“Renascent” es el primer disco de The Durutti Column en 16 años y eso obliga a poner cosas en contexto, porque el nombre del grupo no le dirá nada a más de una generación de aficionados a la música alternativa. Por un lado, el nombre es un error idiomático –típica confusión entre castellano e italiano– sobre la figura del anarquista español Buenaventura Durruti y su columna de milicianos con la que se enfrentó al ejército golpista en la Guerra Civil española.
El grupo se formó en 1978 y, con ese nombre belicista y el zeitgeist del momento, en plena eclosión del punk, uno podría imaginar que estamos frente a otra banda punk políticamente reinvidicativa. Pero no… Al contrario. En vez de fiereza y rebeldía juvenil, The Durutti Column ofrecía una música etérea, basada en las improvisaciones a la guitarra de su líder y principal compositor Vini Reilly. Su música era cualquier cosa menos agresiva y estaba conformada mayoritariamente por piezas instrumentales bucólicas, dominadas por el dominio instrumental de un guitarrista (y pianista ocasional) libre, que en determinado momento definió su música como “jazz clásico de vanguardia”. Esa definición es más una broma privada, porque la realidad es que se situaba en un punto intermedio entre Mike Oldfield y Tuxedomoon…
Si en el momento de su aparición extrañaba por su distanciamiento respecto a todo lo demás que estaba sucediendo en aquella época, eso ha terminado jugando a su favor: no hay nada que vincule esta música a una época concreta, lo que significa que no ha envejecido. Además, las peculiares circunstancias de su creación –un músico que experimentaba por interés propio, en lugar de crear un álbum para el consumo público– contribuyó a forjar su atmósfera tan claramente cautivadora.
Aunque mantuvo una trayectoria continua hasta 2010 (publicando 20 álbumes de estudio y varios discos en directo), el grupo nunca triunfó masivamente. De hecho, The Durutti Column es quizá el grupo más ignorado del influyente sello Factory, en el que destacaron Joy Division y New Order.
Situados ya en su contexto, el regreso de The Durutti Column –incluido el majestuoso batería Bruce Mitchell, uno de los percusionistas más imaginativos del universo pop-rock– merece nuestro reconocimiento, porque “Renascent” no es un disco más en su trayectoria… aunque lo sea. A los que nos encanta The Durutti Column nos encanta este disco, que debería figurar entre el 2º y el 5º puesto en importancia de toda su carrera. Son once piezas, a cual más evocadora y mágica, que saben a poco, dado el estado de gracia en el que Vini Reilly, ya todo un septuagenario –el 4 de agosto cumplió 73 años–, se encuentra. Su música es el ejemplo primordial del concepto “dream pop” –que no se creó para ellos (lo acuñó Alex Ayuli, de A.R. Kane, para definir su sonido, aunque se ha empleado, sobre todo, con Cocteau Twins)–.
A la música de Reilly se le ha aplicado en ocasiones el adjetivo “frágil”; sin embargo, en cambio, lo que ha demostrado su sonido es una sorprendente robustez y una terca obstinación de resiliencia. Desde el mismo inicio del disco, esa miniatura titulada “Echoes In The Memory”, te sientes atraído hacia un mundo secreto, lleno de sentimientos íntimos. Rara vez suena angustioso o dolorido, pese a las complicadas circunstancias en las que se ha movido Reilly prácticamente durante toda su vida –los últimos años han estado caracterizados por problemas financieros y su discapacidad reconocida médicamente, derivada de su salud mental–.
“Renascent”, a pesar de su exuberante melodiosidad, se percibe emocionalmente crudo, sin filtros, dominado por un sentimiento de suave melancolía y dulce tristeza –que en alguna ocasión se transforma en delicada euforia, como en “Your Shadow At Evening”–. Aunque el LP –y la generalidad de su trayectoria– es fundamentalmente instrumental, hay espacio para algo que podríamos definir como “canciones”. La canción más propiamente dicha, suave y romántica, es “Sargasso Sea”, en la que colabora la joven cantante folk mancuniana Caoilfhion Rose –a la que también encontramos, con un ejercicio vocal más experimental, en “Agonistes”–. También podemos escuchar la voz recitada y susurrada de Reilly deslizándose a través de la bruma musical de “Scammer”. Y en la última pieza del disco, “All I See Is Fire”, que no es, en realidad, la mejor, encontramos la voz de un joven músico británico, Lucas Elliott. De todas formas, lo fundamental en “Renascent” es que, casi cincuenta años después de la aparición de The Durutti Column, su poder para conmover, más que para simplemente deslumbrar, sigue inalterable. ∎