¿Os acordáis? Hubo un tiempo, y lo tenéis que recordar porque de eso no hace mucho, en el que Dan Auerbach (voz y guitarra) y Patrick Carney (batería) iban a salvar el rock’n’roll. Era la época en la que, a rebufo de The White Stripes, proliferaron los duetos de guitarra y batería. Parejas con nombres coloridos y un sonido que revisitaba el viejo rock de garage y el blues más crudo.
The Black Keys se situaron al frente de aquel contingente.
La suya es una historia que empezó en las aulas del instituto en el que se conocieron Auerbach y Carney. Como a casi todos los de su generación, su primer común denominador fue el
“Nevermind” (1991) de Nirvana. Luego irían ampliando sus límites referenciales. Llegaron a Jimi Hendrix y de este saltaron a Howlin’ Wolf y Robert Johnson.
“Somos jóvenes, inocentes y tenemos hambre de carretera”, fue la nota con la que acompañaron la maqueta que enviaron a diversas discográficas. Debutaron con
“The Big Come Up” (2002). Una década más tarde lo petaron con
“Brothers” (Nonesuch, 2010) y, sobre todo,
“El Camino” (2011), ambos discos producidos por Danger Mouse (de hecho, cuando más han brillado The Black Keys ha sido cuando han tenido a la mitad de Gnarls Barkley tras los controles), que, sin renunciar a sus principios sónicos, los presentaba algo más pulidos y accesibles. Fórmula imbatible, infalible cuando modelas sencillos totales como “Lonely Boy” (¡qué temazo, se mire por donde se mire!) o “Gold On The Ceiling”.
Es mala amante la fama, advierten The Weeknd y Rosalía y, de diversas maneras, Dan Auerbach y Patrick Carney fueron víctimas de ella. Lo explicaba Fernando Navarro en las páginas de ‘El País’ cuando los entrevistó el año 2015 coincidiendo con su visita a Barcelona para participar de la edición de aquel verano del Primavera Sound presentando
“Turn Blue” (2014). La charla entre el periodista y los músicos solo se pudo realizar aceptando diversas exigencias: prohibido preguntar por Jack White (por aquel entonces Auerbach y White se llevaban a matar por temas de amoríos) y las entrevistas a Auerbach y Carney debían ser por separado (por aquel entonces, sin temas de amoríos de por medio, Auerbach y White se llevaban a matar). Todo aquello repercutió en una trayectoria que desde entonces ha sido como una carretera tibetana: irregular, serpenteante y siempre al filo del abismo, sin llegar a facturar un álbum que nos devolviera la fe en ellos.
Regulinchis fonográficamente, pero incuestionablemente proactivos, los de Akron presentaban el pasado curso
“No Rain, No Flowers” (2025), un disco de continente (portada) horrible (dicen que no hay que juzgar un libro por su cubierta, pero joder, qué fea es) y contenido tan olvidadizo como casi todo lo que vienen produciendo en los últimos años. Un álbum que, en lo personal, estuvo marcado por el diagnóstico de cáncer de esófago del Chuck Auerbach, padre del cantante y guitarrista de los Keys y figura fundamental, por su apoyo al proyecto en sus inicios (además, Chuck, reputado marchante de arte folk, debutó discográficamente el 2018 con un disco, “Remember Me”, producido por su hijo).
Después de pasar los últimos meses de su vida en casa de Dan en Nashville, Chuck murió en marzo de 2025. De algún modo, este
“Peaches!”, decimocuarta entrega de estudio de The Black Keys, se antoja como un ejercicio de catarsis, tanto en lo personal de Dan como en lo común de la banda. Un disco de versiones, el segundo en cinco años tras
“Delta Kream” (Nonesuch, 2021), con el que olvidar penas personales tocando con los colegas algunos de sus temas favoritos, con el que intentar regresar a la senda de sus inicios tras un par de obras que ampliaban horizontes sin acabar de focalizar el punto de mira. Muy especialmente el ya mentado “No Rain, No Flowers”, en el que se aliaron con productores como Scott Scorch, tipo con una nómina de clientes en la que encontramos nombres como Beyoncé, Dr. Dre, Chris Brown o 50 Cent, y Rick Nowels, arquitecto tras algunas de las mejores creaciones de Lana Del Rey.
Grabado al estilo de la vieja escuela, todos junto y en una sola toma, en “Peaches!” los Keys se sumergen en el blues del norte del Mississippi, apropiándose de piezas creadas o popularizadas por tipos que vendieron su alma al diablo como Little Walter (
“Who’s Been Foolin’ You”), Lonnie Johnson (
“Tomorrow Night”), John Lee Hooker (
“Fireman Ring The Bell”) o Junior Kimbrough (
“Nobody But You Baby”). Aunque, curiosamente, son las revisiones del
“You Got To Lose” de George Thorogood And The Destroyers (esta original de Earl Hooker) y
“She Does It Right” de Dr. Feelgood los dos momentos que suenan más excitantes de un largo que se disfruta mientras se escucha y se olvida cuando llega a su final. ∎