De repente, desde el lateral más cercano al escenario se empezaron a escuchar gritos. Algo estaba pasando. Sobre el escenario, un pequeño tablao flamenco. Pocos segundos después apareció ella, Rosalía, sumándose por sorpresa a ACT X PALESTINE, acto de grito cultural lleno de rabia, resiliencia y esperanza contra el genocidio que el Estado de Israel está perpetrando ya no desde el 7 de octubre de 2023, sino desde hace décadas, contra el pueblo palestino.
Trasciende lo anecdótico, desde todas sus lecturas, que nuestra artista más internacional se sume al cartel para interpretar “La perla”, más aún después de la muchas críticas que había recibido por su falta de compromiso y posicionamiento con la causa. Y aun así, lo que ayer se vivió en la capital catalana va mucho más allá de los nombres que fueron apareciendo sobre el escenario del recinto olímpico, convertido en una plaza mediterránea presidida por olivos, símbolo de la cultura palestina. Sin Rosalía –quien por su dimensión mediática ha acabado copando todos los titulares– la velada de ayer hubiera sido igual de relevante y trascendente. Pero qué bonita sonó una de las mejores canciones de su último disco, “LUX” (2025), en esa revisión más pura y libre de arreglos de estudio.
“Durante la guerra hemos sufrido dos grandes períodos de hambruna, teniendo que llegar a comer pienso de animales porque en el mercado un litro de aceite de girasol llegó a costar 40 euros. Un cigarrillo, no un paquete, 50 euros”. Eran las siete y media en punto y la pista del Palau Sant Jordi era una explanada casi desierta. El actor Eduard Fernández, una de las figuras más visibles y comprometidas de la iniciativa, fue el responsable de dar la bienvenida a los pocos que ya habían tomado asiento. Lo acompañaba Kayed Hammad, fixer y traductor durante más de dos décadas de periodistas españoles en la franja de Gaza. Hace cinco meses que Hammad –quien perdió a uno de sus hijos, de 24 años, asesinado por el ejercito israelí– vive en España. En la charla que mantuvieron ambos, le confesó que vive la situación con sentimientos contrapuestos: la felicidad de despertarse sin tener que temer por su vida, la tristeza por haber abandonado su tierra dejando en ella a parte de su familia y a muchos de sus amigos (los que han sobrevivido al genocidio). “En Gaza la vida es diferente”, relató. “Ahora allí son las nueve menos cuarto. Cuando se pone el sol, lo mejor que se puede hacer es quedarse en casa. Pero el problema es que ya no quedan casas. Debemos escondernos entre los escombros de nuestras casas con nuestras familias. Esto es lo que nos queda. Yo no quería marcharme de Gaza. Cuando empezaron los ataques, me negué a marchar del norte hacia al sur, tal como recomendaba el ejército israelí. Porque cuando ellos te recomiendan una cosa, por seguridad, debes hacer lo contrario. Me siento culpable por estar viviendo con todas comodidades mientras están intentando aniquilar al pueblo palestino en la Franja de Gaza”.
Cuando acabó la charla entre Fernández y Hammad, el recinto ya estaba lleno. Fue uno de los momentos más emotivos de una velada repleta de momentos emotivos. Como, entre muchos otros instantes remarcables, la aparición de Pep Guardiola –“debemos implicarnos en una causa tan y tan grande”, dijo– o como cuando tras la actuación de Clara Peya, acompañada de las actrices Elisabet Casanovas, Laia Manzanares y el actor Miki Esparbé, tomó la palabra Arab Barghouti, hijo de Marwan Barghouti, “el Mandela palestino”, preso político desde hace más de dos décadas. “No lo liberan por temor a lo que pueda hacer, sino por miedo a lo que representa”, expuso Arab antes de pedir al público que se uniera a su grito: “Free Marwan, free Palestine!”.
El grupo palestino Sol Band fue el primero en poner banda sonora a ACT X PALESTINE, que se vivió ya desde los primeros compases entre pasajes increíbles. Como el dueto que formaron la cantante palestina Lina Makoul y la siempre combativa Ana Tijoux, dando vida al “Somos Sur” de la chilena, que iba enfundada en una sudadera con el explícito lema “Fuck ICE”. Porque ayer la lucha principal era la de Palestina, pero, como recordaría el exlíder de la CUP, David Fernàndez, “somos todas las luchas”. En la parte más irredenta del cartel también destacaron las apariciones de Fermin Muguruza, escoltado por un grupo de danza dabke amplificando su clásico “Yalah, Yalah, Ramallah!”, o el exlíder de los valencianos Obrint Pas, Xavi Sarrià, acompañado de Salma Alhakim para poner voz a “Hayad”.
Algo despistado se quedó el público con los reyes del blues del desierto Tinariwen, todo lo contrario a la reacción eufórica que hubo cuando Amaia se sentó al piano para interpretar “Nadie podría hacerlo” y “Tengo un pensamiento”. Acompañada de piano, la francesa Zaho de Sagazan bordó “La symphonie des éclairs”. Se abrió el acto “urbano” empezando por la entrañable extraña pareja que conforman Guillem Gisbert y Mushka (en silla de ruedas por una lesión) dando vida a su “1 cumbia amb el Guillem”. Tras ellos La Zowi, a la que recogió el testigo Bad Gyal y Morad. Primero ella, combativa pero siempre diva, con su “Fiebre”, luego los dos juntos cantando “Aquí soy”, y finalmente el de L’Hospitalet ondeando una bandera palestina, “Soñar”. Y entre medio de todos ellos, la aparición sorpresa de Rosalía. También hay que destacar aquí la irrupción de la cantante palestina Zeyne, entre el urban y la música de raíz: increíble. Así como la ación performática de La Fura dels Baus, que ahondaron en Shakespeare para visualizar la asfixiante angustia del pueblo gazatí.