Lea Leone es una artista novísima, que no novata. Solo hace falta detenerse a leer las letras de este su primer álbum de estudio, “Alodinia”, incluso sin música, para sentir el impacto literario y estético de su composición. Es un álbum de pop independiente de alto nivel, con oscuras y fuertes raíces folk. De su linaje, hija de Isabel León y de Fernando Alfaro, Natalia Alfaro León hereda una tradición artística significativa que se refleja en canciones que se distinguen por un lenguaje que arde a fuego lento con los sutiles detalles del pop más frágil. Hay suavidad en cada rincón de este álbum con el que debuta en Subterfuge.
Pero ¿qué es la alodinia? Alodinia es un síntoma y no una enfermedad en sí misma. Es un término que hace referencia a la sensación de dolor ante estímulos que, en condiciones normales, no deberían provocar dolor. Pues así es la música de Lea Leone, capaz de despertar todas esas sensaciones. Las diez canciones se presentan en un trabajo serio y templado en su superficie pero profundamente conmovedor y al límite de la fragilidad en su interior, exponiendo así su propia vulnerabilidad. Es el perfecto reflejo de la cotidianidad, el paso del tiempo, la dependencia emocional y química, los miedos internos, la intimidad compartida y la dualidad entre la verdad y la mentira.
Es impactante y cabe señalar la capacidad que tienen sus canciones de proyectar sombras de bandas a las que queremos mucho y echamos muchísimo de menos, como La Buena Vida, Family o incluso Le Mans. Podríamos estar reviviendo el auge del pop independiente español de la década de los noventa junto a ella, una era que marcó un apogeo extraordinario en la escena musical. Es como si con “Alodinia” se abriera una pequeña rendija en la puerta a la esencia misma de aquel período con el que sí, efectivamente, “nos estalla el corazón”, provocando una sonrisa cómplice. Esa sensación de que aquel que no sufre o sonríe con estas canciones no está viviendo la vida.
“encajar #3” es la más que acertada pista de apertura. En ella destaca la suave solemnidad de su voz y las metáforas celestiales con las que explora la complejidad de la conexión entre los protagonistas de la historia. Sutilmente más pop, pero profundamente triste, “el tiempo” reflexiona sobre el paso de los años, la transformación física y emocional. Hay que escuchar esta canción con precaución y pañuelo en mano. “la droga” explora la analogía entre una relación intensa y la dependencia química, casi como si Pedro San Martín resurgiera para acompañar a Irantzu Valencia –ambos componentes de La Buena Vida– y se les uniera Nacho Vegas para proyectar turbulencias.
En “bola de cristal (nieve)” se aborda la necesidad de consuelo y apoyo emocional, con frases como cuchillos: “Siempre me hablas de paciencia y te quiero matar. Es tan fácil si lo dices tú desde ese altar”. Ese espacio claustrofóbico vuelve con “la pecera”, su lucha interna y la falta de claridad. En “hazme un pequeño favor” nos encontramos una balada algo menos digerible y que nos recuerda al pop más dulce de La Oreja de Van Gogh. Otro momento de intimidad y conexión lo encontramos en “pelo revuelto”, una pista extraordinaria por su estallido musical central.
Para finalizar, queremos destacar el sencillo “esa melodía”. Enterrada en medio del disco, esta pista hace de puente para contarnos una película interior que “sería un éxito en taquilla”. En muchas de estas canciones ella misma ha admitido que bullen influencias de Broadcast o Leonard Cohen. Hay que puntualizar que Lea Leona es la autora y compositora de sus canciones con guitarra acústica o eléctrica en mano. Los arreglos de guitarras, pianos y sintetizadores son obra principalmente de Eloy Bernal, quien también toca el bajo en la mayoría de las canciones, excepto en “esa melodía” y “el fugitivo”, donde Pedro Ortiz asume el papel de bajista. La batería ha ido a cargo de Pedro Señalada.
Queda claro con la escucha reiterada de “Alodinia” que Lea Leone no es una intrusa y que en su álbum nada queda al azar. Se ha dedicado el tiempo necesario para elaborar con atención uno de los álbumes más sutiles de este año. ∎