En el calor del hogar.
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En portada

Kurt Vile

“Algunos dicen que hago el mismo disco una y otra vez, pero siempre viajo a un lugar distinto”

Fotos: Eleanor Petry

07.07.2026

Más fiel a su estilo que nunca, si es que le es posible no serlo, el líder de The Violators dibuja un retrato de la ciudad que lo vio nacer, crecer y descarriarse en “Philadelphia’s Been Good To Me”, un disco grabado entre finales de 2023 y principios de 2026 en su estudio casero más algunas sesiones extra en Memphis, Los Ángeles y Athens.

C

uando uno le da al play a un disco que rinde homenaje a Nueva York, más o menos intuye qué paisajes se van a evocar a través de sus canciones. Lo mismo con Nueva Orleans, Los Ángeles, Chicago, Las Vegas o San Francisco. Pero ¿qué nos va a mostrar un álbum inspirado en Filadelfia? Es más, ¿qué demonios hay en Filadelfia, más allá de los monumentos que conmemoran la creación de Estados Unidos? “Mi Filadelfia es engañosamente sencilla en muchos sentidos”, escribe Kurt Vile en la nota de prensa de su nuevo trabajo, mentalmente gestado “yendo y viniendo en coche desde Mt. Airy hasta North Liberties, donde comencé mi carrera, y donde hay tantos fantasmas a los que puedo visitar... En realidad, todos fantasmas amistosos”.

“Philadelphia’s Been Good To Me” (Verve-Universal, 2026) es un tributo a la mayor ciudad en el estado de Pensilvania, sí, pero no existiría sin los viajes, sin el desorden de estar lejos de casa, porque nace de la sensación que genera volver a tu guarida tras navegar el tormentoso oleaje de la carretera. “Este es mi disco de ‘regreso a casa, a Filadelfia’”, afirma el autor. “Vuelvo embriagado por la música y la vida, inspirado por los amigos y todas las risas y bromas de la noche. Miro a mi alrededor y veo mi estudio con otros ojos. Enciendo un sintetizador y un ‘loop’, me cuelgo la guitarra y plasmo en una canción la hermosa sensación de la noche. Este álbum recoge todo eso, ¿sabes?”.

Algunas sesiones de grabación tuvieron lugar en Memphis, Los Ángeles y Athens (la de Georgia, no la tejana), pero la gran mayoría del material se grabó en el mismo lugar desde el que Kurt se conecta con Rockdelux vía Zoom, rodeado de órganos analógicos, viejas cintas de consola, discos y libros sobre héroes como Neil Young, Terry Allen, John Prine y Sun Ra: el estudio que él mismo construyó con ayuda del bajista Adam Langellotti en el sótano de su casa en Mt. Airy, Carolina del Norte, al estallar la pandemia, bautizado como OKV Central en homenaje a “Overnite KV”, el peculiar esbozo de drone instrumental que incluyó en su segundo álbum, “God Is Saying This To You…” (Mexican Summer, 2009). “Este es mi mejor disco en cuanto a mi voz y también en cuanto a guitarra eléctrica, el más natural y espontáneo gracias a que está hecho en la comodidad de mi propio espacio. Hace bastante tiempo que busco que lo orgánico estuviese tan presente como en los viejos tiempos, y creo que lo he recuperado incluso con mayor fidelidad”, sentencia Vile, recostándose en su asiento y calándose la gorra que oculta su pelambrera.

“Chance To Bleed”, clip dirigido por Lucky Marvel. Y con la aparición de la leyenda del hip hop de Filadelfia Schoolly D.

Esta es mi casa

Vile se crió en Lansdowne, a unas diez millas del centro de Filadelfia. Y a sus 46 años ha sentido que “había llegado el momento de mirar hacia mi entorno más cercano, reivindicarlo y convertirme en una especie de embajador de Philly entre la gente de mi generación, a nivel musical”. Es una ciudad, describe el artista, “con una enorme variedad de paisajes distintos, con una comida excelente y una escena musical muy activa, que brinda la posibilidad de ir a conciertos interesantes todas las noches de la semana. Definitivamente tienes que vivir en ella un tiempo para descubrirlo todo a fondo y no quedarte en la superficie”.

Hay varias secuencias del disco en las que Vile hace alusión a la escena de la ciudad, y una en particular en la que nos transporta a sus inicios en el circuito underground: la canción “Chance To Bleed”, que cuenta con las voces invitadas de Natalie Hoffmann –de NOTS y Optic Sink– y Greg Cartwright –de Reigning Sound y The Oblivians– y con un videoclip rodado en el recinto Kung Fu Necktime de Filadelfia, en el que hace un cameo la leyenda del rap local Schoolly D. “Fueron muy buenos años, incluso antes de empezar a tocar en salas”, rememora el cantante y guitarrista. “Recuerdo un verano con mi hermano mayor y algunos amigos nuestros, en 1994 o quizá 1995, en el que grabamos una canción mía en una grabadora de cuatro pistas de casete, y cuando la pusimos me pareció que sonaba increíble, como si se hubiera grabado en un estudio profesional. Treinta años después sigo grabando en casete. Nada suena mejor que las casetes, puede parecer una locura pero es verdad. Hubo una época, hace diez años o así, en la que todo el mundo decía que era un formato completamente muerto, que ya no volvería jamás y en el que ya nadie publicaría nada, pero sigue resistiendo, y es por eso, porque no hay nada en el mundo que suene mejor”.


“Filadelfia es una ciudad con una enorme variedad de paisajes distintos, con una comida excelente y una escena musical muy activa, que brinda la posibilidad de ir a conciertos interesantes todas las noches de la semana. Definitivamente tienes que vivir en ella un tiempo para descubrirlo todo a fondo y no quedarte en la superficie”


Hay un momento en el que “Philadelphia’s Been Good To Me” se remonta incluso más atrás, a su infancia, concretamente en el cierre del disco con “Avalanches Of Snow”, en la que Vile toca una trompeta que tiene desde la secundaria. “Sí, fue mi primer instrumento antes de animarme a aprender a tocar la guitarra. Con la trompeta empecé en cuarto grado, pero la que suena en este disco me la regalaron cuando estaba en octavo. Creo que suena genial, y quizá debería plantearme llevármela en la gira para tocar un par de fraseos al menos. Tuve una infancia bastante buena en general, en el clásico barrio suburbial. Mis padres fueron unos padres geniales, aunque en algunos sentidos no tuve toda la libertad que me hubiera gustado. Ellos eran bastante religiosos, y durante unos cuantos años crecí con los típicos sentimientos de culpabilidad por esto y aquello, que en realidad solo eran imposiciones y no tenían nada que ver con lo que yo realmente creía que tenía que sentir. Pero cuando veían que algo me interesaba mucho, como la música, me dejaban dedicarle todas las horas que quisiera. Dejaban que me obsesionara con cosas buenas, positivas, aunque luego me fui obsesionando con otras cosas que quedaban fuera de su control, cosas que acabaron encendiendo mi fuego interior, ¿sabes lo que quiero decir? Al final me fui al cruce de caminos para hacer un pacto con el Diablo”, afirma entre risas.

En el disco también suena otro instrumento con un fortísimo valor sentimental, una vieja guitarra Gretsch Tennessean de caja hueca que “fue tocada durante mucho tiempo por uno de los mejores guitarristas del mundo, un viejo amigo y uno de mis verdaderos héroes, que no es otro que el canadiense Travis Good, de The Sadies”, dice Kurt, que en las letras de “Rock O’ Stone” menciona a otro músico bastante menos predecible: el rapero tejano DJ Screw. “Me encanta el rap, absolutamente”, responde a nuestra curiosidad. “Esa canción en concreto tiene un par de referencias a un libro del periodista Lance Scott Walker ‘DJ Screw. A Life In Slow Revolution’. Es como una biografía oral en la que mucha gente habla sobre la influencia de Screw como productor e ingeniero de grabación. Amo la música hipnótica de DJ Screw, pero en general me gustan todos los estilos dentro del hip hop, puedo disfrutar de todos ellos y a nivel de producción siempre ofrecen cosas interesantes para alguien que trabaja en el rock”.

Elogio de lo viejo

Después de tanta referencia a ídolos de otros lugares, preguntamos a Kurt cuáles son sus héroes musicales de Filadelfia, pero la pregunta lo descoloca. “Uau, ¿de Filadelfia? Pues así a bote pronto no te sabría decir… Quizá alguno de los músicos con los que crecí en la escena local. Por ejemplo, Mike Polizze, que es un guitarrista excepcional del que me considero el admirador número uno y es el líder de la banda Purling Hiss. También Jack Rose, que era algo más mayor que yo y tocó con John Fahey nada menos, pero que desgraciadamente murió muy pronto, en 2009. Era increíble”.

¿Y en qué ha cambiado Filadelfia desde aquellos buenos viejos tiempos? ¿Es muy diferente o más o menos mantiene su esencia? ¿Hay algo que odie de la Filadelfia de 2026, más allá de que en la canción que da título al álbum se lamente de que el impronunciable río Schuylkill que atraviesa la ciudad esté “contaminado como el demonio”? “No, odiar no odio nada, creo”, ríe el melenudo cantautor. “Quizá solo una cosa. Cuando tenía veintipico años, en mi etapa formativa más seria a nivel de profesional de la música, iba mucho por la zona de Fishtown y North Liberties, y en esa época se puso tanto de moda entre los hípsters que construyeron más de la cuenta y varias obras se quedaron a medio hacer, abandonadas. En los últimos tiempos, sobre todo en North Liberties, ha vuelto a haber una fiebre por la construcción y, la verdad, odio la gentrificación y las edificaciones modernas, no tienen alma. Lo están convirtiendo en una especie de nuevo Williamsburg, cuando esa parte de la ciudad no tiene nada que ver con eso. Me gustan las cosas viejas, especialmente en cuanto a los paisajes urbanos. Los viejos almacenes abandonados y ese tipo de cosas”.

Memorias muy vivas.
Memorias muy vivas.

De hecho, la portada de “Philadelphia’s Been Good To Me” tiene esa onda, mostrando un viejo cartel de señalización de carretera al que se le han caído varias letras por el paso del tiempo, que apunta hacia un viejo coche aparcado junto a unos árboles. Pero no, la imagen no es de Philly porque el bueno de Kurt ha querido jugar al despiste con esto. “La fotografía está hecha en Memphis en realidad”, comenta entre risas. Es obra del legendario William Eggleston, un fotógrafo alucinante y muy influyente al que conocí a través de su hijo Winston. Fue él quien me envió esta foto en concreto, me la mandó durante la pandemia y me trajo a la mente algunos recuerdos muy vívidos sobre mí mismo. Me recordó, no sabría explicarte bien por qué, a mis primeros discos, a las canciones tan lo-fi que hacía al principio de mi carrera, sobre todo al disco ‘God Is Saying This To You…’ en el que la portada es una foto de mi padre delante de un viejo tren de mercancías. Es como una de esas fotografías clásicas, que cuando las miras puedes sentir esa sensación de la sencillez, de lo que es lo-fi, como te decía. Me sentí muy conectado a ella. Además, parte de este nuevo trabajo se grabó en Memphis, así que por ese lado también tiene sentido. Aun así, le pregunté a Winston si su padre había hecho alguna vez una foto en Filadelfia, pero me dijo que no y me quedé con esa y no le di más vueltas. Podría haberos mentido a todos y decir que era algún lugar de Filadelfia, pero a los Eggleston seguramente no les hubiera gustado”, afirma, sin dejar de reír.

La búsqueda continúa

Aunque tiene un espíritu cien por cien orgánico, “Philadelphia’s Been Good To Me” no es precisamente de baja fidelidad. En gran parte autoproducido, con ayudas puntuales de The Violators –el bajista Adam Langellotti, el teclista Matthew Jugenheimer, el baterista Kyle Spencer y el guitarrista Jesse Trbovrich– y de su técnico de sonido Rob Schnapf, es una obra que suena muy contemporánea pero que a la vez desprende esa fragancia de música de raíces que tan bien maneja nuestro protagonista. “Soy muy fan de la música en general, escucho muchos géneros distintos y me divierto con todos, pero creo que en el fondo los que me atraen más son los que tienen una combinación de emociones humanas, desde el dolor más desgarrador hasta la alegría más profunda, trasladada no solo a las letras, sino también a la música, a las notas que se escogen en cada momento. Eso es lo que genera la tormenta perfecta que me gusta sentir como oyente”, explica Vile. “Por otra parte, creo que este disco captura muy bien las sensación de un concierto en directo, al estar grabado entre parones de mi gira. El verano pasado, por ejemplo, estuve girando con los Pixies. Me empapé mucho de esa energía y en algunas partes del álbum se nota que me la llevé al estudio”.


“Escucho muchos géneros distintos y me divierto con todos, pero creo que en el fondo los que me atraen más son los que tienen una combinación de emociones humanas, desde el dolor más desgarrador hasta la alegría más profunda, trasladada no solo a las letras, sino también a la música. Eso es lo que genera la tormenta perfecta que me gusta sentir como oyente”


Todo el mundo sabe a estas alturas que los discos de Kurt Vile tienen un tempo distintivo, una cadencia de pasotismo plácido, lento y a piñón fijo que termina seduciendo pero que necesita que pongas de tu parte, que tengas talante para dejar que te enganche poco a poco, o más bien para que le encuentres el punto de trance y no te parezca monótona, o mejor dicho monorrítmica. Y ahí es donde el contexto expresivo necesariamente honesto de este repertorio inclina la balanza a favor de este nuevo disco de Vile, que asegura no entender algunas críticas que ha leído tras su lanzamiento porque lo ha abordado “como si fuera mi último álbum, dándolo todo”, asegura. “Lo que expreso en mis discos es lo que soy, para bien o para mal. Pero al mismo tiempo, cada vez que hago uno nuevo, siempre estoy intentando hacer el mejor de mi carrera. Así es como debería ser, o así lo entiendo yo, porque en cada grabación aprendes algo nuevo que te hace ir sumando, que te abre nuevos campos de exploración, nuevos territorios, de manera que siempre vas avanzando. Por eso considero que cada disco que publico es una versión actualizada de lo que soy, y por eso, cuando leo reseñas que dicen cosas como ‘Kurt Vile siempre hace el mismo disco una y otra vez’, digo: ‘Vale, en parte es verdad, porque he desarrollado un estilo propio, un sonido que me identifica’. Pero también estoy convencido de que en cada disco propongo un viaje hacia un lugar distinto”.

Un futuro incierto

En efecto, las doce canciones de este décimo álbum de estudio llevan a la “Ciudad del amor fraternal’, que es uno de los muchos apodos que tiene Filadelfia, también conocida como la “Ciudad que ama que vuelvas”, la “Ciudad cuáquera” o la “Ciudad de los vecindarios”, pero también como “El lugar de nacimiento de los Estados Unidos” o “La cuna de la libertad”, ya que fue allí donde se firmó la fundación de los Estados Unidos de América hace exactamente 250 años. Como es natural, toda la ciudad está bastante revolucionada con la celebración de la efeméride, pero Kurt no considera que sea un momento especialmente bueno para fiestas patrióticas. “Ya no solo me preocupa lo que está ocurriendo en mi país, sino también cómo lo estáis viendo todos desde fuera. Lo de Trump amenazando a los artistas no mola nada. Es agotador. La situación que se ha generado en esta última etapa política persigue precisamente eso, cansarnos, agotarnos para que dejemos de estar atentos, para que dejemos de protestar. Quieren que pasemos de todo, que nos aburramos. Pero es tan descorazonador, y da tanto miedo, que es imposible dejarse llevar por ese agotamiento. Siempre habrá buena gente que seguirá reaccionando, que seguirá luchando”.

En el mar de la tranquilidad.
En el mar de la tranquilidad.

Otro fenómeno reciente y “también descorazonador” que le toca más de cerca por oficio es el de la deriva que está tomando la creación de música con la aceptación masiva de la Inteligencia Artificial como herramienta. “Yo tengo claro que la IA es una amenaza muy peligrosa y, en otros campos, mucho más peligrosa que en la música. Y me sorprende ver a tantos artistas recibiéndola con los brazos abiertos sin la menor cautela. Ya conozco a muchos que lo están haciendo, pero créeme si te juro que yo no me veo usándola, ni ahora ni en el futuro”.

Así pues, él seguirá a lo suyo, que es componer canciones, grabarlas sin exceso de artificios, tocarlas ante sus fans y sentarse a pensar qué será lo siguiente. Una cuestión peliaguda esta última, nos confiesa, teniendo en cuenta que acaba de entregar el que considera es su mejor disco. “Es que esta vez no me he guardado nada, de verdad que he puesto toda la carne en el asador y ahora no tengo ni la menor idea de qué me apetece hacer en el futuro”, reflexiona antes de despedirse. “Lo bueno es que ahora, cuando vuelva a la carrera, seguro que empiezan a ocurrirme cosas que desencadenan nuevas ideas, cosas inspiradoras para seguir escribiendo. Siempre estaré haciendo música de una forma u otra. Pero sí, es posible que antes de todo eso lo primero que haga es desenterrar todo el viejo material que tengo guardado en mis archivos desde hace un montón de tiempo para ir publicándolo hasta que un nuevo disco tome forma en mi mente”. 

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