XXI. En dicho LP era capaz de sonar a Madlib mientras con su seudónimo Daphni producía algunos de los temas house más frescos de la década pasada. Y precisamente “TON UP” suena como Daphni. Un disco con mucho prefijo des- (desinhibido, desenfadado, desenfrenado) en el que Gold Panda suena menos sofisticado y sugerente que en sus anteriores referencias, aunque a nadie le amarga un dulce helado en verano. ∎