“Night CRIÚ” es el cuarto álbum en solitario de Hilary Woods, todos publicados desde el año 2018 por Sacred Bones excepto el más experimental “Isolation Tank” (Boomkat, 2020). La música de la dublinesa hunde sus raíces en un folk sazonado de drone, voces enigmáticas y arreglos de cuerda con destellos cinematográficos. Según asegura el press release, Woods ha encontrado inspiración en las escuelas de cine checo e italiano. Escuchando, a modo de ejemplo, la música de “Valerie And Her Week Of Wonders” (1970), dirigida por Jaromil Jireš, pueden detectarse ciertos paralelismos, más sin embargo en la reinterpretación de la banda sonora que publicaron en 2007 The Valery Project (la superbanda de freak folk de Filadelfia liderada por Greg Weeks, de Espers) que en la música original de Luboš Fišer.
A diferencia de dos sus álbumes anteriores, ambos instrumentales, “Feral Hymns” (2021) y “Acts Of Light” (2023), Woods ha decidido poner su voz en la mayor parte de las siete canciones que componen su nuevo trabajo –escogidas entre un puñado de viejas maquetas–. “Criú” significa en gaélico irlandés “tripulación”. Y es verdad que su sonido resulta a menudo lejano, rumoroso, fantasmagórico, como las voces del coro de niños –con algún sobrino de Woods– en la portuaria “Voce”, uno de esos temas de apertura perfectos para introducir al oyente en un hábitat sonoro especial. Y el de “Night CRIÚ” no decepciona.
Es el corte que más recuerda al folk tradicional irlandés. Woods lo transpone a su propio mundo añadiendo cuerdas, un ritmo procesionario, campanas fúnebres incluidas, y más coros de castos infantes replicando las palabras pronunciadas por la autora: “I can hear your voice, don’t know how it feels like”. Marca el inicio de un ciclo de canciones donde las voces infantiles suponen una apuesta segura a la hora introducir sentimientos contrapuestos de euforia y melancolía, de comunidad terrenal y otredad celeste. “Taper” es una canción de amor con trote wéstern –el neoyorquino Cheval Sombre es experto en esta clase de marchas pausadas– que habla de “ausencias presentes”, como la que representa la misma música grabada sin ir más lejos. Los niños cantan: “En un azul bien abierto el verano mueve el aire helado, puedo ver los caminos descartados moviéndose a través de tu pelo dorado”. La litúrgica “Offering” es la tercera pieza donde el coro interviene a modo de salmo con otras voces sampleadas sobre una línea de órgano que recuerda a los Current 93 menos tenebrosos dependiendo de la imaginación de cada cual.
La base musical de “Night CRIÚ” es melódica y esotérica como la de Angelo Badalamenti o Krzysztof Komeda. “Brightly” repite los mismos acordes iniciales que el tema principal de “La semilla del diablo” (1968), del segundo maestro citado, aunque sus tonos menores acaban emparentándola más con Matt Elliott –Third Eye Foundation– o, mejor, con los añorados Low, cuya sombra benéfica es bien alargada en la conmovedora “Faults”. “Endgames”, otro de los temas más potentes del álbum, de nuevo reminiscente de los Badalamenti y Julee Cruise de “Twin Peaks” por tirar de tópico, es lo que más se acercaría al “pop” en “Night CRIÚ” a pesar de su violonchelo ominoso, luminiscentes glissandos de arpa, letras que suenan a murder ballad y unos arreglos de cuerda que introducen sentimientos líricos, como de balada oceánica, que saben elevar el espíritu sin temor a la caída. Y al final de esa “santa compaña” de personajes nocturnos y poco alevosos llega “Shelter”, que significa refugio, santuario, cerrando el círculo ciertamente virtuoso del disco.
Escrito y producido por la antigua bajista de JJ72 –con la ayuda de Dean Hurley, mano derecha en la carrera musical de David Lynch, y Oliver Turley–, grabado entre 2023 y 2025 en Dublín, Londres, Letonia y EE.UU. con la ayuda del percusionista Gabriel Ferrandini, el flautista Ajo Gonsenica y la resonante The Hangleton Brass Band, “Night CRIÚ” es un viaje denso y atmosférico a las profundidades de la noche que rezuma autenticidad, sin vampiros ni decorados cartón piedra sino con sueños, inconsciencias, deseos y visiones, inquietante a la vez que luminoso, cubierto de capas sonoras y de significados que escapan a la razón pero que te arropan y protegen con su belleza. Sin lugar a dudas, de momento, lo mejor de Hilary Woods. ∎