Álbum

Widowspeak

RosesCaptured Tracks-Popstock!, 2026

Desde hace poco más de quince años, Widowspeak se han mantenido como una de las bandas más entrañables y auténticas del universo indie. Saludados con efusividad por la crítica internacional desde la aparición de su álbum de debut homónimo en 2011, Molly Hamilton y Robert Earl Thomas (acompañados inicialmente por Michael Stasiak y Pamela Garavano, que dejaron la banda tras la gira de presentación de ese primer disco) se han ganado desde entonces una considerable comunidad de seguidores, y todo ello sin sucumbir jamás a la tentación de lanzarse a los brazos de la corriente dominante.

Y eso que en esos primeros años, aunque mantuvieron una relativa constancia, no lograron encontrar del todo “su” sonido, algo que sí se puede decir de “Plum” (2020) y “The Jacket” (2022) y ahora también de su nuevo álbum “Roses”, el séptimo. ¿Su esencia? La frágil belleza de lo cotidiano plasmada en notas. Widowspeak saben capturar pensamientos fugaces que giran en torno al trabajo, las ensoñaciones, la inquietud interior, la intimidad y la nostalgia, con una melancolía reconfortante y una calidez cinematográfica. Con “Roses”, sin embargo, consiguen descubrir de forma lúdica nuevas facetas de su sonido característico, que combina el dream pop atmosférico, el rock de desarrollo lento y la americana noir.

De hecho, “Roses” resulta, quizá incluso más que los discos anteriores, una prolongación orgánica de la vida que Hamilton y Thomas comparten también fuera de la música. Llevan casados algo más de dos años y ahora también son padres de una niña pequeña, Peggy. Entre otras cosas, porque nunca han dejado sus trabajos “de verdad” –Hamilton trabaja en un restaurante y Thomas como carpintero–, Widowspeak siguen con determinación su propio camino y confía plenamente en que sus canciones y discos desarrollen una vida propia.

Mientras que muchos grupos con una inspiración similar se ven obligados a transigir y a comprometer sus ambiciones artísticas con la vaga esperanza de alcanzar el ansiado éxito comercial, Widowspeak disfrutan de la libertad de seguir a su musa y de grabar exactamente los discos que tienen en mente. En su caso la música parece surgir sin presión y sin intentar forzar nada. Nace con la confianza en sus propios procesos basada en sus años de experiencia, pero también en la compenetración ciega entre los dos cerebros del grupo. Sin caer nunca en lo anticuado, las canciones de “Roses” están impregnadas de una sensación de familiaridad y conexión que rara vez se percibe en bandas que se reúnen una vez a la semana en el local de ensayo. Las diez nuevas canciones se grabaron con la colaboración de Willy Muse, John Andrews y Noah Bond –miembros veteranos de la banda de gira de Widowspeak– en la intimidad de una antigua fábrica de alfombras situada en la isla griega de Hidra –la misma isla en la que Leonard Cohen se compró una casa sin luz ni agua corriente y vivió allí durante siete años, en los sesenta, y que permanece anclada en el tiempo, sin coches, con burros como medio de transporte–. Marcada por ese ambiente íntimo de las islas Sarónicas, ha surgido una obra profundamente humana y pausada que prescinde de artificios pop pulidos o clímax artificiales y que, en su lugar, pone el foco en la fuerza de la composición sincera y la magia del sonido cálido y analógico.

Aunque las canciones de “Roses” se compusieron antes del nacimiento de la pequeña, aquí y allá parece que Hamilton y Thomas ya se enfrentan a los cambios que se avecinan en sus vidas. Widowspeak reflexionan en sus nuevas composiciones sobre las rutinas cotidianas y la poesía silenciosa de lo cotidiano, como si quisieran mostrar que se puede ser romántico y realista al mismo tiempo. La voz delicada y suave de Hamilton suele flotar como un velo de niebla sobre los arreglos. Al mismo tiempo, Thomas crea una enorme profundidad emocional con sus riffs de guitarra incisivos y con toques psicodélicos, lo que permite ver bajo una nueva luz a los gigantes del pasado –Neil Young, Tom Petty, R.E.M. o Yo La Tengo, que brillan aquí discretamente en segundo plano–.

La que quizá sea la canción más bonita del álbum se encuentra justo al principio. “If You Change” aborda el miedo profundamente arraigado al cambio y plantea la pregunta de por qué a menudo intentamos aferrarnos desesperadamente a situaciones u objetos para mantenerlos intactos. En la letra, Hamilton aboga por vivir la vida de forma activa y aceptar cierto desgaste como algo natural –una perspectiva que, en gran medida, ha debido verse influida por el nacimiento de su hija–.

Mientras que otras bandas necesitan reinventarse con cada disco, con Widowspeak uno tiene la sensación de estar ante una obra de arte total, en la que con cada nuevo disco se hace zum sobre un detalle diferente. Por eso, sus álbumes siempre parecen nuevos, aunque se nota que están tallados en la misma madera. Si bien la música siempre ha sido, en cierto modo, otra forma de conversación entre Hamilton y Thomas, esta vez da la sensación de que las canciones de “Roses” se caracterizan por una conexión más estrecha entre forma y contenido, entre letra y música, que nunca antes. ∎

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