Disco destacado

Phoebe Bridgers

Lost WeekendDead Oceans-Popstock!, 2026

Escuchando “Lost Weekend” se tiene, por fin, la sensación de no estar escuchando un disco grabado apresuradamente, solo por seguir inundando el mundo de contenido. Phoebe Bridgers se tomó su tiempo para dar continuación al espléndido “Punisher” (2020) y la paciencia y la ambición (bien entendida) han dado sus frutos. Por el camino, para bien o para mal, la vida pasó, y los polos opuestos emocionales del nuevo amor y la pérdida de un padre se dejan notar en una obra tan vulnerable como es de esperar en ella, si no más.

El primer avance fue el falsamente pizpireto “Lost Boys”, famosamente interpretado con una banda de niños en el late night de Fallon. Hay algún otro corte de ciertos trote y expansividad (“Haunted”, “Liberty Tree”), pero son rarezas en un disco particularmente introspectivo, casi siempre nublado, cargado de una atmósfera sobrenatural que ayuda a oírlo como una especie de viaje por el espacio interior. Apoyada en la producción por Tony Berg, Ethan Gruska y Jack Antonoff, la artista se ha marcado un disco que cautiva a la primera, pero que revela realmente su grandeza con las escuchas sucesivas, cuando se estudia como es debido la riqueza sutil de sus arreglos y la inventiva de unas letras con las dosis habituales de ambigüedad.

Inventiva y sugerente. Foto: Olof Grind
Inventiva y sugerente. Foto: Olof Grind

Con la inicial “The Outside” o, sobre todo, esa voz vocoderizada resulta inevitable pensar en el Bon Iver más experimental. A la altura del estribillo, el susurro característico de Bridgers (esa voz que es pura intimidad) asoma ya en su encarnación más natural. La tensión robótica del prólogo es solo la primera en una larga serie de sorpresas. “Kill Me” empieza en calma tensa para acabar en un indie rock con cierto elemento ritualista. El cielo se aclara para “The Governor’s Waltz” (nuevamente en ella, muy Elliott Smith), pero incluso aquí asoma la deliciosa extrañeza de los sonidos ambientales de una Nochevieja. “Bobby” (en principio, canción de amor para su novio Bo Burnham) sorprende con su empuje dream pop, un fervor casi psicodélico y florido que saca a Bridgers de su modo otoñal. “Lost Weekend” desemboca en su recta final en una IDM barroca propia del Sufjan Stevens de “The Age Of Adz” (2010). Cuando creíamos saber por dónde iría “I Can’t Wait”, se abre un paréntesis roots con Cameron Winter en las voces.

Al delicioso mareo sónico se unen los golpes emocionales (e irónicos, en ocasiones) de una compositora que escribe con escalpelo. La escena de abuso doméstico de “Still Standing”, (sensible, complicado) ajuste de cuentas con el padre muerto, hiela la sangre: “La encontré sangrando sobre el fregadero / Pero cuando dijiste ‘lo siento’ / Me estabas mirando a mí”. Los rastros de felicidad amorosa se combinan con sombras de alguna relación pasada. “Sabes quién soy y nunca te perdonaré por ello”, canta al final de “Lost Weekend”, cuyo reprise parece más bien dedicado a la nueva pareja: “Me quieres y no dejaré que te olvides, no todavía”. Se cierra un ciclo, se abre otro. “Lost Weekend” magnifica los altos y bajos de la existencia en canciones ricas, generosas e inolvidables. ∎

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