Álbum

Willie Nelson

Dream ChaserLegacy-Sony, 2026

Decía Unamuno que hay que vivir cada día como si fuera el último y cada hora como si fuera la eternidad. Gran verdad. Un mantra que nuestro viejo tejano debió tatuarse a fuego hace mucho tiempo. Ponerse a contar los discos de Willie Nelson exige una resistencia brutal. A sus 93 años, el irreductible forajido de la country music acaba de entregar “Dream Chaser”, su 79º álbum de estudio en solitario y cerca del 156 –cifra arriba, cifra abajo– de su inabarcable trayectoria.

Si alguien afirmara que se acerca a este nuevo trabajo únicamente por el reclamo publicitario de su coescritura junto con Bob Dylan, a muchos se nos helaría la sangre y caería fulminado más de un gorrión en pleno vuelo. Nelson no necesita muletas de prestado. Y es que a una edad en la que el descanso es ley, el músico opera bajo una enorme incontinencia creativa y lo hace ahora con un disco en su mayor parte escrito (y coescrito) por él, rompiendo esa inercia de la última década. Venía de pasarle el bisturí a los cancioneros de gigantes como Merle Haggard en “Workin’ Man. Willie Sings Merle” (2025) y de entregar un estupendo tributo a Rodney Crowell en “Oh What A Beautiful World” (2025). Hablamos de una voz lógicamente arañada por los años, la de “una vieja rata del desierto”, como la definió Joni Mitchell. La canadiense dio en la diana.

Volviendo a esa comentadísima alianza con el Premio Nobel, el rencuentro cristaliza en “I Can’t Read Your Mind”. Ha llovido a cántaros desde aquel “Heartland” de 1993 y ahora ambos entregan una balada melancólica e irónica sobre la falta de comunicación. Musicalmente, la pista se apoya en un pulso donde el piano y el pedal steel dialogan con los rasgueos ásperos de la guitarra de Willie. Para coronar la atmósfera, entra en juego la armónica de Mickey Raphael –esa particular arpa blusera que es puro sello de identidad en la banda–, dotando al corte de una profundidad casi espectral.

Para el trabajo de taller, Willie vuelve a apoyarse en Buddy Cannon, su productor de cabecera y cómplice habitual que firma a medias gran parte del repertorio. A la mezcla se suma la pluma de Bobby Tomberlin, que participa en la escritura de temas como “Dream Chaser” y “Whiskey Wants Me To”. La primera es la espina dorsal del álbum y la pieza homónima. Arropada por una brisa de americana muy ágil, la canción echa la vista atrás para recordar a aquel chaval que llegó a Tennessee con una vieja guitarra y los ojos llenos de estrellas. Todo el disco reflexiona sobre el paso del tiempo, pero prefiere esquivar la resignación y mantener intacta la curiosidad por el mañana: “Time just seems to vanish / Right before my eyes (...) Why we live with the sacrifice / But it’s worth every mile / To get to sing for a while”.

Por su parte, “Whiskey Wants Me To” es una genialidad condenadamente pegadiza. Aquí tiran de socarronería pura para echarle a la botella toda la culpa de los malos hábitos: “I try to stop and I do for a minute / But quittin’ ain’t my style and my heart ain’t in it”. Y para rematar, se pregunta cómo demonios rechazar el trago cuando se te planta enfrente como un colega de toda la vida.

Tampoco se queda atrás la asombrosa “We’d Make A Good Movie”, donde la instrumentación crece de forma cinematográfica para retratar una historia de amor puro con un estribillo triste y agudo que sentencia con orgullo: “The story of us and our great love would win an Oscar, no doubt”. No obstante, el broche de oro llega con la versión de “Developing My Pictures”, pieza escrita por Earl Montgomery y asociada al repertorio de George Jones, que se encarga de cerrar el minutaje. La canción nos sumerge en el empeño de seguir confiando en la persona amada a pesar de las señales en contra, rematando una media hora escasa que se pasa volando.

Una vez más, ver a Willie Nelson defendiendo su oficio en “Dream Chaser” con semejante entereza a los 93 años es algo que merece celebrarse por todo lo alto. Así que servíos un buen bourbon y dejad que se haga tarde; mientras este viejo forajido siga en la brecha, el resto puede esperar. ∎

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