Álbum

The Coral

388Run On-Modern Sky, 2026

Ya hace muchos años que se confirmó que en materia de darle sentido al revivalismo como fuente de investigación y nueva creación, sin mímesis, The Coral no tienen rival. Lo siguen confirmando y, lo más sorprendente, avanzan sin grandes metas ambiciosas, sin reglas, dejándose llevar por la intuición y las circunstancias, relajadamente. Y así entregan de pronto, sin previo aviso (no hubo anuncio de fecha de lanzamiento ni notas de prensa), un nuevo álbum libre y delicioso como la brisa de verano antes del cambio climático, directo y sensual como unos amantes bailando lovers rock. Un gesto de libertad que contrasta con su anterior movimiento, el de publicar dos frondosos álbumes a la vez en 2023, “Sea Of Mirrors” y “Holy Joe’s Coral Island Medicine Show”.

El numérico título del disco viene de la mesa de mezclas analógica Tascam 388 que ha recuperado la banda de Hoylake, la ciudad costera y peninsular cercana a Liverpool. Como cumplen ya 30 años desde su formación, y doce álbumes previos sin desperdicio, han demostrado que si deciden hacer un disco totalmente analógico no es por postureo, ni por engolada pureza, sino como una apetencia natural. El efecto, más que tecnológico, es sensorial: se diría que al situarse ante esa manejable pero no portátil mesa de mezclas de los años ochenta, de ocho canales y con la grabadora de cinta incorporada en el mismo mueble, The Coral han adoptado el feeling de los estudios caseros en un garaje o en un patio o en una cabaña de la Jamaica de los años sesenta.

Porque desde el inicio con la fenomenal “Let The Music Play”, este “388” está cimbreado por el rocksteady suavemente bailable y melodioso, por el lovers rock bello y soñador. No es un monográfico ni una decisión genérica. En ese dejarse llevar por el espíritu isleño, la arena (“Crossing The Sands”), el mar inspirador (“You And Me (And The Beautiful Sea)”) y las olas rompiendo en la marea alta del verano (“High Tide”), la voz esta vez especialmente dulce y sencilla de James Skelly se desliza como botella en el agua hacia la sonoridad y los sentimientos de un Alton Ellis, un John Holt o del Bob Marley más doméstico, sobre todo en “You And Me (And The Beautiful Sea)”, con esas armonías vocales tan características.

Son canciones preciosas en sí mismas, que no se dejan marcar por el ejercicio referencial, como ha sido siempre el gran logro de The Coral; que seducen y envuelven y enamoran: “Leave It In The Past”, con su guiño de apuesta por el presente (Déjalo en el pasado, en algún lugar lejano / déjalo en el pasado / y hablemos del hoy”); “Ride In The Train”, que demuestra que a pesar de las apariencias veraniegas no es un disco exclusivamente lúdico, con estrofas como en un mundo cruel como este / no hay tiempo de pedir un deseo / cuando escuches el tren del cambio / aquí llega, toma ese tren”; o “Here Comes The Tears”, donde cantan No sé por qué me siento así / me gustaría encontrar algo de felicidad / Todos somos iguales cuando se cierra la puerta / enredados en nuestra piel y huesos”.

En otros momentos dejan de lado todos los precedentes y variantes del reggae y reinciden en los sentimientos ya practicados del soul, con la emocionante, degustada a ritmo lento, “Sad Girl” y sus coros que parecen una versión más grave y derrotada de los de “La La La Means I Love You” de The Delfonics; o del pop sincopado, sesentero, ligeramente psicodélico más habitual del grupo, en “Shame” o “Yellow Moon”, con su espartana y sin embargo luminosa melodía de flauta-órgano.

Ni siquiera han publicado ningún single o adelanto previo, y sin embargo cualquiera de estas once canciones sin mácula podrían haber sido hits en tiempos en que las listas de éxitos estaban plagadas de joyitas así, sin grandes pretensiones, pero perdurables en los corazones del pop con fundamento. ∎

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