Álbum

KMRU

KinEditions Mego, 2026

“Peel” (2020) fue el disco que puso en el mapa el nombre de Joseph Kamaru. El productor keniano, residente desde hace años en Berlín, se posicionó rápidamente como uno de los nombres más estimulantes del nuevo ambient, aprovechando –sin necesariamente pretenderlo– una nueva corriente a favor del género que tuvo mucho que ver con la pandemia mundial de ese mismo año. Peter Rehberg (Pita, jefe de Mego y referente de culto del noise y la electrónica experimental) fue uno de sus mayores valedores, y su apuesta firme por el universo sonoro de KMRU sin duda impulsó la carrera del músico de Nairobi, que desde entonces no ha parado de sacar material en sellos como Phantom Limb, Touch o su propia plataforma (OFNOT), y de colaborar con artistas como Kevin Martin, Aho Ssan o Lamin Fofana.

Quizá sea buen momento para recordar el concierto que KMRU ofreció en la basílica de Santa Maria del Mar en Barcelona en 2021, pocos meses después de la aparición de “Peel”. La cola para entrar al recinto varios minutos antes de que empezara certificó la condición de acontecimiento de la velada, avalada por lo que se vivió después dentro de la iglesia, y confirmó la creciente fama en los circuitos de la vanguardia y la experimentación global del africano.

“Kin” es su segundo álbum en Editions Mego, y se presenta (y se percibe) como un claro continuador de “Peel”, además de un homenaje directo a la figura de Rehberg, fallecido en 2021. El tono y las texturas son similares: grabaciones de campo manipuladas buscando los límites de la expresión sónica, ruido blanco que evoca la pesadumbre de la vida urbana (muy en la línea también de su disco con Martin de hace dos años), belleza eléctrica y extática que aparece con la repetición y la superposición de capas de sonido, y una apuesta decidida (como es habitual en él) por la densidad, la distorsión, la presión del volumen y los minutajes generosos.

La abrasiva “Blurred” y el cierre con “By Absence” se van más allá de los diez y veinte minutos respectivamente, y se pueden escuchar como piezas aisladas y cerradas en sí mismas, más allá del contexto del álbum. En la primera, Kamaru cuenta con la complicidad de Christian Fennesz, con quien compartió gira en 2022 y que ahora es ya su amigo y su colaborador más cercano. El venerado músico vienés saca su laptop y su guitarra para amplificar aún más la energía bruta que desprende la composición y deja su huella de forma notable en “Kin”. En la segunda, Kamaru muestra el lado más armónico y emotivo de su música, abriendo un poco la ventana de la habitación aunque la visión del exterior aparezca tan borrosa y nublada como la de la portada.

Pero, más allá de estos dos highlights evidentes, hay que decir que dos de los momentos más intensos y conseguidos de “Kin” llegan precisamente con los dos temas más cortos: “With Trees Where We Can See”, que abre el recorrido poniendo las bases de lo que vendrá después, y, especialmente, “We Are”, que arranca sin rodeos con lo que parecen unas gaitas distorsionadas hiperexpresivas que tensan los músculos y erizan todo el vello de la piel. ∎

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