Desde que escuché por primera vez “La ritournelle” −incluido en su segundo álbum, “Politics” (2004)−, no pude desprenderme de la genialidad y la capacidad compositiva del francés Sébastien Tellier. Veintidós años después, Tellier sigue poseyendo sin ninguna duda flow y talento. La pena es que a veces se pierde en la inmensidad, como ocurre en este álbum lleno de aciertos pero con algunos desatinos.
“Kiss The Beast” es quizá su disco con reminiscencias más french touch −cuando hace décadas que el french touch pasó a la historia−. Escuchen “Refresh” y sabrán por qué lo digo: Daft Punk y el vocoder claman. Aunque a lo largo del LP predomina el sonido disco y el pop electrónico. La canción homónima sirve de preludio ideal para adentrarse en su universo. “Naïf de coeur” comienza con una melodía que recuerda a la sintonía de “Stranger Things” y las atmósferas de Air más unos destellos muy Jean-Michel Jarre: es la canción estrella de este álbum.
“Mouton” tira hacia el barroquismo, estirando melodías y generando cierta tensión entre cuerdas y una sensación de intriga. El sonido disco preside la excelente “Thrill Of The Night”, en la que colabora Nile Rodgers (de Chic) y cuenta con el poderío vocal de Slayyyter. Es un single en la onda mainstream de The Weeknd con pegada. Luego la instrumental “Romantic” sirve para tender una mano a su particular pop electrónico ochentero pero con unos coros vaporosos que nos despistan. “Parfum diamant” incide en el poder melódico de las baladas, marca de la casa Tellier, pero con la inquietante sonoridad tribal en la onda de Morricone y su banda sonora de “La misión” (1986): creo que es más error que acierto.
“Copycat” persigue la estela de hit, siempre oteando el sonido disco muy de cerca: lo tiene casi todo pero le falta algo para resultar redonda. Con “Animale” sobresale su maestría para fabricar baladas de pop electrónico. En “Amnesia” colabora Kid Cudi en una suerte de rapeado que se pierde entre quiebros, rupturas rítmicas y melodías expansivas. En “Loup” lanza un verso en español (“¿Cómo estás, Don Sébastien?”) seguido de un “Je me sens bien” (“me encuentro bien”), pero deja un tanto frío. Es una suerte de interludio que a mitad de canción (y al final) se transmuta en una frikada de electrónica de fanfarria. Con “Un dimanche en famille” nos regala otra balada excelsa. En definitiva: un álbum con bastantes aciertos pero al que le falta algo más para calar, para dejar poso. ∎