Conservando la esencia psych y su tendencia a experimentar, “BLISS” te impacta a las primeras de cambio con “Jet Stream Heart”, sencillo que eligieron Temples para inaugurar esta nueva fase dance el pasado mes de febrero. Puestos a buscar antecedentes más allá de la portada del álbum, todo un remake del “Pornography” (1982), de The Cure, con esos torsos lisérgicos y elongados, el corte recuerda al Thomas Leer más exótico de la etapa en Arista. “Revelations”, el corte siguiente, sorprende con un minicanto gregoriano. Happy Mondays, Andy Weatherall y Paul Oakenfold los usaron en los años 90 para hacer “Hallelujah - Club Mix”, y mucho antes Echo & The Bunnymen introducían con ellos sus actuaciones. Temples no han querido recurrir a grabaciones externas y los interpretan ellos mismos “autosampleándose”, una técnica de grabación que al parecer emplean profusamente en “BLISS” reforzando su sonido ecoico y saturado. Efectivamente, podríamos decir que el quinto álbum de Temples, primero para V2 Records, sello fundado por Richard Branson en 1997, se caracteriza por su sonido retrofuturista.
“Megalith” no detiene el impulso inicial de “BLISS”, aunque sus connotaciones prehistóricas solo son una metáfora: algo ha dejado de piedra al bueno de James Bagshaw, cantante y guitarrista de Temples. El tema es una eficaz mezcolanza de más especias orientales, sonido Filadelfia, funk tórrido y esa épica psilocíbica tan característica de pioneros del rock bailable como The Stone Roses, paisanos que disponían en su repertorio de “Made Of Stone” y cuyo el estilo vocal, el de Ian Brown, no resulta para nada opuesto. El motivo del tema es alcanzar la quietud interior y descubrir que no era lo que buscabas. En realidad, “BLISS” busca esa felicidad por todo lo contrario, como muestra el punk-rave (tipo Prodigy) vs. pop lustroso (tipo Duran Duran) de “Glimmer”, aunque el ritmo cardíaco desciende con los medios tiempos obligados de “Jaguar” –que suena un poco a Electronic– o “Blue Fame”, sin esclarecer la desazón del letrista salvo, tal vez, por la soledad consustancial del ser humano a la que puede estar refiriéndose, que no es poco. “Vendetta”, segundo single digital liberado el pasado mes de abril, tiene un punto entre Daft Punk y Underworld que te redime de tanta duda existencial en la fiesta de la espuma. Es tan pegadiza como los primeros, tan melancólica como los segundos y tan melódica como todos ellos juntos, incluido Temples, que lo llevan en su ADN. Va de salir de fiesta y tener una mala noche sin llegar la sangre al río.
La resultona “Horizon” –que no habla de un conocido programa de Mediaset: “Quieres horizonte, lo quieres todo, una señal que frene la caída, quieres salvación, ver la luz, necesitas sangre -vital- toda la noche” – y el tecnopop mainstream de “Waiting On The Echoes” conducen a la no menos ochentera “Fantasy Realm” –geolocalizada entre Pet Shop Boys y Visage–, configurando el final de “BLISS”, un álbum notable e introspectivo, a pesar de sus hechuras hedonistas, que defiende con nostálgico descaro –ellos hablan de euforia– el mundo de dolor y fantasía de unos cortes indudablemente más “retro” que “futuristas” –aunque no es mero revivalismo lo que se escucha aquí–, frente a la desalentadora realidad. A diferencia de “Exotico” (2023), a cargo de Sean Ono Lennon, “BLISS” ha sido producido por Temples reimaginando su propia psicodelia, decidiendo acampar en la discoteca, el nuevo santuario afterhours del cuarteto de Kettering –¡que cuenta con un miembro llamado Adam Smith!–, reforzando su base electrónica sin descuidar el pulso melódico. Un disco ideal para el directo que, como se dice habitualmente, mejora con cada escucha. ∎