Apenas un año después de la publicación de “Mr. Luck & Ms. Doom”, The Delines regresan para expandir su intrincado universo literario con “The Set Up”. Si su predecesor se bañaba en un romanticismo a la deriva, este nuevo capítulo se sumerge en un callejón mucho más oscuro, solitario y desilusionado. Willy Vlautin terminó de perfilar este trabajo al darse cuenta de que algunas de las canciones que escribió al final de las sesiones de 2025 compartían un ADN distinto, fuertemente marcado por los estragos de la epidemia de opioides en los márgenes de Estados Unidos. El resultado es un country-soul de combustión lenta con sutiles ramificaciones jazzísticas, donde estafadores, adictos y perdedores buscan una salida a vidas que ya nacieron abolladas.
La estructura del disco es una audacia en sí misma: doce cortes que intercalan con maestría tres instrumentales, seis canciones tradicionales y un relato spoken word dividido en tres partes. Bajo el título homónimo de “The Set Up”, este tríptico funciona como la espina dorsal del álbum, siguiendo la mecánica de una estafa que se pone en marcha con un simple gesto y acaba arrastrándolo todo. Ya en la primera parte, mecida por la trompeta solitaria de Cory Gray, la magnética y susurrante voz de Amy Boone nos relata cómo una pareja incendia un hotel a medio construir en Lafayette para cobrar ochenta mil dólares y huir a España.
Esa inconfundible cadencia vocal de Boone, profundamente empática y desgastada por la experiencia, brilla con crudeza en los estudios de personajes. Tomemos como ejemplo “Dilaudid Diane”, un descarnado góspel a piano que dibuja un retrato desgarrador de la adicción. Diane pasó de ser trompetista en la banda del instituto a malvivir atrapada en las afueras de Tijuana con un ojo morado: “She’s got a maxed out credit card, and 63 bucks”. Aun así, el narrador del tema se aferra a una fe inquebrantable frente a la lógica: “The guys don’t think she’ll make it back but I know inside she still has enough”. La misma maestría destila la bellísima “Can You Get Me Out Of Phoenix?”, donde la hija de un timador reflexiona sobre sus ruinas bajo el sol abrasador: “I ain’t built for the Sunbelt even / Sitting by a pool all day long / Just makes me think / of all the things that go wrong”.
Lejos de cualquier saturación sonora, la sección rítmica de Freddy Trujillo al bajo y Sean Oldham a la batería es un prodigio de contención. Ese minimalismo apunta directamente al corazón de “The Reckless Life”, una epopeya de más de cinco minutos con aires de soul poético, donde los metales arden a fuego lento envolviendo a una chica que es “a hopeless romantic in love with every guy on TV”. La paleta sonora muta sorpresivamente hacia un swing de bossa nova en “The Meter Keeps Ticking”, ilustrando la parálisis mental de una mujer incapaz de bajar del taxi para visitar a su marido en el psiquiátrico: “Ticking and ticking and ticking and I can’t move at all”. Un momento que contrasta violentamente con la estremecedora desnudez de “Walking With His Sleeves Down”, sostenida en el vacío únicamente por el piano y la voz.
Los pasajes instrumentales, desde la melancolía trompetera de “Jumping Off In Madras” hasta la fantasmagórica disolución sonora de “The Last Time I Saw Her”, no son simples interludios, sino el pegamento atmosférico de este film noir auditivo. The Delines no ofrecen respuestas fáciles ni redenciones mágicas en este disco. Simplemente reafirman con “The Set Up” que nadie en América retrata el dolor de la clase marginada con tanta perfección como ellos. Una película para la madrugada que demuestra que el crimen perfecto no existe... a menos que hablemos de cómo The Delines nos acaban de robar el corazón con este disco. ∎