La trayectoria del pianista Marco Mezquida (Maó, 1987) es imparable. En catorce años han aparecido treinta discos a su nombre, ya sea en solitario, como líder o compartiendo titularidad con otros artistas. Y entre los muchos proyectos que ha encabezado se encuentra el más que atractivo trío que completan el violoncelista Martín Meléndez y el percusionista Aleix Tobias. Entre una intermitencia y otra, esta formación ya lleva diez años en activo, y ha decidido celebrarlo con su cuarto disco conjunto, “Táctil”, con el que el creador menorquín pretende reivindicar el carácter físico y tangible de la música, como si fuera un objeto que se pudiera palpar. Y todo ello sin olvidar una profunda, sincera y honesta protesta de carácter humanitario que no deja de ser una clara manifestación política contra las injusticias del tiempo que nos ha tocado vivir.
Con este fin, Mezquida y sus compañeros han bordado un gran tapiz sonoro, que evidentemente no se puede tocar, pero sí se puede sentir como un ente vivo, que transmite impresiones, expresiones, sensaciones y emociones capaces de llegar a lo más hondo del oyente. Cabe decir, no obstante, que a veces parece que “Táctil” sea obra de diversos autores, o que haya sido realizado bajo distintos tipos de ánimo o de humor, ya que el inicio del álbum es animado, con un jazz colorista, saltarín, incluso juguetón, que no deja de beber en la tradición del género, como dejan patente la obertura de “Nobles y sentimentales”, inspirada en Maurice Ravel; “Felice”, un “merengue menorquín malo” que cuenta con la participación de la percusionista argentina Gaa Celia, y un tema de la añorada cantante caboverdiana Cesária Évora con entrañable sabor popular, “Pe di boi”.
Pero luego, el disco entra en una fase más contenida y reposada, que lo acerca a la lírica de un jazz contemporáneo –o tal vez habría que denominarlo extemporáneo–, en la línea de un Keith Jarrett.
Así lo demuestran temas de gran calado: “Fraternitat”, donde interviene la voz, casi imperceptible, de Celeste Arias; “World’s Hope”, dedicada a la activista sueca Greta Thunberg; “Hermana”, o el mismo “Táctil”, que para mí es la mejor pieza de todo el trabajo, con su admirable aproximación al impresionismo de principios del siglo XX.
Tras ese aparente descanso, el repertorio recupera su personalidad más entretenida y dicharachera, para volver a la reflexión, en este caso más dolorosa, con el memorable lirismo no exento de tensión de “Tempus fugit”, dedicada al pueblo palestino, un versión para trío del tema compuesto por el propio Mezquida para el disco de Sílvia Pérez Cruz y Salvador Sobral, “Sílvia & Salvador” (2025), para rematar la jugada con otra excelente pìeza de tipo jarrettiano, “Brújula”, escrita en homenaje a dos maestros del pianista, el mencionado Keith Jarrett y, mira por dónde, Elton John, además de una tercera “persona añorada”. En este tema, el chelo de Menéndez parece rememorar por momentos el contrabajo de Charlie Haden, meciéndose, como siempre, sobre los variopintos cacharros que percute Tobias. ∎