Las temáticas animalistas cuentan con grandes obras dentro de la música clásica –Catalogue d’oiseaux” (Olivier Messiaen, 1956-58)–, electrónica –“L’apocalypse des animaux” (Vangelis, 1973)–, jazz –“Animals Garden” (Miyasaka + 5, 1979)– o el pop –“Pet Sounds” (The Beach Boys, 1966)–. En este último negociado, músicos históricos como Ivor Cutler o Syd Barrett dedicaron muchas canciones a todo tipo de bichos –moscas, tortugas, elefantes, pulpos, abejas, ocas, gusanos, gallinas–, aunque perros y gatos han protagonizado lógicamente los afectos de la parroquia.
Raros como David Tibet y Robyn Hitchcock aman tanto a estos felinos que bautizaron sus respectivos sellos discográficos Coptic Cat y Tiny Ghost Records –Tiny fue un gato persa de su propiedad, no confundir con el actual, omnipresente y tuerto Tubby–. La cuestión felina alcanza su apoteosis con la irrupción de Tujiko Noriko y el álbum “PON”, su sexto disco para Mego, o Editions Mego, sello baluarte de una ya larga carrera, que ha querido dedicar a Ponpon, un minino callejero, esta vez sordo, que la osaquense adoptó con tan solo 3 meses pero cuya frágil existencia acabó trágicamente al ser aplastado por el coche de un amigo. No queda claro en qué momento exacto sucede lo anterior aunque sabemos que alguna de las canciones de “PON” tiene alrededor de quince años de antigüedad y que el sintoísmo dota a los animales de un espíritu divino que comparten con el resto del cosmos.
A pesar de la humanización que imprime su voz, el catálogo de Noriko es eminentemente experimental, vena que sigue fluyendo con su nuevo proyecto colaborativo CxBxT o en el inmediato anterior, “Crépuscule I & II” (2023), un trabajo más acústico, contemplativo y de sonoridades tipo Harold Budd. Lo que también diferencia a “PON” de otros discos de la nipona más calificables de pop como “Solo” (2007) o “My Ghost Comes Back” (2014) es la madurez y riqueza melódica de sus piezas, siempre revestidas de las acostumbradas abstracciones avant-garde encuadrables en el glitch, el ambient o el microbeat. Por ejemplo, las tres primeras, “Only On Love”, el salmo evangélico de “Bosom” o “Kikoeru Pon” –“Poder oír a Pon”–, un corte que marca la sensibilidad del álbum, entre fantasmal y doméstica, con ruidos cotidianos, voces de niños –los tres de Noriko: Len, Vito y Ysé– o los inevitables maullidos de Ponpon. La vertiente cinematográfica de la artista –recordemos que, entre otras cosas, es codirectora junto a Joji Koyama de “Kuro” (2017), además de autora de su banda sonora– rezuma también en temas enlace –“Sneezing”, “Birthday”– o en el tono narrativo del disco, un aspecto más intuitivo que 100% evidente dada la barrera idiomática.
Los cortes de larga duración vuelven a hallar espacio como la enigmática “Knife Of Yonder”, con sus casi once minutos girando alrededor de un bucle vocal y etéreos arreglos orquestales, o la conmovedora “Boku Wa Obake” –“Soy un fantasma”–, pieza clave que condensa otro rasgo definitorio de “PON”, el extático: sobre piano y una base ambiental sintetizada se superponen más voces de campo y un rapeado en francés que nos retrotrae a los experimentos franco-nipones de Pierre Barouh en “Le pollen” (1982). Recordemos que Noriko vive con su familia cerca de París desde 2002.
Aportan diversidad y color a un disco que parecen surgir del más allá, del Takama-ga-hara, la juguetona “Beachside Cats”; el electro-folk espectral de “Bokuno Satelite”, donde parecen sonar banjos, kotos y theremines; la electrónica impresionista de “Kareki Ni Hana”, cuya traducción es “Flores en un árbol marchito”; “Wakaru Pop” –“Entender a Pon”– y la melancolía pianística propia de Ryuichi Sakamoto que deriva en un abrasivo pasaje ambiental digno del “Low” de Bowie, otro momento intenso del álbum; “Pon On TGV”, acrónimo “Train à grande vitesse”, que suena al Hans Zimmer de “Interstellar”; “Quarz Rework”, que lo hace al drone profundo de Pauline Oliveros con arrulladores virajes melódicos y algo de Wagner; o la despedida funeraria de “Kazeyo Pon” –“Pon al viento”–.
Escrito, cantado, producido, grabado y mezclado por Tujiko Noriko, lo último junto con el australiano Lawrence English –ambos comparten discos destacables como “Blurred In My Mirror” (2005)–, quien también aporta “treatments”, “PON” es un trabajo que sabe engarzar emotivamente intimidad con modernidad y que sale victorioso de la trampa mortal de la cursilería –como Vainica Doble y “En familia” (2000)–, partiendo de la idea irracional de dedicar canciones a un gato sordo como la porcelana, algo que distingue a nuestras respectivas culturas de forma sideral. ∎