A lo largo de los años,
Rebecca Foon se ha ganado un nombre dentro de la comunidad post-rock y pop canadiense: de A Silver Mt. Zion a los actuales Esmerine. En
“Waxing Moon” no se esconde bajo la careta de Saltland; prefiere la primera persona, sin alias ni máscaras.
Sus impulsos creativos más oníricos brotan a través de la desnudez absoluta con la que la reputada chelista se muestra esta vez. En este caso, con una interpretación en la que su instrumento habitual ha sido relegado al segundo plano. Su voz y el piano son los verdaderos ejes de estas diez canciones, con resultados ciertamente subyugantes en
“Ocean Song”, donde la cadencia hipnótica derrama lágrimas entre tecla y tecla.
Más allá del magnetismo abisal de cortes como el citado o
“Pour”, cuando llegamos a la cara B (si es que dicha división aún existe) la propensión natural es el ejercicio de estilo. La ingravidez minimalista aplicada en piezas como la titular o
“Dreams To Be Born” está compuesta a partir de trazos etéreos esculpidos a golpe de inercia. Todo lo contrario que en la intensidad eléctrica de
“Wide Open Eyes” o cuando el chelo domina el espacio, como en la frondosa
“This Is Our Lives”. Piezas mayores de un recorrido irregular donde, al final, la parte inspirada acaba ganando claramente a los puntos. ∎