El chiste de Telehealth es siempre el mismo y siempre va en serio: son una startup musical. Una empresa escalable con objetivos de crecimiento, métricas de engagement y una propuesta de valor diferencial en el saturado mercado de la música indie. Funciona porque no es solo un chiste. Alexander Barr, el cerebro de la operación que firma como Alexander Attitude, llegó a Seattle desde Phoenix en 2009 soñando con fichar por Sub Pop, se pasó años tocando en grupos del circuito local, hizo un desvío por la arquitectura y volvió al rock con la cabeza llena de teoría crítica y sarcasmo de precisión quirúrgica. Su mujer, Kendra Cox, que venía de Lemolo, se unió durante el confinamiento. “Content Oscillator” (2023) les consiguió reputación. “Green World Image” les consigue el sello.
Porque este es su debut en Sub Pop, y el giro es delicioso: la banda que lleva dos años satirizando la lógica del capitalismo de plataformas acaba de firmar con la casa madre del indie de Seattle. La contradicción no se les escapa a ellos. Tampoco al oyente. El disco arranca con “[user onboarding sequence]”, un intro que simula el tutorial de bienvenida de una aplicación, y desde ahí despliega trece canciones que funcionan como un diagnóstico clínico de la vida millennial bajo el tecnocapitalismo: burnout, greenwashing, financiarización de todo, la tiranía del wellness, la imposibilidad de tener trabajo decente, casa, ni aguacate en tostada. “Silver Spoon” hace el chiste del avocado toast con conciencia de que el chiste tiene diez años y la crisis habitacional que lo generó sigue ahí. “Cool Job” es exactamente lo que parece: un himno sobre intentar conseguir empleo con beneficios decentes. “Donor Country (A gOoD cAuSe)” es el arpegio más incómodo que vas a escuchar en julio.
Musicalmente el disco tiene más cuerpo que el debut, que era esencialmente un proyecto de Barr en solitario. Aquí son cinco en directo, y se nota: Ian McCutcheon a la batería, John O’Connor al bajo, Dillon Sturtevant a la guitarra. El productor Trevor Spencer, que ya estaba en “Content Oscillator”, da al conjunto un sonido más rotundo sin sacrificar la angularidad. Las referencias son las de siempre, Devo y XTC como coordenadas principales, algo de Kraftwerk en los momentos más fríos, pero el resultado no suena a pastiche sino a banda que ha digerido bien sus influencias y tiene algo propio que decir. “Things I’ve Killed” es el mejor ejemplo: punk de sintetizador que se come su propia cola con total consciencia.
La pregunta que sobrevuela el álbum, y que la propia nota de prensa formula con descaro, es si se puede hacer música underground con buena optimización SEO. Si se puede tener credibilidad contracultural y facturar al mismo tiempo. Telehealth no resuelve el dilema. Lo habita. Que sea intencionado no lo hace menos tenso. ∎