Álbum

Jon Spencer

Songs Of Personal Loss And ProtestBronze Rat, 2026

Jon Spencer is back, baby. Apenas dos años después de “Sick Of Being Sick!” (2024), álbum con el que estrenaba un trío renovadísimo con el batería Macky Spider Bowman y la bajista Kendall Wind –ambos en The Bobby Lees–, quienes entonces salían en la portada como si el mismísimo Spencer los hubiera criado. Pues eso parece, sí. Resulta que los pipiolos han crecido un poco, y aunque en aquel disco era evidente que iban a poder seguir el febrir ritmo del ex Pussy Galore, la fórmula se está perfeccionando y asentando en un trabajo más extenso, con doce temas de factura impecable y secuenciados en el orden apropiado. A ver, la chavalada se ha fogueado tocando el repertorio de The Jon Spencer Blues Explosion… y su propio material con The Bobby Lees, deriva punkoide inclasificable.

“Songs Of Personal Loss And Protest”, que así se llama este disco, de entrada expone, en su título, dos fuerzas contrapuestas: si la pérdida evoca estados de introspección y tristeza, la protesta es todo lo contrario, extrovertida y rabiosa. A Spencer lo ligamos sin duda a la extroversión, es obvio dado su perfil rutilante y excesivo de siempre: solo tienes que escuchar “Orange Slice Blues” o “Step On The Gas” para comprobar cómo la intensidad de nuestro hombre sigue en un punto altísimo.

“Fanfare (Another Point Of View)” es una invitación a rockear con un fraseo de guitarra de apariencia inofensiva si no fuera porque pronto la maquinaria de Spencer se pone en marcha y coloca la canción por sus derroteros, manteniendo el tipo en el siguiente corte, “Vermin Attack!”, que empieza amenazante: aquí Jon escupe, casi, las palabras, y los cambios de ritmo se suceden (el trabajo de las voces es de nota). Baja el pistón en “Hangover”, donde encierra su propio speech en filtros y fuzz y unas baterías aplacadas. “Knock ‘Em Out” fue un single perfecto por su toque cheerleader en un estribillo tan new wave que en principio no sonaría a nada de lo que este tío haya hecho antes si no fuera porque Jon Spencer nunca podrá sonar a nada que no sea Jon Spencer. Las clásicas parrafadas no pueden faltar, ese spoken word peculiar, vacilonismo natural de quien se lo puede permitir, convertido en un narrador de relatos sucios. Ejemplo: “Wet And Wild”, bautizada como una barra de labios, va por derroteros que hablan de sugar daddies (“benefactor”, clama, irónico), con un sorprendente guiño a Morricone.

“Porque muchos son llamados, y pocos los escogidos” (Mateo 22, 14), no suele pasar que haya tantos grupos/artistas capaces de levantar su propia iglesia, si se me permite la exageración bíblica. Y aunque la sombra de JSBX no es nada larga en esta nueva encarnación de Spencer, la del propio Jon sí que lo es. Se trata, eso sí, de una versión que no se atasca en el rock’n’roll canónico ni peca de garagerismo sin sentido, explorando su faceta funky –que la tuvo siempre– gracias a la destreza de Wind (“Give It Up 4 The Devil”), compañera de baile de las guitarras del líder del trío, que suenan endiabladamente bien. ∎

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