Álbum

Mary Gauthier

Reckoning › In The Black-Soundly, 2026

Veintisiete años han pasado desde que Mary Gauthier (para quien no la conozca, póngase en el cajón de la americana o country-folk) publicó “I Drink”, la canción de halo autobiográfico (coescrita con Crit Harmon) que la puso bajo el foco. En ella señalaba los problemas que había tenido con y por el alcoholismo, algo que empezó a resolver en julio de 1990, justo tras ser detenida por conducir borracha la noche en que inauguraba su restaurante: desde entonces está sobria. Cuando esa detención, tenía 28 años de edad; no escribió su primera canción hasta siete después. En “I Drink” hablaba así de alguien que parece un émulo de su alcohólico padre adoptivo: “Por las noches se sentaba a solas y fumaba; veía su ceño fruncido tras la llama del encendedor. Ahora veo ese mismo ceño fruncido en el espejo; llevo la sangre de mi padre en las venas”.

Volvemos al presente. ¿Cómo se titula el tema que abre este “Reckoning”, que es su décimo álbum de estudio? Pues, precisamente, “Alcohol And Adderall”. En él encontramos frases como esta: “Miraba por la ventana hacia la carretera mientras los camioneros de la madrugada perseguían el amanecer; dejaba que el cigarrillo se consumiera en el cenicero, se hundía en sí misma y se perdía en sus pensamientos”.

Atando esos dos cabos, podría decirse, jugando con una de las mejores oraciones que se escuchan en el disco, la de “descansas en el ritmo de mi respiración”, que en la canción “Gone” alude a cómo un ser querido fallecido puede estar aún más presente tras su muerte, que aquel “I Drink” descansa en el ritmo de la respiración de “Alcohol And Adderall”.

En esa línea y activando el gran angular, puede afirmarse que todo “Reckoning” lleva ese mismo ritmo con que ha respirado el resto de la obra de la cantautora de Nueva Orleans, sobre todo en el apartado literario: relatos sentidos sobre adicciones, la mortalidad, el duelo tras la pérdida, el dolor y su plegaria, a los que Mary se enfrenta con honestidad y coraje, brutal pero suave por igual. Solo que en esta ocasión hay dos canciones, “Judgement Day” y ese joven sacerdote perdido en su mar de dudas y “Soldier Of Fortune” con ese encadenado de mercenarios que lleva del Imperio Romano al ICE, pasando por la Gestapo, donde la disyuntiva del primero y la sumisión de los segundos se dibuja de forma más que directa, muy explícita, casi de vuelve la canción protesta.

En el apartado musical, aunque repite con el productor Neilson Hubbard (aquí, en comandita con Dylan Alldredge), quien desempeñó ese rol en sus dos últimos trabajos –“Rifles & Rosary Beads” (2018) y “Dark Enough To See The Stars” (2022)-, esta vez, en comparación con ese par de discos, la apuesta se inclina más por lo sutil y lo contenido como piedra angular. Para acotar ese encuadre, reproduzco aquí lo que Gauthier ha colgado en sus redes sociales al respecto: “Voz, guitarra y armónica. Canciones narrativas, austeras y despojadas, cuyos personajes se encuentran en un momento decisivo, ante una encrucijada. Las compuse y grabé teniendo en mente el álbum ‘Nebraska’ de Springsteen (…) Luego Neilson y Dylan añadieron algunos toques cinematográficos a las pistas (…) Hicieron un trabajo brillante al darles a las canciones mayor envergadura, así como un aire más atmosférico y teatral”.

Para finalizar, solo añadir que ocho de las nueve canciones de “Reckoning” son composiciones compartidas (de Gauthier con Aaron Lee Tasjan, Lori McKenna, Vince Gill, Eliza Gilkyson, Beth Neisen Chapman, Jaimee Harris, Ben Roberts y Susan Gibson), mientras que la que cierra el disco, “Thought I Heard A Train”, lleva la firma de Tom Mason y Billy Alcorn, que la escribieron en 1998. ∎

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