De vuelta.
De vuelta.

En portada

Julieta Venegas

“Hay algo positivo en la terquedad”

Fotos: Josefina Alen

30.06.2026

La artista mexicana acaba de publicar un álbum –“Norteña”– y un libro –“Norteña. Memorias del comienzo”– para celebrar sus raíces familiares, recuperar fragmentos y poner en primer plano vidas atravesadas por fronteras. Como nos cuenta ella misma en esta entrevista, historias y canciones ocupan un mismo terreno sensible en el que la madurez y una mirada fija en el horizonte actúan como guías.

D

espués de vivir durante un largo período en Buenos Aires, Argentina, la cantautora y ahora escritora Julieta Venegas supo cuándo había llegado la hora de regresar a México. Es esta la tierra que le dio todo, incluso la munición para rescatar la idea antigua de construir un proyecto doble e igualmente ambicioso. El plan se desdobla en el álbum “Norteña” (Lolein-Altafonte, 2026) y el libro “Norteña. Memorias del comienzo” (las afueras, 2026), en los que Venegas desarrolla aquello que cantó años antes en la canción que daba título a “Tu historia” (Lolein-Altafonte, 2022): “No dejes que nunca se olvide el pasado, nunca lo ignores / Lleva contigo eso que fuiste y abrázalo bien”.

Aquí, ella moviliza una infinidad de referencias para dar forma a su Tijuana. En la ciudad –que ya en la década de 1990 imprimía un cierto protagonismo en la trayectoria de la artista al prestar su nombre a la banda responsable de catapultarla a la fama, Tijuana No!– se encuentra el eje en torno al cual gravitan algunas de las conexiones más fundamentales y complejas de su recorrido. Entre el sonido y la palabra, las narrativas de Venegas ganan color, textura y movimiento.

“Me agarré una obsesión con Baja California y con Tijuana”, dice en conversación con Rockdelux, por videollamada desde su casa en la Ciudad de México. Y en la piel de lectora voraz, Venegas comenzó a orbitar este universo movida por el deseo de comprender no solo los hechos, sino también aquello que, por ventura, hubiera escapado a su mirada. “Estuve rondando alrededor de esa zona, tenía ganas de imaginar el paisaje, de saber sobre esa época. Fue un poco como vivir en 360 grados: hacía el disco, me inspiraba en lo que visualizaba, leía sobre el espacio y escribía un libro de memorias”, recuerda.

Bajo el ímpetu de “caminar por esas calles doradas y ver a la gente llegar”, surge también, a través de sus manos, el vaivén de las fronteras entre México y Estados Unidos en el centro del debate sociopolítico por cuenta de las políticas de extrema derecha implementadas por el presidente Donald Trump. Es el drama de la separación, que puede leerse tanto desde un prisma romántico como político, el que articula canciones como “La línea”, un gesto que inscribe, de forma sucesiva, la obra de Venegas en un lugar de atemporalidad. En esta entrevista, la artista explora los pormenores de su proceso creativo, habla sobre la relación que cultiva con la lectura y se rinde a un gran compañero: el acordeón, instrumento que le exige, como el mundo, una escucha atenta y constante.

“Volver a ti” (con Bronco), clip dirigido por Sara Coello Coello, Alejandro Acuña Sevilla y Francisco Cancino.

Leerte me hizo pensar en cómo la escritora Cristina Rivera Garza, tu compatriota y ganadora del Pulitzer, reflexiona sobre la pluralidad de los mundos habitados en el libro “Autobiografía del algodón”. ¿Qué crees que existe de particular en la frontera de Tijuana en relación con otros lugares de México?

Yo creo que nuestras fronteras tienen cosas muy parecidas, que están muy en sintonía, y más cuando se trata de la frontera entre México y Estados Unidos. Aunque nunca he vivido por la zona de Texas, donde nació Rivera Garza, obviamente he ido a tocar mucho por ahí, incluso de los dos lados de la frontera. Al analizar y comparar otros espacios con Tijuana, siento que quizás la ciudad está en un lugar cercado por ciudades más grandes, más habitadas. En mi impresión, cada día hay todavía más cruce de personas, más idas y vueltas. Algunos pasan para seguir, otros se quedan. Hay una población flotante, pero hay gente que siempre tiene a Tijuana en su mente.

Muchos suelen decir que la etapa más memorable y definitoria de nuestras vidas es la infancia. Tras sumergirme en el universo de “Norteña”, no sé si comparto ese pensamiento tan radical.

Yo he escuchado mucho eso de la infancia. Obviamente es una época muy importante, pero pienso que todos salimos un poco traumados (risas). De niños estamos muy abiertos al mundo, todo es muy nuevo, todo lo que nos pasa en esa época nos marca mucho. Es algo a lo que con los años nos toca volver y releer, pero para mí también la época más importante viene un poquito después, y eso se siente en el libro y en el disco. Fue cuando empecé a hacer mis amigos de verdad, cuando terminé la escuela, cuando empecé a dedicarme a la música y a relacionarme con amigos músicos. Ahí es cuando se formó ya lo que, digamos, fue la dirección que tomaría mi vida.


“Obviamente la infancia es una época muy importante, pero pienso que todos salimos un poco traumados (risas). De niños estamos muy abiertos al mundo, todo es muy nuevo, todo lo que nos pasa en esa época nos marca mucho. Es algo a lo que con los años nos toca volver y releer”


En tu familia hay un diálogo entre distintas disciplinas artísticas muy interesante. ¿Sientes que las obras creadas por vosotros terminan conformando hoy una especie de gran archivo afectivo y familiar?

Yo creo que sí, especialmente en cuanto a las fotos, porque la fotografía siempre ha sido una presencia muy fuerte entre nosotros. Con mi hermana Yvonne, por ejemplo, hemos tenido que definir que nos relacionamos alrededor de la foto. Especialmente mi papá no sabe cómo vivir el momento sin fotografiarlo. Para él es como “quiero recordar eso”, y se toma la foto automáticamente. Dice: “Estoy aquí, pero quiero registrarlo”. Sigue pensando exactamente igual la línea que está en mi bio de Instagram: “No son fotos hasta que las imprimas”. Y eso es muy chistoso. Hoy ya volví a una cámara análoga. Casi no me tomo fotos en el celular. Me gusta poder tardar en ver esas fotos y que todo sea más lento. Voy buscando cierta cercanía, y las fotos son un elemento para eso. A mí también me gusta escoger un disco y escucharlo; ya no tengo la prisa de escuchar todo lo que sale, aunque soy muy curiosa y a veces me gana eso. Es necesario tener paciencia, ver qué canciones te gustan más… Voy creando una nueva relación con los discos y con el tiempo. En la música hay que elegir un poquito también, y agradezco la madurez. Me gusta tomarme mi tiempo, antes era más ansiosa. Quiero hacerlo más sosegado.

Viviste durante un tiempo considerable en Buenos Aires, una ciudad inagotable para quienes aman los libros. ¿Cómo de transformadora fue esa experiencia para la Julieta lectora?

Si llegué a escribir un libro tiene que ver con la experiencia de vivir ahí tantos años. Buenos Aires te propone también una relación profunda con las palabras, una vez que las librerías están en todas las esquinas. No hice esta mudanza por una cuestión profesional, sino más personal. Entonces, parte de enfocarme en mi vida personal era poder irme a una librería, dedicarme tiempo a leer con mi hija... Aunque yo no me dedique precisamente a esto, porque no me considero escritora, igual compartí mucho con amigos que sí lo hacen. Hay una belleza en ese intercambio, y de ahí surgieron muchas de las ideas que estoy mostrando ahorita, como la de haber sacado el libro así, con cinco editoriales distintas. Fui conociéndolas, fui leyendo sus catálogos, me pareció una manera más bonita de sacar el proyecto. Seguramente, si no hubiera estado viviendo ahí, capaz que no hubiera leído a todas como lo hice. Hay grandes diálogos y mucha hambre alrededor de la literatura.

Palabras y raíces.
Palabras y raíces.

A través de tus palabras y de tu música podemos conocer otra Tijuana. Musicalmente, ¿cómo de conmovedor fue ese gesto de volver hacia los sonidos no solo regionales, sino también afectivos?

“Norteña”, el álbum, no está hecho de ritmos norteños tradicionales. No intenté hacer algo supercorrecto si pensamos en un posible plan técnico (risas). No fue decir “esto es de esa región y esto es de otra”. No. Yo hice combinaciones, una ensalada que llevaba todo lo que me parecía norteño y que yo sentía cercano a mí. Así que, en realidad, esas canciones me parecen un festejo de mi familia, de mis raíces, del entorno. Yo extrañaba muchísimo esas cosas. Tenía muchas ganas de imaginarlo y, en vez de decir “quiero regresar a México”, simplemente estaba ahí pensando cómo podría crear y arreglar este mundo que hablara de lo que siento. Fue un proceso de reconexión, de pensar en mi mamá, de tener a mis entes presentes.

Es habitual que el acordeón conduzca algunos de los momentos más emblemáticos de tu discografía. ¿Crees que la singularidad de ese instrumento reside en moverse ligeramente entre la celebración y la melancolía?

Cuando empecé a tocar acordeón no lo sentía como algo que viniera de una influencia norteña directa. Lo escuchaba en músicas que en realidad eran como las del grupo Los Lobos, que es de Los Ángeles pero que hacía mucha música mexicana, porque ahí tenían su origen. También escuchaba Tom Waits, que al igual lo utilizaba mucho más teatralmente. Después de haberlo escuchado, sentía que quería explorarlo para ver por dónde, pero con los años fui descubriendo más posibilidades, incluso ese carácter más norteño que tiene. Poco a poco me fui enamorando de esas combinaciones y creando mi universo musical. El acordeón, gradual y naturalmente, fue tomando más espacio en mi producción discográfica. Soy pianista, pero ese instrumento tiene algo muy especial. Es como una raíz, es algo natural en la música folclórica. A veces lo veo como si fuera parte de un paisaje…

… de múltiples paisajes, la verdad, porque en Brasil lo tienen en el forró, en Colombia está en el vallenato…

Exacto, y en Argentina está tanto en el tango como en la música folclórica del norte. Es un instrumento que seguro podría ser una línea, a la vez que conecta prácticamente todos los países.


“El álbum no está hecho de ritmos norteños tradicionales. Yo hice combinaciones, una ensalada que llevaba todo lo que me parecía norteño y que yo sentía cercano a mí. Así que, en realidad, esas canciones me parecen un festejo de mi familia, de mis raíces, del entorno”


Pues “Terca” es una de las canciones del disco que más me resonó. En una industria donde a menudo se premia la complacencia y la adaptación a las demandas de mercado, ¿ser terca te ha ayudado o perjudicado?

Yo creo que de alguna manera ayuda. A mí de chica me decían que era terca y los papás no te lo decían, porque no lo utilizaban como algo positivo. Hoy creo que la terquedad, ya con el tiempo, se acerca a la perseverancia, la resiliencia. Siento que tal vez en esa canción lo que estoy tratando de celebrar un poco es la intuición. Hay que escucharla un poco, y ser terco a veces es eso, decir “siento esto y eso es lo que yo quiero”, así que musicalmente está bien escucharse. Siempre. Y aunque soy muy fan de la colaboración, en la producción artística lo que más me ha dirigido es esa voz interior. Aprendes mucho de eso. Si me preguntas por qué toco lo que toco, por qué hago la música como la hago, no sabré contestarte. No se me ocurre otra manera de hacerlo. No estoy tratando de seguir un patrón, estoy simplemente testeando, a ver qué suena con qué, qué me gusta, y ahí está. Hay algo positivo en la terquedad.

Si hablamos de influencias, al fin y al cabo también te convertiste en una referencia en Goodreads.

(Risas). Esto es muy gracioso. Realmente lo hago por gusto, llevo años haciéndolo y siempre que la gente me lo dice me parece muy lindo. A fin de cuentas, ahora he publicado un libro y no quería ponerlo ahí. Goodreads no es para la gente que escribe, sino para los lectores. También podría ponerlo y decir: “Listo, está bien, será divertido”. Pero no voy a entrar a ver. Creo que los autores no tienen que andar por ahí. Sí, soy fan. Soy curiosa… Si voy a una librería y no sé qué onda, buscar el libro o ver qué dicen en la página de evaluaciones me ayuda a elegir. No es que vaya a seguir todo lo que me dicen, pero si ya lo conozco bien, me dará una idea. Me parece divertido que una red social sea para compartir lectura y no otras cosas.

“Norteña”, como tu obra en general, habla mucho sobre libertad. Hay pasajes en los que aparece una conciencia feminista, incluso antes de que quizá tú misma pudieras nombrarla así. ¿Cómo fue, siendo una mujer joven que creció en México, enfrentarte desde temprano a ciertas estructuras conservadoras?

A todas nos ha pasado y creo que sigue pasando. De hecho, escribir el libro y hacer este disco tuvo mucho de reconciliarme con mis decisiones, que por mucho tiempo me pesaron. Yo no hice el camino que mi educación me marcaba, y es algo que duele también. Sientes que estás fallando, aunque sea lo que tú deseas. Al final es una lucha interna: estás contenta, pero siempre con esa sensación de uy, no estoy haciendo las cosas como los demás esperaban, ya sea diciéndolo explícitamente o no... Siempre se trata de expectativas. Se nos ponen a todos. Cuando terminé la escritura, pude sentir que ha estado bien, que tomé las decisiones que sentí que eran correctas, no fueron las que se esperaban de mí. La mayoría de mis hermanos están casados, tienen hijos… Descubrí también la individualidad de seguir mi propia visión. Me parece bonito compartir eso con mi familia, que ni siquiera pensaba que yo había fallado. Era yo la que reflexionaba bajo esta perspectiva interna. Ser artista me ayudó a acomodarlo. ∎

Aprendiendo de sus pasos

JULIETA VENEGAS
“Norteña. Memorias del comienzo”
(las afueras, 2026)

Después de pasar más de tres décadas dedicada al oficio de escribir canciones populares, muchas de ellas himnos de amor, Julieta Venegas tiene ahora un libro propio. Es más: recurre a la escritura de memorias para compartir algunos de sus más preciosos recuerdos. Bajo una perspectiva casi detectivesca, cercana al deambular que suele ser propio de los poetas, publica en cinco países y con cinco editoriales independientes “Norteña. Memorias del comienzo”. En España es las afueras quien se encarga de la edición. El libro, que llega acompañado por un álbum prácticamente homónimo, construye una narración que equilibra su aprecio tanto por el poder de las imágenes como por la dimensión afectiva de la literatura, ambos despertados al volver la mirada hacia sus años iniciales.

En la portada aparece aún de niña, en una foto que le hizo su hermana gemela, la fotógrafa Yvonne Venegas. Rescatarla ahora, más de treinta años después, podría ser una síntesis de ese movimiento de redescubrirse. Mientras camina por su infancia y juventud, Julieta deja claro que no se fue de Tijuana buscando triunfar, aunque lo haya logrado. Se fue a buscar su sentido natural de artista, y esto lo expone a partir de una lucidez que, innegablemente, fue precoz.

En la obra habla de emociones, de amistades y de una familia que le ofrece, a través de su respeto e interés por la cultura, la posibilidad de soñar en grande. Como se nota, a cualquier edad y en cualquier momento de su trayectoria, la cantante encarna una de las cualidades más singulares para sostener una carrera duradera: la inquietud. Por eso, en poco más de 160 páginas, nos encontramos con una protagonista que se desarrolla a partir de la observación crítica y la atención al mundo que la rodea. Es justo esto lo que la lleva a subrayar el respeto que tiene por su propia historia y a alejarse de la pura nostalgia.

Venegas evita los dramas y las intimidades típicas de las autobiografías y los libros de memorias. Antepone una temprana devoción por el arte, los olores, los sabores y las sensaciones. Y, para comprender en quién se convirtió, abre la posibilidad de compartir el protagonismo con una ciudad y un instrumento. Primero viene Tijuana, la ciudad donde creció y que precede a cualquier otra en su trayectoria vital. Esta se dibuja de inmediato como el primer extremo de una conexión permanente. Enseguida aparece el acordeón, compañero fiel al que dedica un capítulo entero y que se presenta como el guía de esta travesía que, aunque se detiene en el lanzamiento de su primer LP, Aquí” (BMG, 1997), permanece abierta ante nosotros, sellando una rara y valiosa memoria que es, sobre todo, musical.

Al mirar esos espacios donde la elegancia de The Cure convivía naturalmente con las emociones de Juan Gabriel, y donde las canciones de Suzanne Vega funcionaban como primeras referencias para una artista en formación, las memorias de Julieta nos llevan hacia el encuentro de sentimientos universales. En “Norteña. Memorias del comienzo”, antes que explicarse a sí misma o revelar lo que hay detrás de la magia de la música, Julieta Venegas busca reverenciar sus orígenes. Forjada en uno de los países culturalmente ricos de Hispanoamérica que ahora también establece diálogo con su discografía, la artista construye un relato en el que nos recuerda que la música es memoria, y que redescubrirla es también encontrarse con su destino. ∎

Etiquetas

Contenidos relacionados

Rockdelux
Ministerio de Cultura
Ministerio de Cultura

Esta revista ha recibido una ayuda a la edición, del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura.