Seguirle la pista a Jose Guerrero requiere poco menos que una brújula y un mapa, porque son tantos los proyectos que ha emprendido en las dos últimas décadas que es casi imposible enumerarlos o recordarlos todos. El punk-a-su-manera en Rastrejo o Betunizer, el folk en Segunda Persona, la electrónica en Jupiter Lion, el pop dislocado en Cuello, las digresiones de Rastrejo o el post-rock sui generis de los ya muy lejanos Zener… Todo cabe en la cabeza de un músico que desde la autogestión y la incontinencia creativa se ha labrado un camino que es más bien una interminable trinchera: (sobre)vive de su música y da frecuentes giras internacionales, siempre desde propuestas que esquivan lo convencional. Un logro ya en sí mismo. Su impulso catalizador en la escena underground valenciana y estatal de la última década y media es insoslayable.
“Al margen de la visión”, mezclado por él mismo, publicado en digital el pasado 10 de julio y en formato físico (vinilo y casete) el pasado 10 de septiembre como coedición entre Mascarpone Discos (su propio sello), la valenciana Osadía Ediciones, la sevillana Sublima y el sello estadounidense Cudighi Records, es el tercer álbum de Telomante, su proyecto electrónico más austero (porque también Senhtuhlà se manejaba en códigos similares, algo más expansivos), y el que se permite formular el concepto compositivo más cercano al esquema de canción, siempre dentro de unos límites, desde luego. Porque aquí el músico canta, o más bien recita –en un registro muy distante al de Betunizer, por ejemplo, y alejadísimo de Cuello–, y cada corte tiene ojos y cara ciertamente reconocibles, aunque la utilización de los sintetizadores en cierto modo los hermane, siempre desde una perspectiva lo-fi que no entra en contradicción con la ensoñación melódica.
El legado kosmische e incluso el recuerdo de Kraftwerk se plasman desde una perspectiva que economiza medios en cosas como “La solitaria medida del tiempo” o “Lógica madrugadora”. Hay un desasosiego que podría enlazar con el post-punk industrial a lo Fasenuova en “De verdad soy yo” o “Volando me sirve”. Resulta difícil no acordarse de Roldán y su exótica made in Spain al escuchar “Acompáñame por tu mente”. Y la sombra del Brian Eno más ambient está presente en la final “El propietario del cielo”. Son coordenadas difusas, en cualquier caso. Meros apuntes para tratar de clasificar un trabajo casi inclasificable: lo es, sobre todo, “La escena pide color”, otra de esas intrigantes viñetas marca de la casa que parece ironizar sobre la ineficacia que muchas veces deriva de categorizar a los músicos en escenas predeterminadas por sonido o por procedencia. No, las cuadrículas tampoco sirven con Telomante. ∎