Álbum

Lenny Kaye

Goin’ LocalYep Roc, 2026

¿Cuántos álbumes responden de verdad a una imperiosa necesidad creativa, emergiendo como si fueran testimonios vitales que alguna posteridad tendrá en cuenta? El mundo rebosa de discos disfrutables pero plenamente prescindibles, nacidos del capricho, del aburrimiento o de la pura vanidad. Y eso es algo que difícilmente alguien podría afearle a este artefacto: si llevas prácticamente setenta años en el mundo de la música, has sido la mano derecha de Patti Smith durante décadas, has producido discos de Suzanne Vega, Kristin Hersh, James o Soul Asylum y has desempeñado una labor de pionero divulgador musical como impulsor de la legendaria recopilación “Nuggets. Original Artyfacts From The First Psychedelic Era, 1965–1968” (1972) y escribiendo libros referenciales sobre Waylon Jennings, los crooners de los años treinta y algunos momentos clave en la historia del rock (al margen de un buen puñado de artículos en medios como ‘Rolling Stone’, ‘Jazz & Pop’, ‘Crawdaddy’, ‘Melody Maker’ o ‘Creem’), estás más legitimado que nadie en este planeta para publicar un disco a tu nombre. Lenny Kaye debuta en solitario a los 79 años, sí: algo excepcional no solo en el ámbito de la música popular, sino en un mundo cada vez más edadista (el único remoto precedente es “I’ve Got A Right” de 1984, su trabajo al frente del proyecto The Lenny Kaye Connection), y lo hace con doce canciones de regio aliento clásico, de una belleza tan atemporal como la portada que las enmarca, y que justifican cualquier espera o expectativa razonable. Sabe demasiado este diablo, por viejo y por leído, como para depararnos una entrega desvaída o descafeinada.

Ha contado para ello con la ayuda de viejos conocidos, como Tony Shanahan al bajo, Mark Sacco y Jeff Barg a la batería y el pianista de jazz Matthew Shipp al teclado. Y con colaboraciones puntuales que introducen el matiz que requiere cada canción. La mandolina de John Jackson (The Jayhawks) adereza “If I Were You”, uno de los muchos medios tiempos, del mismo modo que el violín de Tim Carbone (Railroad Earth) añade lirismo a “Pennsylvania Girls”, corte que subraya su amor por el estado que lo acoge desde hace casi cuarenta años, en una clave muy loureediana. Inversamente, se acerca mucho más a Bob Dylan que a Lou Reed en “The Things You Leave Behind”, lúcida disección sobre acumular objetos de valor cultural a lo largo de una vida (no me quiero ni imaginar lo que tendrá en su casa), embargada también por esa tónica generalmente autobiográfica que preside casi todo este “Goin’ Local”.

Es obvio que Kaye ha vivido mucho y que sabe muy bien cómo contarlo, que maneja extraordinariamente las palabras (vale la pena prestar atención a la letra de “World Book Night”) y su traducción a sonidos. En la balada acústica “Let’s Make A Memory” echa la vista atrás para rememorar sus años formativos en Nueva York y su tránsito a Pennsylvania, con la ayuda en las voces de Lisa Burns (The Lovin’ Kind) y de Matthew Shipp al piano, mientras que “Yes I Will” (precioso y delicado cierre del álbum) rinde tributo a su tío, el compositor clásico Larry Kusik (a quien le cantó la canción horas antes de morir en un hospital en 2011), y aprovecha para dedicársela también a la memoria de su amigo Andy Paley, vocalista de una de las primeras bandas que produjo –The Sidewinders– y pionero power pop al frente de The Paley Brothers (más tarde produjo a Brian Wilson, Jonathan Richman o Greenberry Woods).

Uno de los puntos álgidos es la poética “Solstice”, escrita a medias con una Patti Smith cuya voz comparece muy en segundo plano, como queriendo no restarle protagonismo. Su génesis también data de hace muchos años, y es lo más directo que aquí podréis escuchar, con madera de single, junto al vigoroso tema titular o la también muy dinámica “A Friend Like You”, que es una versión en inglés de “Pas d’ami (comme toi)”, del suizo Stephan Eicher, que descubrió en 1991, y aquí eleva a otra dimensión mediante el más vistoso solo de guitarra eléctrica de todo el disco. Afirma Lenny Kaye sentirse como un artista nuevo. Como si empezara de cero. Y se entiende perfectamente tras la escucha de estos jugosos cuarenta minutos. ∎

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