Carmen Villain regresó a los corrillos discográficos hace pocas semanas, con las extrañas sensaciones de septiembre como telón de fondo. Bajo la protección del que siempre ha sido su sello, Smalltown Supersound, Villain ha publicado un nuevo álbum, “Memoria”, en el que continúa examinando con nuevos prismas las texturas del jazz, el ambient o el dub. El disco bebe de la influencia de la película homónima de Apichatpong Weerasethakul y de algunos escritos de la compositora, investigadora, profesora y pionera de la música electrónica Pauline Oliveros (1932-2016). Es su primer LP en cuatro años, y en él se cede menos protagonismo a los vientos de Johanna Orellana para explorar cuestiones como la reiteración y el cambio, el espacio y el diseño sonoro, expandiendo un estilo que siempre ha resultado inclasificable.
La autora de obras como “Both Lines Will Be Blue” (2019) u “Only Love From Now On” (2022) nos atiende desde su casa en Oslo. Allí desconecta “dando paseos por la montaña, comprando libros” –vemos que su salón está abarrotado de ellos– y, evidentemente, haciendo música. Sobre ese ejercicio de producir y escuchar sonidos como una forma de desarrollar empatía con nuestros semejantes versa parte de nuestra conversación y de su obra. Un título como “Entre nosotros”, una de las composiciones de este nuevo álbum, implica una dialéctica amorosa, un proyecto ético que su música expresa de manera sintética y desde un sonido abstracto. “La pregunta ‘¿qué es el amor?’ es muy grande”, contesta, abrumada, al final de nuestra conversación: “Creo que el amor es simplemente la vida. Es lo que da sentido a todo. Siento que la mayoría de los seres humanos, a un nivel fundamental, lo hacen todo por amor”.
Creo que en “Memoria” hay una sensación sutil de que continúa el sonido de “Only Love For Now On”, pero a mí me parece que profundiza en otras obsesiones tuyas. Sigue muy presente el tema de la respiración, por ejemplo, pero de una manera distinta. También hay más presencia de los subgraves del dub y una perspectiva muy microscópica o minimalista que me recuerda por ejemplo a “Seismo”, el disco de upsammy y Valentina Magaletti, que explora una sensibilidad casi de insecto, por así decirlo. Quería saber qué sensaciones o qué intuiciones te han guiado preparándolo.
Lo que quería investigar era la abstracción. Y sí, todavía quería, como dices, hablar de la respiración; conservar ese aspecto humano en el álbum, pero también que las melodías reaccionasen a lo que ya estaba allí. Coger sonidos, deshacerlos o abstraerlos… No sé. Hay melodías, pero están como escondidas. Hay más foco en la sensación del espacio. Fue aceptar hacia dónde me guiaba la música y asumir lo que estaba pasando en lugar de reorganizarlo todo completamente. Dejar que las cosas se desarrollasen por sí solas. En cierto modo, siento que ha habido mucho procesamiento a lo largo del tiempo.
Me encanta que en la nota de prensa se cite a Pharoah Sanders (1940-2022) y a Jon Hassell (1937-2021), porque son artistas que asocio mucho con tu sonido. Estuve en el set del año pasado que hiciste en Barcelona en el Paral·lel Festival y creo que el primer tema que pinchaste era de Sanders.
¡Sí!
A mí ese jazz me parece muy psicodélico, tiene un punto casi meditativo. Quería saber por qué te interesa ese estilo en particular, que también escuchamos en “Memoria”, aunque más en “Only Love For Now On”.
Sí. Creo que Pharoah Sanders y otros ejemplos de la música a la que llamo cosmic free jazz me interesan porque son como una ascensión hacia fuera, hacia arriba, y porque son muy liberadores. Un sonido con júbilo, con alegría. Jon Hassell no es tan libre en ese sentido, pero es igual de cósmico. Es muy exploratorio, aunque quizá va más hacia dentro que hacia fuera. Hassell inventó un mundo nuevo, se entiende que juntando influencias de muchos viajes y lugares encontró una nueva dimensión que creo que llamaba “The Fourth World”. A mí me interesa eso: la música que tiene el potencial de crear espacios extra y de llenarlos de cosas nuevas, distintas.
¿Eres una persona que medita?
No, lo intenté alguna vez y me volví loca (risas).
¿Por qué?
No puedo estar en mi cabeza. Ya sé que el objetivo es salir de tu cabeza, pero no puedo. Prefiero estar fuera moviéndome en la naturaleza. Me es más fácil escapar de mi mente de esa manera.
“Memoria” es tu álbum más atado a la tierra. También siento que se malinterpreta la influencia de Pauline Oliveros y de Apichatpong Weerasethakul como artistas espirituales o abstractos, cuando su obra tiene mucho que ver con lo físico, con el cuerpo y lo material. Quería saber si ese contraste entre lo terrenal y lo abstracto, que para mí está muy presente en tu música en general, es algo de lo que eres consciente, si lo interpretas o utilizas de algún modo a nivel creativo.
Creo que sí. Lo que me gusta de esos dos ejemplos es que son muy de ensueño o realismo mágico, pero usan imágenes reales. Para mí tratan principalmente del humanismo, del ser humano. Eso es lo que me interesa más de estas cosas, como dices, que nos devuelven a lo humano. Pero no solo del ser humano como persona egoísta y centrada en sí misma, sino conectado con lo de fuera. No es algo que practique en el día a día como otra manera de vivir, más allá de intentar ser buena persona y estar ahí para mi familia, mis amigos y demás. Pero sí reconozco esa práctica con mi música y ahí creo que es donde siento que me conecto, o donde mi cerebro está concentrado en algo que está fuera de mí.
Sí, creo que la escucha profunda, igual que la lectura profunda, muchas veces tienen que ver con sensibilizarse con el entorno. Lo haces con un sentido, pero es una práctica que se extiende a un nivel político.
Eso es lo que más me interesa, también porque la escucha profunda se está usando demasiado, en mi opinión. Se utiliza para conducir a esa espiritualidad occidental –yoga, new age– que encuentro excesivamente centrada en uno mismo. Claro que es importante cuidarte a ti mismo y todo eso, quererte y demás, pero a mí me interesa como una manera de conectar con otra gente o de cuidar de los demás. Creo que es lo que necesitamos ahora más que nada.
Me interesa mucho lo que tiene que ver con lo auditivo aplicado a la memoria. Me gustaría que hablases un poco de qué te interesa del sonido como algo que activa el recuerdo.
En primer lugar, hacer música es mi forma de explorar las cosas. Trato de explorar el sonido, las ideas o cuestiones que me interesan. Para mí el sonido, el tiempo y la memoria están muy relacionados entre sí de forma natural. Creo que son, en cierto modo, tres de los grandes misterios del mundo. No puedo explicar la música, no puedo explicar la memoria y no puedo explicar el tiempo. Puedo intentarlo, y he estado leyendo sobre ello, hay gente que lo explica de diferentes maneras, pero todo el mundo termina descubriendo que su explicación no es real o no funciona. Supongo que el tiempo y la memoria son, en cierto modo, lo que nos hace ser quienes somos. Nuestra forma de entenderlos o nuestra relación con ellos nos hace ser quienes somos. Esa es la razón principal por la que lo hago. Experimentar con el sonido es mi forma de desahogarme o de reflexionar sobre las cosas. La memoria no es fiable: cada vez que cuentas una historia esta se va destilando más y más, y el recuerdo se vuelve cada vez más claro; pero ese recuerdo es probablemente muy diferente de lo que pasó. Así que el disco se convirtió, supongo, en un procesamiento metafórico de las cosas que ocurren cuando estudias la memoria. Qué le pasa al sonido si dejas que se desintegre con el tiempo o que evolucione… El sonido sigue siendo algo y sigue siendo lo mismo, solo que de forma diferente. Puedes también percibir el sonido y el recuerdo simultáneamente. Algo que realmente me llamó la atención cuando leí a Pauline Oliveros, aunque ya llevase tiempo leyendo sobre esos temas, fueron los ejercicios prácticos. Uno de ellos era algo así como “cierra los ojos e intenta recordar un sonido de tu pasado”. Con ello te das cuenta de que en realidad puedes oír el sonido internamente, de que somos capaces de recordar los sonidos. Yo lo hice y me quedé como “vaya, nunca lo había pensado así antes”. No suelo cerrar los ojos e intentar recordar los sonidos, así que me pareció genial. También habla de cómo el sonido se puede ver: imagina que estás escuchando una cascada e intentas concentrarte en una sola gota de esa cascada. En la vida real no puedes oírla realmente, pero aún así puedes oírla en tu mente. Todas esas ideas se me pasaron por la cabeza mientras creaba “Memoria”. No necesariamente de forma directa, sino como conceptos interesantes sobre cómo escuchar. Porque creo que la música tiene que ver con el tiempo pero también con la memoria, es como si la almacenara. Todo está bastante conectado de una forma extraña que no puedo explicar. Estoy segura de que hay muchos filósofos realmente geniales que lo han intentado mucho mejor que yo.
Esa forma de rememorar para mí es algo que está relacionado con el trauma. No sé si es algo que también tenías en mente.
Sí. Creo que eso es lo que hacía que la película “Memoria” fuera tan interesante: siento que trata sobre tantas otras cosas. Como dices, el hecho de estar presente, de poder escuchar o empatizar con el trauma ajeno, recuerdo cuando a la protagonista le dicen “esta memoria no es tuya”...
Estás hablando de la memoria y del tiempo, y creo que hay otra dimensión que no estamos teniendo en cuenta o que no estamos valorando: el espacio. Estuve leyendo algunas de tus entrevistas y siempre sale a relucir la anécdota de tu actuación en el mausoleo de Emanuel Vigeland de Oslo, en el que pudiste comprobar la gran amplitud de su reverb natural, sobre todo en las frecuencias graves. Me preguntaba qué es lo que te interesa del espacio como herramienta sonora.
Solo tras haber tocado en bastantes espacios diferentes me he ido dando cuenta de lo importante que es el lugar en sí. Quiero decir, esto viene de mi experiencia en los directos. Escuchando mi propia música en distintos tipos de espacios he visto cómo cambia totalmente la forma en que se percibe, la forma en que el público reacciona y la sensación que tengo yo misma al tocarla. Cambia mucho mi percepción cuando los sonidos me llegan de vuelta al escenario, cuando no me llegan en absoluto o cuando, por ejemplo, solo oigo el bajo a través del suelo… Todo es increíblemente importante. Creo que la música puede sonar de forma realmente interesante incluso en un espacio en el que pienses “oh, no, este no es un buen sitio para poner algo con mucho bajo”. Ahí sigo pudiendo apreciar ciertos aspectos de cómo el bajo realmente resuena por toda la sala y se convierte en una especie de charco atmosférico. Algunos sonidos cambian la forma en que percibimos el espacio, pero el espacio también cambia la forma en que percibimos los sonidos.
A mí me parece que tiene mucho sentido que hagas la banda sonora de alguna película. ¿Es algo que has pensado o que te interesaría?
Me interesaría muchísimo. Sí. Es una de las cosas que quiero hacer y no he hecho antes. Es lo que más me gusta, hacer cosas nuevas. ∎