Álbum

Holy Fuck

Event BeatSatellite Services, 2026
En 2004, Brian Borcherdt y Graham Walsh pusieron en marcha en Toronto un proyecto cuya premisa era tan simple como improbable: hacer música electrónica sin ordenador. Una posición estética irrenunciable, ajena al gimmick. Veintidós años, seis álbumes y una pandemia de por medio, “Event Beat” –el sexto disco del cuarteto canadiense completado con el bajista Matt “Punchy” McQuaid y el batería Matt Schulz– demuestra que esa premisa seguía siendo fértil. La confirmación llega en el momento adecuado: el single “Lost Cool”, publicado en 2021 con la vocalista Lucia Tacchetti, se coló en la banda sonora de “La sustancia” (Coralie Fargeat, 2024) y devolvió a Holy Fuck a la conversación sin que la banda hubiera movido un solo músculo para que así fuera.

El disco nació de una reunión en marzo de 2022, en The Great Hall de Great Village (Nova Scotia): los cuatro viviendo juntos, sin agenda, dejando correr las ideas. El resultado se distribuyó entre varios locales de Toronto, Akron y Dartmouth durante los años siguientes, pero el espíritu de ese rencuentro impregna cada pista. “Event Beat” evita los click tracks y los loops prefabricados con la misma convicción de siempre. La filosofía es conocida, pero sigue siendo contracultural en 2026: la improvisación como método, el cuerpo humano como regulador del tiempo, el error como característica de diseño. El beneficio es audible desde el primer minuto de “Evie”, donde McQuaid clava una línea de bajo punteada contra un zumbido atonal mientras Borcherdt vocaliza al fondo con la voz reverberada. Es un mecanismo antes que una canción, algo diseñado para desarrollarse en un bucle infinito sin que el oyente lo note.

La mitad del disco funciona como música de baile con plena conciencia de sí misma. “Elevate” es el intento más declarado: Walsh ha dicho en entrevistas que tenía en la cabeza los grandes temas de techno épico de Orbital y Underworld, y el resultado –con sus capas que se acumulan durante cuatro minutos y medio– lo consigue preservando la torpeza orgánica que distingue a Holy Fuck de cualquier proyecto de club que use los mismos referentes. No es frío. “Czar” va por otro lado: graves que rebotan, caos calculado, algo que suena a accidente feliz y que en concierto tendrá que ser un problema a resolver cada noche. Borcherdt lo ha reconocido con cierta resignación: tendrá que aprenderse muy bien sus imperfecciones. “Gold Flakes” dura más de cinco minutos y utiliza elementos de collage sonoro de tipo musique concrète sobre una marcha krautrock de bajo rodante que desvela capas nuevas con cada escucha. Walsh cita a J Dilla entre las influencias de “Czar”, y esa referencia dice mucho sobre cómo Holy Fuck entiende el ritmo: como algo que tiene que tener peso, que tiene que ir hacia algún sitio con intención aunque llegue a trompicones.

La pista titular cierra el disco con arpa de Mairi Chaimbeul, colaboradora habitual del proyecto semiclásico de Borcherdt, Quilting, y convierte los últimos tres minutos en algo inesperadamente pastoral. Que un disco construido sobre la urgencia física termine con cuerdas acústicas y espacio es la última broma de una banda que lleva dos décadas resistiéndose a que la coloquen donde es fácil colocarla. ∎

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