Álbum

Lila Downs

Cambias mi mundoSony, 2026

Le contaba Lila Downs a César Luquero (en la magnífica entrevista que mantuvieron a propósito de este disco) que quiso que todo sonase más natural, más orgánico, más fluido, sin el envaramiento de la posproducción. Porque hablamos de canciones frondosas, complejas en su instrumentación, pero que no requieren –en parte, precisamente por eso– demasiado rebozado en el estudio: ya está todo dicho en sus primeras plasmaciones. Creo que no solo lo ha conseguido, sino que también ha ampliado considerablemente el rango estilístico y geográfico de un cancionero como el suyo, ya de por sí manifiestamente panamericano a lo ancho y largo de sus once álbumes precedentes: la vocalista, compositora, antropóloga, productora y actriz mexicana sintoniza mentalmente la música en la misma frecuencia que Rubén Blades, Gaby Moreno o Mon Laferte (por poner tres ejemplos dispares), en la conciencia de que todo el continente articula un sistema de lenguajes interconectados, que trasciende fronteras.

Se aprecia ya desde la cumbia de “Cambias mi mundo”, a medias con la rapera californiana Snow Tha Product: una apertura homónima que aboga por el empoderamiento (perdón) femenino sin caer en el sermón, porque es precisamente esa reivindicación del talento y la resiliencia (perdón otra vez) de la mujer –de toda condición– el leitmotiv de fondo de estas diez canciones. Sin panfletarismos. Con (mucho) conocimiento de causa. Es la historia de su vida, que diría Morrissey. El bolero asoma un par de veces: de forma más que explícita en “El beso” y algo más entreverada en la melancólica “Amo-Te”, con su compatriota Leonel García dándole el contrapunto. Y una vibración similar transmite una “Mal de amores” que, en su sutil acercamiento al huapango, acaba arrimándose al jazz manouche consagrado por Django Reinhardt, leyenda por la cual siente clara devoción.

El exuberante periplo musical enfila en dirección al Caribe con “El jardín del placer”, corte de tinte tropical y afrocubano junto al cubano-canadiense Álex Cuba. Y la fusión natural de latitudes se expande aún más con la chilena oaxaqueña de “La pochota”, inspirada en el árbol sagrado de la ceiba y en la travesía emprendida por los chilenos y afroperuanos que llegaban a Oaxaca como parada obligada en su búsqueda del oro californiano. “La pesca” y “El olivo y el maguey” representan quizá la veta más tradicional (o menos sorprendente) de todo el álbum, entre el folk (la primera) y el son acercándose a la balada (la segunda), y he querido dejarlas para el final precisamente por su contraste con los dos instantes más sorprendentes entre estos 41 minutos. Son, por un lado, “Tumba 7”, que fusiona tradición y misticismo, entre la cumbia y el reggae, brindando un registro vocal de ultratumba (nunca mejor dicho) y una trompeta que la perfila como si fuera su “Ghost Town” (The Specials) particular: al fin y al cabo, la temática es muy similar, cambiando el Coventry de principios de los ochenta por la Oaxaca de ahora. Hay problemáticas irresolubles, por mucho tiempo que pase. Y en segundo lugar, la desenfadada “Tu falso amor”, que ejerce aquí un rol similar al de “La perla” (Rosalía) en “LUX” (2025), por la forma que tiene de aligerar el tono del disco a ritmo de despecho sentimental con un balance entre cumbia norteña y regional mexicano que acaba emparentando con la música balcánica, por muchos miles de kilómetros que medien.

Tuve la suerte de entrevistar a Lila hace dos años y, tanto por lo que me contó como por lo que se escucha aquí, tengo la sensación de que “Cambias mi mundo” tiene algo de superación (relativa, esas cosas nunca se vencen del todo) del trance de perder a su marido y padre de sus dos hijos, Paul Cohen, hace cuatro años. Como si irradiara propiedades cauterizantes y renovadoras. ∎

Etiquetas
Compartir

Contenidos relacionados

Rockdelux
Ministerio de Cultura
Ministerio de Cultura

Esta revista ha recibido una ayuda a la edición, del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura.