Álbum

The Tomeka Reid Quartet

dance! skip! hop!Out Of Your Head, 2026

La chelista Tomeka Reid (1977) es toda una eminencia de las nuevas músicas y el jazz contemporáneo. Compositora, improvisadora, curadora y profesora, nativa de Washington D.C., después de graduarse en Chicago, con un máster de música clásica, empezó a dar clases. Gracias a su mentora, la flautista Nicole Mitchell, se pasó de la clásica al jazz. Junto a ella participó en una decena de álbumes de sus grupos Black Earth Ensemble y Black Earth Strings. Gracias a Mitchell Tomeka, también se convirtió en 2010 en la tesorera de la insigne Association For The Advancement Of Creative Musicians, la célebre AACM, de Chicago.

Otros maestros suyos son Anthony Braxton, compositor, saxofonista, clarinetista, flautista, pianista y filósofo que ha ejercido una gran influencia en su obra, junto al que colaboró en la ópera “Trillium E” (2011). Antes había contribuido a la grabación de “Empathetic Parts” (2010), un disco en directo de la Mike Reed’s Loose Assembly, integrada en un quinteto en el que figuraba de invitado otro de sus referentes, el saxofonista Roscoe Mitchell –legendario cofundador del seminal Art Ensemble de Chicago–, con el que volvería a colaborar en el álbum “Celebrating Fred Anderson” (2015) del Roscoe Mitchell Quartet. Este mismo año debutó con su Tomeka Reid Quartet, referencial grupo con el que ya ha grabado cuatro álbumes.

La relación con Anthony Braxton siguió en 2016 tocando en su grupo 10+1tet, y dos años después publicó su primera composición orquestal y la tocó con la Chicago Composers Orchestra. También viajó a Etiopía para estudiar el masenqo. Y no para de trabajar con músicos de su órbita. Ya sea con el contrabajista y guembrista Joshua Abrams o el batería Makaya McCraven en el ambicioso y aclamado doble álbum “Universal Beings” (International Anthem, 2018). No menos significativa es su participación en “Fly Or Die” (International Anthem, 2017), el debut de Jaimie Branch (1983-2022), trompetista y compositora fallecida muy joven, a los 39 años, a causa de una sobredosis accidental.

Otro hito de su carrera fue la colaboración en “We Are On The Edge. A 50 Anniversary Celebration” (Pi, 2019), álbum de The Art Ensemble Of Chicago dedicado a los desaparecidos Lester Bowie, Joseph Jarman y Malachi Favors, factótums de uno de los grupos más importantes de la historia del free jazz. También es muy amiga del batería Mike Reed, del venerable saxofonista Joe McPhee o del pianista Craig Taborn, junto al que acaba de editar “Dream Archives” (ECM, 2026). Y por si todo esto fuera poco, aún encuentra tiempo para tocar con el 7 Poets Trio de Tomas Fujiwara, el Fire And Water Quintet de Myra Melford, Dave Douglas –participa en su inminente nuevo disco “Transcend”, formando parte de un quinteto en el que también figura James Brandon Lewis–, o en el álbum de la saxofonista Angelika Niescier “Beyond Dragons” (2023), editado por el sello suizo Intakt.

El descomunal concierto que TRQ dieron el 9 de febrero del 2025 en El Molino de Barcelona sirvió para constatar el grado de solidez del cuarteto y también para comprobar que estaban en un momento dulce de creatividad, el cual hacía presagiar lo que han logrado con su flamante cuarto álbum, “dance! skip! hop!”, un título que refleja la alegría de la música y su naturaleza rítmica. También es un recuerdo a su colega Josh Berman, cornetista de Chicago que publicó el álbum “A Dance And A Hop” (Delmark, 2015), en el que estuvo Jason Roebke, contrabajista también de TRQ, compartiendo la sección rítmica con el batería Tomas Fujiwara. Otro homenaje, tal como evidencian las fotos de la portada, es para la familia paterna de Reid, y más en concreto a su bisabuela y en especial a su tía abuela Cece, guardianas de la herencia familiar y conservadoras del patrimonio.

El título del tema “a(ways) For CC And CeCe” es un tributo a quien convirtió la casa familiar en una especie de museo, lleno de fotografías de varias generaciones, y a CC, alias de Clarence James, un devoto supporter de la comunidad jazzística de Chicago al que se podía encontrar siempre en la puerta del Velvet Lounge, un mítico club jazzístico de la ciudad, ya desaparecido, fundado en 1963 por el saxofonista Fred Anderson, que lo regentó hasta su fallecimiento en 2010. Aunque más que sentimental, el sonido del tema es el de una andanada rítmica con gran protagonismo de la guitarra de Mary Halvorson, luciéndose antes de dar paso al chelo con arco. Su pulsión de música de cámara sirve para poner dramatismo neoclásico a un tema que se sustenta en el espectacular entramado rítmico de contrabajo y batería, dejando espacio a la vez para que las dos solistas vayan escanciando su maestría. En este sentido resulta muy versátil la labor de Halvorson, capaz de brillar como virtuosa, con un pie en el jazz y otro en lo experimental, sin olvidarse de una intensidad eléctrica propia del rock. Está en la cima, reflejando la efervescencia que permiten las largas giras, con un dominio técnico apabullante, un ojo en la partitura y el otro en la capacidad de improvisar en una dimensión estratosférica.

No le va a la zaga el tema titular, un “dance! skip! hop!” que chorrea swing, con el chelo en clave pizzicato dialogando con la guitarra eléctrica, para doblarse, responderse y dejarse ir con solos nada gratuitos y muy necesarios en una fantasía elevada al cubo por una sección rítmica que sabe acompañar y volar alto cuando se convierten en protagonistas. Y Halvorson, la solista más elocuente, se nota que se encuentra muy a gusto dando vida a la música que compone Tomeka. Ambas son como un imán, se atraen dialogando de manera muy creativa con sus respectivos instrumentos, creando momentos sustanciales y nada abstractos; más bien todo lo contrario: es música física, bailable incluso, que mezcla de manera atinada las pautas de la partitura con la jovialidad de la improvisación. Llamar a su música jazz se antoja algo reduccionista porque es una música contemporánea que atesora toda la sabiduría afroamericana, tomando el legado de los que la han precedido, con la premisa de que quien escuche estos polirritmos tenga ganas de moverse, de quedar atrapado por el groove de “Oo long!”, cuyo título es un homenaje al restaurante Soba-An de Dusseldorf, en el que, según ella, sirven el más delicioso té azul oolong. Lo descubrió cuando fue artista residente en Moers y su tributo de siete minutos mantiene desde el primer segundo una tensión y un juego rítmico apabullantes, aupando un sonido físico y visceral, directo y contundente, con la sección rítmica tronando precisa y las solistas agazapadas esperando su oportunidad. Cuando esta llega, un despliegue de pizzicato, que parecen martillazos, da paso a un sobrenatural desfase noise-psicodélico de una Halvorson que vuelve a brillar demostrando que es una de las guitarristas más innovadoras y destacadas de la actualidad.

El título de la cuarta composición, “Under The Aurora Sky”, fue sugerido por su marido David Brown, profesor de arquitectura de la Universidad de Illinois, como un deseo para involucrar a su familia en el proceso creativo. Es el tema más extenso, cerca de doce minutos que empiezan de una forma reflexiva y elegíaca como una balada para, poco a poco, evolucionar hacia un crescendo marca de la casa. El cierre, “Silver Spring Fig Tree”, es una serenata, un homenaje y un reconocimiento emocional a Steve Feigenbaum –fundador del sello Cuneiform, que vivió y trabajó durante muchos años en Silver Spring, Maryland–, editor del segundo y tercer álbum de TRQ: “Old New” (2019) y “3+3” (2024). La pieza, de diez minutos, mezcla aires folclóricos que parecen buscar la inspiración en los griots antes de evolucionar hacia una abstracción exquisita, incidiendo en una perfecta equidistancia entre el burbujeante swing que representaba el Hot Five de Louis Armstrong y el free jazz del Ornette Coleman Quartet, en lo que supone una cumbre de su carrera. ∎

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