Probablemente pocos los recuerden, pero desde su fundación en Chicago 1986
Souled American han sido uno de esos tesoros ocultos en el campo de lo que podríamos llamar country alternativo.
Entre esa fecha y 1996 grabaron seis LPs –algunos solo se editaron en Europa– que en algún momento han recibido elogios de Jeff Tweedy, Will Oldham, Adam Duritz, John Darnielle o David Lowery. Siempre jugando al misterio, han seguido activos –convertidos en dúo con Joe Adducci y Chris Grigoroff– en escasas actuaciones en directo y manteniendo un enigma (buscado o impuesto) que los ha alejado siempre de la exposición masiva. Treinta años después de
“Notes Campfire” (1996), resucitan discográficamente, aunque en este largo impasse hubo un intento de ponerlos de nuevo en el mapa con
“Rise About It. A Souled American Anthology”, un recopilatorio de veinte canciones publicado por Omnivore Recordings en 2025.
“Sanctions” es una maravilla (otra) de country depurado uncido por la voz profunda y dolorida de Grigoroff, un vocalista que parece contener en sus cuerdas todo el dolor de un caminante perdido en un desierto gélido. No hay florituras innecesarias y sí una crudeza de extraña belleza que va reptando entre austeros acordes de guitarra y lamentos crípticos siempre sobrevolados por sombras de muerte y desolación: las primeras palabras que escuchamos en
“Stranger”, la apertura del disco, sirven en bandeja el
mood de un álbum que parece rezumar dolor por todos sus surcos:
“Soy un extraño / Mis entrañas son mi cerebro / Creo que he tropezado con este lugar”. En la siguiente,
“Fractured Sun”, la herida es más sangrante:
“He perdido mi turno tantas veces / He vendado mis heridas con cinta adhesiva / Pero hay heridas que nunca cicatrizarán / Hasta que haga mi toma final”. Y el majestuoso cierre con
“We” (hola, Vic Chesnutt) es definitivo:
“We are long, long gone”.
“Sanctions” resuena como el diario terminal del Hank Williams más pesimista, como los ecos temblorosos de un Gram Parsons en los huesos, como el último aliento de un Kris Kristofferson en la casilla de salida (de la vida). No atraerá multitudes pero, por favor, no le den la espalda: después de tres décadas, el horizonte sonoro de Souled American continúa, para bien, embarcado en su particular viaje hacia la noche. ∎